El profesional de la información


Octubre 1999

Cultura informacional es civismo informacional

El estudio literacy skills for the knowledge society elaborado por la Ocde, a partir de los datos del International Adult Literacy Survey, incluye una encuesta sobre las habilidades informacionales de los ciudadanos de 7 países (España no está entre ellos).

La cultura informacional (literacy skills) es “la habilidad de comprender y utilizar información impresa en las actividades diarias (hogar, trabajo y actos sociales) con la finalidad de cumplir nuestros objetivos, desarrollar el conocimiento y el potencial de uno mismo”.

Los encuestados tenían que pasar unas pruebas de “rendimiento informacional” (literacy performance) para encontrar, discernir o interpretar información de un material que se les presentaba, como p. ej. el folleto de un medicamento, el mapa de una ciudad, un gráfico con datos económicos, etc.

Tipos de “rendimiento informacional”

  1. Comprensión de prosa (prose literacy ): entender un texto.
  2. Comprensión de documento (document literacy ): encontrar información en él.
  3. Comprensión cuantitativa (quantitative literacy): aplicaciones básicas de matemáticas.

En cada una de estas categorías se definieron 5 niveles de rendimiento por lo que cada encuestado podía determinar en qué nivel se hallaba de los tres.

El estudio está repleto de datos y permite hacerse una idea de las diferencias entre países, en cuanto a cultura informacional.

Entre el 25 y el 50% de la población de esos países no llega al umbral de cultura informacional (literacy skills ) mínimo para poder responder a las exigencias de la sociedad moderna. El país con mejor nivel promedio es Suecia.

Revela que hay una relación directa entre los años de escolarización (educational attaintment) y el “rendimiento informacional” (literacy performance). A más “educación” hay mayor “cultura” informacional. Pero hay diferencias notables entre los ciudadanos de distintos países que con la misma educación presentan distintos niveles de “rendimiento informacional”.

Los gráficos muestran que los niveles promedio conseguidos por las personas más “educadas” de los distintos países son muy parecidos entre sí, mientras que no lo son los de las personas con menos años de educación. La principal diferencia, en cuanto a cultura informacional, entre los países radica en el “rendimiento informacional” de los ciudadanos con menor escolarización. En Suecia las clases con menos educación básica presentan niveles de rendimiento informacional muy próximos a los que consiguen las clases con más años de educación de otros países, como Polonia. En la existencia de una base de ciudadanos bien educados puede residir la clave del éxito de un país en esta era de la información. Por ello, el desarrollo de políticas para la formación de esta masa de ciudadanos es fundamental.

La relación directa entre años de escolarización y “rendimiento informacional” no impide que ciudadanos con pocos años de escolarización consigan en algunos países altos niveles de “rendimiento informacional”. Es el caso de Suecia, Alemania o los Países Bajos. Ello puede ser indicativo de la importancia que tienen los esquemas de formación continuada para adultos. O sea, la educación conduce a mayor cultura informacional, pero no es la única ruta posible.

Como promedio en todos los países los jóvenes muestran mayores niveles de “rendimiento informacional” que sus padres, lo cual resulta lógico puesto que han experimentado un número superior de años de escolarización. Pero la escuela no lo es todo. La influencia familiar también resulta clara en la encuesta. Jóvenes con el mismo itinerario educativo presentan distintos niveles de “rendimiento informacional” según sea el nivel socioeconómico de los padres.

¿Por qué resulta tan
importante el “rendimiento informacional”?

En todos los países hay una relación directa entre nivel educativo conseguido y nivel salarial en el trabajo. A más educación más salario. Esto puede ser debido a que:

  1. Una mayor educación otorga la cualificación para acceder a determinados puestos con mejor retribución (así el título restringe la entrada de candidatos).
  2. Una mayor educación permite presuponer un nivel superior de conocimientos y de habilidades, cosa que la experiencia nos dice que no es exactamente cierta.

En el mismo orden individual pero con implicaciones sociales, el estudio muestra que personas con mayor nivel de “rendimiento informacional” presentan menor incidencia de desempleo. A más cultura informacional menos posibilidades de paro, y por tanto aumenta la capacidad para adaptarse, aprender y responder a los retos de cambio en el trabajo. A menor cultura informacional, menor capacidad de aprendizaje y adaptación. En los jóvenes, a menor educación más desempleo.

El aprendizaje de por vida (lifelong learning)

El estudio hace hincapié en la importancia de las inversiones de la compañía en la educación y formación de su personal. El éxito del esfuerzo que hace un empleado por aprender cosas nuevas no depende sólo de su nivel de estímulo, sino también de lo exigente que sea su puesto de trabajo. En otras palabras, si no se le exige desarrollar sus habilidades, ¿qué estímulo tiene para aumentarlas? si se espera de él que actúe como un robot sin ideas, ¿de qué sirve educarle?

Otro problema es que son justamente las personas con mayor nivel educativo (profesionales, técnicos y directivos) las que están más dispuestas a participar en esquemas formativos, cuando quien más lo necesitaría son los que tienen un nivel inferior.

Relación entre educación y rendimiento informacional

Hay importantes diferencias entre países en cuanto al nivel de cultura informacional de sus ciudadanos, lo cual marcará la distinta suerte que van a tener en la aventura de la sociedad de la información.

Países con una población más culta informacionalmente tendrán más posibilidades de éxito, lo que significa que podrán ofrecerles un nivel de vida adecuado. Lo mismo se aplica a las empresas: tendrán que asegurarse de que sus empleados quieren aprender -y hacerlo posible- que sepan buscar, manejar y explotar ideas para generar nuevos productos y servicios.

Para conseguirlo hay que entender que aprender es cosa de todos (“literacy is everyone’s concern”). Quizá habrá que pasar de un enfoque en el “analfabetismo” informacional (enfoque por pasiva) a uno en el “alfabetismo” (por activa).

Conclusiones

Puede parecer que se trata de lo mismo, pero detrás hay una cuestión de fondo: de “combatir” un mal (analfabetismo) a promover un bien (alfabetismo). Porque una de las conclusiones del estudio es que, aunque es cierto que se puede definir políticas para aumentar la cultura informacional de los ciudadanos, es más importante desarrollar una cultura social del aprendizaje. De ello se pretende que la gente entienda que aprender permanentemente es fundamental, tanto para la mejora o mantenimiento del estatus social de cada uno, como para asegurar las óptimas condiciones de bienestar en la sociedad. El “gasto” educativo debe verse como “inversión” educativa, tanto en el ámbito personal, organizacional, como nacional.

Es como si fuera necesario un nuevo tipo de civismo informacional: todos comprometidos en generar mejor información, facilitar su localización, enseñar a entenderla, ser exigentes en cuanto a su calidad, etc. La sociedad comprometida con el conocimiento, y éste como valor social.

Todos tenemos una responsabilidad. Si queremos que nuestra ciudad esté limpia no hay que esperar a que pasen los barrenderos: hemos de empezar por recoger los papeles con que nos tropezamos. De la misma forma que la limpieza es cosa de todos, el respeto por el conocimiento como valor personal y económico también lo será muy pronto.

 

Literacy skills for the knowledge society: further results from the international adult literacy survey. París: Ocde, 1997. 195 pp.

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Alfons Cornella.

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