El profesional de la información


Octubre 1999

Internet, ¿que hemos aprendido hasta ahora?

Estamos en un momento de reflexión. Algo no funciona con internet, y las expectativas no se cumplen. Quizá todavía no hemos ni empezado a explotarlo realmente.

1. La conectividad, factor crítico

La etapa de fascinación por las posibilidades de la Red es ya de otra era. Los primeros internautas estaban dispuestos a aguantar la lentitud de la conexión con una comprensión más allá de lo racional, hasta el punto de que los proveedores de servicios y los operadores de telecomunicaciones deberían estarles especialmente agradecidos. Los pioneros de internet han tenido que aguantar mucho. Pero eso ya se ha terminado: el usuario exigirá desde ahora más calidad a un precio asequible y razonable. Si la conexión no funciona y los pantallazos no bajan reclamará al proveedor u operador correspondiente un servicio mejor, e incluso podrá acudir a una oficina del consumidor para presentar una protesta o denuncia.

2. Excesiva orientación al producto

Durante los últimos años en España ha habido una explosión sorprendente de productos y servicios en la Red. Si nos quejábamos de no tener emprendedores, la cantidad y calidad de los productos generados por miles de ellos en el país nos obliga a reconsiderar nuestras ideas. Han aparecido webs para todo, sin embargo muchos han adolecido de una excesiva orientación al producto. Está claro “qué” se ofrece pero no “a quién”, ni cómo se conseguirá recuperar la inversión. Muchas de las iniciativas digitales no cuentan con un mínimo plan de empresa: no queda claro si el público objetivo se ha identificado, si los recursos necesarios han sido diseñados adecuadamente, o si existe un modelo de negocio y previsión acerca de dónde provendrán los ingresos.

«Si la conexión no funciona y los pantallazos no bajan el usuario reclamará al proveedor u operador correspondiente un servicio mejor»

DellOtros responden a un impulso del tipo “hagamos un web que ofrezca...” pero no han pensado en las posibilidades reales de crear una compañía “de verdad”. Algunas iniciativas se han convertido en un coste sin posibilidad de generar ingresos, y hay que reconocer que para mantenerse, muchos infoprendedores se han dedicado a diseñar páginas para terceros. Se da una curiosa situación: el servicio central de la empresa cuesta dinero, y éste hay que conseguirlo mediante otras actividades complementarias, que de esta forma mantienen el control.

3. Somos un mercado demasiado pequeño

¿Qué se puede esperar de un mercado como el nuestro de sólo 2 millones de internautas con una oferta de productos y servicios tan amplia? Los norteamericanos que utilizan la Red son casi 80 millones de personas, el doble de la población de España.

«Algunas iniciativas se han convertido en un coste sin posibilidad de generar ingresos, y hay que reconocer que para mantenerse, muchos infoprendedores se han dedicado a diseñar páginas para terceros»

4. ¿Cooperar o competir? ¡“Coopetir”!

En algunos campos existen más iniciativas de las que el país puede digerir. ¿Cuántas dirigidas, por ejemplo, a los escolares caben en España? En el “mundo real” hay espacio para mucha competencia en el sector de publicaciones escolares, pero estaremos de acuerdo en que el tiempo (variable realmente crítica en la Red) que los escolares dedican a los libros es muy superior del que pueden destinar al web. Muy pocas escuelas utilizan el horario de clase para navegar por internet (porque tal y como están los contenidos, una sesión es exactamente eso: una “navegación” desorientada sin un resultado de utilidad clara). Es decir, la limitación de tiempo disponible de los estudiantes hace que los servicios sean comparativamente más en internet que en el mundo real, y ello exige una mayor cooperación entre las distintas ofertas.

5. La bolsa española ajena a internet

Las empresas que ponemos como ejemplo de éxito en internet (Yahoo!, Amazon, eBay, etc.) no existirían sin el dinero fresco que les ha suministrado la bolsa norteamericana. Sus acciones están desproporcionadamente valoradas, pero lo importante es que su salida al mercado bursátil les ha brindado ingresos con los que financiar sus arriesgadas inversiones. La situación en España es distinta. No hay ninguna compañía de existencia exclusiva en la Red que cotice en el mercado de valores. Otra cosa son las empresas “reales” que han llevado a cabo alguna iniciativa digital, pero su valoración no ha cambiado por el hecho de tener una mejor o peor estrategia en internet. En otras palabras, para la bolsa española el web no existe. Continuamos invirtiendo en activos seguros, la mayoría basados en empresas financieras o industriales.

6. Modelos de costes más que de ingresos

Hemos llegado a un punto en que se nota la división de las iniciativas digitales del país en dos grandes grupos:

  • Los infoemprendedores, aquellos que lanzan su producto sin ningún o poco soporte empresarial, y que han aportado la mayor parte de la creatividad e imaginación de la Red.
  • Las empresas digitales, normalmente ligadas a bancos o a grupos de comunicación, que parten de planteamientos más profesionales, y hacen uso de su capacidad financiera.

«En España no hay ninguna compañía de existencia exclusiva en la Red que cotice en el mercado de valores»

Lo lamentable es la poca conexión que hay entre ambos polos. Muchas iniciativas de emprendedores con dificultades de supervivencia en la Red podrían haberse convertido en la solución al problema de búsqueda de contenidos que han tenido algunas de esas “empresas digitales”. Sin embargo, han preferido partir de cero y no ha existido una mínima sinergía entre el mundo de las ideas y el del dinero.

7. Más webs que publicidad disponible

DellMuchas iniciativas en España intentan agarrarse a la posibilidad de la publicidad para obtener ingresos. Aquí empieza el conflicto, porque hay más páginas que publicidad disponible. Por un lado, pocas empresas tienen un presupuesto definido en internet para ella. Por otro, los intermediarios que gestionan el presupuesto de los anunciantes cobran unas cantidades excesivas que tampoco son un estímulo, y resulta que ni siquiera están claros los números.

«Hoy en día quizá los chats son el producto de más éxito entre los internautas españoles»

8. Cuestión de confianza, no de tecnología

Existe una obsesión por el tema de la seguridad en las transacciones digitales que hace que el discurso típico en este campo sea fundamentalmente tecnológico, cuando debería ser sociológico. Bancos, emisores de tarjetas, comercios, administración, etc., tendrían que hacer un esfuerzo para dar a conocer los niveles de seguridad de las transacciones en la Red, superiores por lo general a las del mundo real que nadie cuestiona. El problema es de confianza, por lo que es preciso diseñar campañas que despejen el miedo a llevar adelante este tipo de operaciones.

9. Mucho diseño, poca utilidad

Con excesiva frecuencia vemos webs con diseños avanzados pero que no aportan contenidos de utilidad. La calidad se ha obviado enmascarándola en una apariencia muy atractiva. Si nos preguntaran cuántos webs se nos han convertido en imprescindibles, la respuesta sería en muchas ocasiones que podríamos seguir viviendo perfectamente sin internet. No hay prácticamente ninguno a nivel nacional que vaya más allá de “está bien tenerlo” para convertirse en “no puedo vivir sin él”. Justamente se trata de generar contenidos que ayuden a trabajar de otras maneras, a hacer negocio. Porque si en la Red sólo encontramos información puramente anecdótica nuestro interés decrecerá.

10. Demasiada información, pocas ideas

Hay pocas ideas, opiniones razonadas, juicios fundamentados y análisis crítico en nuestros webs. Una gran parte aporta información sobre el fenómeno internet, en una especie de endogamia que acaba por cansar. Paradójicamente es difícil encontrar datos profesionales orientados a la mejora de los negocios y que tengan mayor alcance que la pura noticia que hallamos en los periódicos generales y económicos. La misma pobreza que encontramos en las publicaciones en papel se ha extendido al web. Esto no se improvisa de la noche a la mañana sino que requiere ideas, visión, recursos y mucho dinero.

Entonces, ¿qué funciona?

No es la intención hacer una disección completa de lo que funciona en internet y lo que no. Según la experiencia de los últimos dos años tiene buena acogida:

  • Venta de productos relacionados con la construcción de internet, procedentes de marcas de referencia conocidas en el sector, tal y como ocurre con los routers de Cisco.
  • Comercio “negocio-a-negocio” en empresas que ya tenían vínculos digitales, y especialmente en las que usar el web como ayuda para la navegación por un número importante de referencias es crítico, algo que resulta tan útil que no hay vuelta atrás posible (por ejemplo: los millones de componentes de los aviones Boeing).
  • Venta de productos de empresas que ya tenían una potente cultura de venta a distancia, como la compañía Dell.
  • Venta minorista de ciertos bienes tangibles, especialmente en aquellos casos en los que buscar entre miles de productos, en la “estantería virtual infinita”, es muy ineficiente o incluso imposible si no es vía web. Amazon es un buen ejemplo de ello.
  • Sistemas que facilitan el contacto entre personas. Hoy en día quizá los chats son el producto con más aceptación entre los internautas españoles, y mañana la videoconferencia, algo que debería tener un éxito seguro.

Pero lo que tiene más salida en internet es aquello que no existe en la vida real. Walid Mougayar dijo que para tener éxito en la Red no se debe pensar en lo que los clientes pueden hacer online, sino en lo que sólo es posible online.

 

Alfons Cornella.

Enlace del artículo:
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