Editores y bibliotecarios, juntos pero no revueltos

En cada sesión del Liber ( http://www.liber.es ), Fesabid organiza un acto que pretende fomentar el diálogo entre editores y bibliotecarios. Es un pequeño pero eficaz paso para el colectivo bibliotecario, necesitado de establecer alianzas con el sector editorial, que representa el 0,7% del PIB en España y tiene una importante carga simbólica en Barcelona, donde se ubica la sede de diversas editoriales con intereses multinacionales.

Xavier Mallafré, Lluís Pator, Pedro de Andrés, Teresa Fèrriz, Gerald Leitner, Núria Altarriba y Carme Fenoll

 
Xavier Mallafré y Lluís Pastor                             Pedro de Andrés y Teresa Fèrriz

    
Núria Altarriba y Carme Fenoll                                                Gerald Leitner

La sesión “Bibliotecarios y editores: puntos de encuentro” se celebró el 5 de octubre de 2012 en el salón Liber, en Barcelona, y contó con la presencia de Carme Fenoll, Jefa del Servicio de Bibliotecas de la Generalitat de Catalunya y coordinadora del grupo de trabajo sobre Libro electrónico del Consejo de Cooperación Bibliotecaria; Núria Altarriba, Jefa del Servicio de Acceso y Obtención de Documentos de la Biblioteca de Catalunya, así como miembro del grupo de trabajo sobre Normativa legal de Bibliotecas del Consejo ya referido, y representante de Fesabid en el grupo EGIL, de Eblida; Gerald Leitner, expresidente de Eblida (2005-2012), y actual presidente del “Action Group on Eblida’s campaign for e-books”, así como presidente de la sección “Management” de la IFLA; Lluís Pastor, director general de Editorial UOC, y director de los Estudios de Ciencias de la Información y la Comunicación de la UOC; Xavier Mallafré, director general de Grup 62, y presidente del Gremi d’Editors de Catalunya; y finalmente Pedro de Andrés Romero, consejero de Alianza Editorial – Grupo Anaya, y presidente de Cedro. Moderó la mesa Teresa Fèrriz (Cobdc). Asistió al acto un centenar de personas, entre las cuales Margarita Taladriz, presidenta de Fesabid, Assumpta Bailac, gerente de Biblioteques de Barcelona, y Glòria Pérez-Salmerón, directora de la BNE. A diferencia de la anteriores, en esta edición de la Feria Internacional del Libro los bibliotecarios, como cualquier otro visitante, debían pagar 25 euros para poder asistir al encuentro.

El planteamiento fue acertado, habida cuenta de la escasez de tiempo y la variedad de ponentes. Ronda de preguntas concretas con tres minutos de respuesta de cada ponente, con la excepción de Leitner, que contó con unos minutos en exclusiva para facilitar el servicio de traducción simultánea.

Indicadores de cambios
En la primera ronda se solicitó de los participantes indicadores de los cambios que se están viviendo en las nuevas prácticas lectoras, en la transición al mundo digital. Fenoll dio datos sobre el uso creciente de las bibliotecas públicas en Cataluña: en los últimos seis años un incremento del 35%, lo cual demuestra vitalidad de un servicio a menudo cuestionado; y proyectó la necesidad de modificar los hábitos de los bibliotecarios, aumentando la relación con los actores públicos y privados de su entorno, y reforzando el rol de prescriptores literarios especializados en las bibliotecas públicas.

Altarriba citó resultados de diversos informes sobre preferencias de los usuarios en su relación con el libro electrónico, dando protagonismo a la simplicidad en el acceso y visualización; y a resultados en los sistemas de búsqueda. Se refirió asimismo al camino ya recorrido en el entorno universitario: de la propiedad del documento a la licencia de uso; y abogó por llegar a acuerdos justos entre editores y bibliotecas en materia de licencias.

Pastor recuperó la idea de Negroponte al hablar del fraccionamiento de contenidos en los documentos de aprendizaje de las universidades: del átomo al bit, o del libro al capítulo, y criticó la estrategia editorial de convertir contenidos analógicos a digitales sin tener en cuenta los nuevos hábitos de lectura, multimedia e hipertextuales: el centro es el lector, no el libro, concluyó.

Mallafré reflexionó sobre lectores digitales vs. analógicos uniendo las dos figuras en una sola, que transcurre libremente de uno a otro formato, según sean los intereses y el momento del día. Defendió el rol de la biblioteca pública en términos de políticas culturales y lo asimiló al trabajo que se realiza desde editoriales y librerías por la promoción de la lectura, con o sin ánimo de lucro.

De Andrés, por último, citó las cifras del último informe de hábitos lectores, de 2011:
http://www.mcu.es/libro/docs/MC/Observatorio/pdf/HLCLE_2011.pdf

que concluye que el 52% del total de lectores (mayores de 14 años) están ya leyendo en formato digital, y se refirió a la necesidad de dar más importancia a los contenidos que a los instrumentos de lectura, así como a la creación de licencias puntuales para centros de enseñanza, para ajustarse a la legislación vigente en materia de derechos de autor.

Cooperación bibliotecarios-editores
En la segunda ronda de intervenciones se pidió el relato de experiencias reales en el intercambio entre editores y bibliotecarios.

Fenoll se refirió al proyecto 10×10, que en Cataluña pretende acercar a ambos colectivos con el objetivo de facilitar el diálogo y la difusión de contenidos editoriales de calidad en las bibliotecas: en una primera fase 10 editoriales han realizado sesiones de presentación de novedades a miembros de colectivo bibliotecario, y muchas otras se han interesado en esta práctica de acercamiento segmentado.

Altarriba recordó que Fesabid trabaja desde 1996 con entidades de gestión de derechos de autor para difundir los aspectos legales en los servicios de información, con el objetivo de sensibilizar a autores y usuarios de bibliotecas.

Pastor se refirió a la colaboración de la Editorial UOC con El Profesional de la Información para editar obras de difusión de los aspectos emergentes del sector Documentación;
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/libros.html
y reclamó a las bibliotecas completar sus fuentes de información con el conocimiento generado en los medios de comunicación.

Mallafré habló de la necesidad de concienciar a la población sobre las descargas ilegales de contenidos, toda vez que recordó que la media de lectura (al menos un libro al año, mayores de 14 años) en España se halla en el 62%, siendo la europea del 71%.
http://www.mcu.es/principal/docs/MC/2012/Libro/Sector_del_Libro_Abril_2012.pdf

De Andrés aportó la experiencia del proyecto Dilve (Distribuidor de información del libro español en venta):
http://www.dilve.es/dilve/dilveweb/index_dilve.jsp
orientado a  la gestión y distribución de información bibliográfica y comercial del libro, y defendió la oportunidad de incorporar contenido multimedia en los libros digitales.

Oportunidades de negocio
Finalmente, Teresa Fèrriz pidió a los ponentes su opinión sobre las oportunidades de negocio para enriquecer a todos los sectores implicados en el libro.

Fenoll explicó las visitas de bibliotecarios a las sedes editoriales, en una experiencia bidireccional que pretende influenciar a las editoriales en un sentido no comercial al tiempo que les ofrece un privilegiado banco de pruebas para nuevos proyectos editoriales.

Altarriba apostó por resolver los conflictos derivados del copyright, que actualmente suponen duplicidades en el pago de cánones; así como la utilización de metadatos normalizados, que puedan ser empleados en todo el ciclo de vida de los productos editoriales.

Pastor reflexionó sobre el equilibrio necesario entre el acceso abierto al conocimiento y el pago a los esfuerzos de autores y editores.

Mallafré relató diversas experiencias relativas a la creación literaria colectiva, y anunció, junto a Carme Fenoll, que en 2013 existirá un sistema de préstamo de contenidos digitales en las bibliotecas públicas catalanas.

De Andrés apostó por el acuerdo de todos los sectores en la futura nueva ley de propiedad intelectual, a fin de resolver los inconvenientes técnicos y legales del sector.

Bibliotecas en inferioridad de condiciones
Gerald Leitner
reflexionó brevemente sobre la búsqueda de soluciones ante el cambio digital, mostrando su inquietud por el hecho que el marco legal de propiedad intelectual –que se decide en la Unión Europea, y no en sus países miembros– da todo el poder a las editoriales, aunque de hecho afecta notablemente a las bibliotecas. Abogó por el reequilibrio de fuerzas para evitar las alarmantes experiencias estadounidenses, donde los grandes grupos editoriales se han negado a conceder licencias para préstamo a las bibliotecas públicas y universitarias.

Conclusión
En síntesis, la sesión permitió a ponentes y asistentes conocer de primera mano (reafirmar, en la mayoría de los casos) las inquietudes mutuas, contribuyendo así al imprescindible diálogo entre bibliotecarios y editores. Fue una sesión civilizada, un tanto dispersa, que puede servir para reforzar los puentes ya existentes, toda vez que difícilmente cambiará el actual status quo. De alguna manera fue como asistir a la presentación de todos los ingredientes que conforman una prometedora receta culinaria, sin observar a continuación la mezcla y cocción de los mismos.

Juntos, pero no revueltos. Ciertamente, poco más se puede pedir en 45 minutos de mesa redonda. A destacar la percepción de complicidad entre el presidente del gremio catalán de editores, Xavier Mallafré, y la responsable de bibliotecas públicas, Carme Fenoll. Se notó en sus intervenciones el trasfondo de un trabajo permanente para acercar a dos colectivos que pretenden, al fin y al cabo, fomentar la práctica lectora y mejorar los hábitos lectores de los ciudadanos.

Ciro Llueca, Universitat de Barcelona

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