El profesional de la información


Octubre 1999

Medir el conocimiento es medir al “conocedor”

Working knowledgeEl conocimiento y su gestión inteligente es el activo más crucial para el futuro de las organizaciones. Como dicen Thomas H. Davenport y Laurence Prusak en su libro Working Knowledge, aunque las organizaciones siempre han tenido, utilizado y explotado conocimientos para llevar a cabo sus objetivos, parece que de pronto se han dado cuenta de que es preciso definir maneras de gestionar ese activo intangible.

Si queremos desarrollar una “teoría del valor del conocimiento”, y en el plano más práctico valorar el activo “conocimiento” en las empresas, es preciso que encontremos maneras de medirlo. Generalmente algo que no se puede medir no es estudiable científicamente; una teoría “seria” del conocimiento en las organizaciones debe partir de mecanismos para su medición.

Valor de uso vs. valor de cambio de la información

Rashi Glazer, profesor de la Universidad de Berkeley (California), presenta las diferencias que separan al “bien” información de otros tipos de bienes. Recuerda que toda teoría del valor distingue entre “valor de uso” y “valor de cambio”, y utiliza el ejemplo tradicional: “agua versus diamantes”. Mientras el agua tiene un alto valor de uso -es fundamental para la vida de los humanos- pero un bajo valor de cambio -es barata en comparación con lo mucho que le debemos para nuestra supervivencia-, los diamantes tienen un bajo valor de uso -podemos vivir sin ellos-, mientras que su valor de cambio es enorme -son caros porque son escasos, pero también porque hemos convenido históricamente en considerarlos como tales-.

Cuando se aplica esta “dualidad” uso/cambio se llega a una situación curiosa, porque a diferencia de la mayoría de bienes tangibles, “la información tiene valor económico (valor de cambio) sólo cuando es usada”. Si no tiene quien la use no tiene valor porque éste se lo da siempre el usuario. En cambio, si es “esperada” por alguien tiene un alto valor, al menos para esa persona que la va a utilizar. Cuando una empresa contrata los servicios de un consultor, ¿está pagando un precio por la información o por la “presunción de información” derivada del prestigio acumulado por este profesional?

Una información no tiene un valor “per se”

La idea de “valor de cambio” ligada al concepto de valor intrínseco -una manzana tiene un valor especificable, determinable en ciertas condiciones de oferta y demanda- no tiene sentido cuando se intenta aplicar a la información o al conocimiento como “bienes”. La situación con la información es más sorprendente cuando se compara con bienes tangibles cuyo valor económico depende de que todavía no se haya usado; un coche pierde inmediatamente valor instantes después de que alguien lo ha comprado.

Conclusión

Si el valor de la información es básicamente “valor de uso”, la única forma de valorarla es a través de la percepción de quien la usa; medirla se traduce en una cuestión de medir al usuario: “medir el conocimiento es, en el fondo, un problema de medir el significado de la información para quien finalmente la procesa”. Por tanto, una teoría del valor del conocimiento ha de beber de disciplinas muy diversas (psicología, sociología, etc.) y debe enfrentarse al problema de cómo medir algo sin extraer de ese proceso al propio observador. Medir el conocimiento pasa por medir cómo la gente percibe lo que es “informante” y lo discrimina de lo que es “no-informante”.

R. Glazer termina por presentar la base del programa InfoValue orientado a determinar el valor de la información disponible en una organización a través de la valoración de sus propios directivos.

En fin, sólo hemos empezado a imaginar algunos de los problemas que nos plantearemos en el largo y difícil camino hacia una teoría del valor del conocimiento.

Davenport, Thomas H.; Prusak, Laurence . Working knowledge: how organizations manage what they know. [s. l.]: Harvard Business School, 1997. 224 pp.

Glazer, Rashi. “Measuring the knower: Towards a theory of knowledge equity”. En: California Management Review, 1998, v. 40, n. 3, pp. 175-194.

Alfons Cornella.

Enlace del artículo:
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