El profesional de la información


Octubre 1999

Acceso a internet desde las bibliotecas

No es éste un debate nuevo en IweTel, pero aunque parece que costó arrancar las opiniones a los participantes, evidentemente sigue habiendo posturas divergentes en el tema, que finalmente se desató cuando Guillermo Sánchez Martínez exponía sorprendido:

“Hace unos días envié un mensaje cuestionando si debe entenderse el facilitar el acceso gratuito a internet para los usuarios como un servicio de biblioteca que las bibliotecas debemos prestar y no ha habido ninguna opinión al respecto. Y no sé cómo entenderlo. ¿A nadie le interesa el asunto? ¿Debe suponerse que sí debemos hacerlo? ¿Es mejor no menearlo? ¿Es, por ejemplo, más importante, razonable, coherente, interesante, práctico, estratégico, bibliotecario, documental, prestar ese servicio que el de préstamo interbibliotecario, poniendo los propios fondos a disposición de las demás bibliotecas y facilitando a los usuarios acceder a los de las otras?”.

bupna ARROBA unavarra.es

 

Francisco LópezEl primero en animarse a la discusión fue Francisco López Hernández: “nadie duda que internet es un instrumento de trabajo, pero también una fuente de diversión, y una cosa es ofrecer a los miembros de la comunidad universitaria la posibilidad de acceder a fuentes de información cuyo soporte es internet, y otra muy distinta el uso para jugar o lo que sea. De la misma forma, la sala de vídeo no está para ver películas de Walt Disney (¡ojo!: aquí no se estudia cine), sino vídeos sobre turbomáquinas o la síntesis del amoníaco, por muy aburridos que parezcan.

Internet deberá estar para acceder a la información necesaria para cumplir los objetivos que se nos marcan (apoyo a la docencia e investigación), no para seguir la liga en directo o encontrar señoritas o caballeros con escaso atuendo.

«Nadie duda que internet es un instrumento de trabajo pero también una fuente de diversión» (Francisco López Hernández)

El problema es cómo controlar esto. Nosotros disponemos de bastantes ordenadores, y es inviable ponernos a vigilar si lo que se busca es información o simple diversión. Lo único que se ha logrado es conseguir que sólo los miembros de la comunidad universitaria puedan hacer uso del servicio. Saber si realmente hacen un buen uso de este medio es mucho más difícil.

En resumen: internet sí, pero sólo para buscar información. Quien quiera diversión, que pague. ¡Ojo! Hablo desde una biblioteca universitaria”.

pacol ARROBA db.uc3m.es

“Acceso a internet, por supuesto”, opina Marisol Vicente. “En efecto, una vez más, creo que Paco ha expresado algo muy importante y que, a veces, por obvio, olvidamos: ‘internet deberá estar para acceder a la información necesaria para cumplir los objetivos que se nos marcan (apoyo a la docencia e investigación)’. El problema, el nuestro como bibliotecarios, es analizar las necesidades de nuestros usuarios y dar este servicio de acuerdo con ellas”.

msv ARROBA correo.crc.ucm.es

De nuevo interviene Francisco López Hernández : “desde luego, no se trata de que la biblioteca sea un lugar oscuro, gris y aburrido, ni que los bibliotecarios sean reencarnaciones de la ‘señorita Rotenmeyer’ de nuestra niñez. Tampoco se trata de hurtar a nadie la posibilidad de acceder a cualquier tipo de información. Y, por supuesto, si a la vez que se estudia o se investiga, nos divertimos, mejor que mejor. El problema está en que un ordenador puede servir tanto para acceder a internet como para redactar en un procesador de textos, consultar una base de datos en cd-rom o para trabajar con programas de estadística. Ése es nuestro caso. Los ordenadores de la biblioteca sirven para todas estas cosas. Cuando abrimos, se corrió el rumor por Leganés y empezaron a acudir a la biblioteca ‘cyberpunks’ de catorce años a la búsqueda de emociones de ‘internauta’. ¿Cómo se compatibiliza esto con la necesidad que tienen nuestros alumnos y profesores de utilizar los ordenadores para otros fines? Ya que los recursos son limitados, supongo que alguna prioridad habrá que hacer. Deberá prevalecer el uso académico sobre el uso lúdico. Sabiendo además que es inútil pretender controlarlo.

En definitiva, que se use, pero intentando adecuar esa utilización. A mí me gustan más Mortadelo y Filemón que los ladrillos de álgebra, pero quizá sea más adecuado adquirir los segundos en mi biblioteca. Si luego hay para lo otro, pues adelante”.

pacol ARROBA db.uc3m.es

«Afortunadamente las bibliotecas han sido uno de los elementos que han puesto el conocimiento y la información en Occidente al alcance de cualquier grupo de personas, no sólo de aquellas que tienen los medios económicos para su disfrute» (José Antonio Magán Wals)

A continuación José Antonio Magán Wals expone: “creía entender que las bibliotecas eran centros para acceder a la información (o al menos así nos vanagloriamos anunciándolo los bibliotecarios), y que ésta servía entre otras cosas para divertirse. He de reconocer que para algunos la diversión supone cierta aversión, pero en mi caso una buena parte las cosas que he aprendido o me han servido profesionalmente las he aprehendido gracias a su capacidad de entretenerme y, por qué no decirlo, de divertirme.

Espero que lo anterior refleje mi punto de vista respecto al tema de facilitar o no el acceso a internet desde las bibliotecas. Afortunadamente, las bibliotecas han sido uno de los elementos que han puesto el conocimiento y la información en occidente al alcance de cualquier grupo de personas, no sólo de aquellas que tienen los medios económicos para su disfrute. Es responsabilidad de los bibliotecarios y, cómo no, de los gestores, organizar los recursos para que ello siga siendo así.

Con un 40% de las adquisiciones librarias nunca empleadas en bibliotecas universitarias, o la mayor parte de nuestros puestos de lectura utilizados para el estudio y no la lectura, parece excesivo preocuparse de forma alarmista por el uso indebido que puede hacerse de una herramienta de acceso a la información indispensable para quien pueda pagársela (curiosamente en estos casos no se habla de gusto por el ‘chateo’ o el ‘hackerío’ sino de ‘profesionalidad’ y ‘estar al día tecnológicamente’)”.

magan ARROBA buc.ucm.es

 

Joaquin Selgas Gutierrez“Creo que Paco pone otra vez el dedo en la llaga”, dice Joaquín Selgas Gutiérrez. “Probablemente haya que diferenciar el tipo de biblioteca del que estamos hablando en relación con al acceso libre a internet. Puede que en una biblioteca universitaria no resulte adecuado facilitar un acceso para cualquier tipo de consulta; aunque en algunas de ellas sí hay colecciones de periódicos y revistas de información general, cuya utilización responde casi siempre a una función de entretenimiento y cultura general, más que a una necesidad concreta de información relacionada con las tareas de la universidad. Incluso creo recordar haber leído en algún sitio acerca de la función de tipo ‘general’ (con fines culturales y educativos, más allá de los estudios propios de cada centro) que deberían tener las colecciones de una biblioteca universitaria.

«El caso puede ser diferente en una biblioteca pública, en la que las funciones recreativa y cultural son tan importantes como la educativa e investigadora» (Joaquín Selgas Gutiérrez)

El caso puede ser diferente en una biblioteca pública, en la que las funciones recreativa y cultural son tan importantes como la educativa e investigadora. En el fondo estas diferentes funciones no son más que aspectos distintos, diversas utilizaciones, de la información registrada en cualquier tipo de soporte. Y en la biblioteca pública se debe, creo que por definición, favorecer el desarrollo de todas esas funciones o usos de la información.

En la pública la gente sí va a ver un vídeo, tanto de ficción como de no-ficción, a leer un periódico o una revista, a escuchar música, todo ello sin tener una finalidad educativa concreta. Por tanto, los recursos de internet deberían poder ofrecerse del mismo modo que los materiales más tradicionales.

Otra cosa serán las posibilidades concretas de cada biblioteca para poder ofrecer este servicio, pero ésta es una cuestión de distribución de recursos que las bibliotecas se están planteando constantemente (compro la bibliografía en papel o en cd-rom; compro las revistas o pago los artículos a los suministradores comerciales o por préstamo interbibliotecario; compro la revista de cotilleos o la de la asociación cultural del barrio).

Los medios necesarios para ofrecer el servicio de acceso a internet probablemente no sean muy baratos, pero tampoco lo eran hace años los que se compraban para automatizar el catálogo: pero si se decide que un centro debe ofrecer o mejorar un servicio habrá que intentar allegar los recursos necesarios, aunque eso pueda suponer detraerlos de otra partida, porque la ‘bolsa’ no suele crecer.

«El hecho de ofrecer este servicio no nos convierte en cibercafés, del mismo modo que tampoco somos librerías» (Ana Carrillo Pozas)

Los recursos disponibles en internet parecen (a pesar de toda la basura que pueda haber, de la cuestionable utilización que se pueda hacer de ella) lo suficientemente importantes como para intentar desde la biblioteca pública favorecer un acceso libre e igualitario a todos los ciudadanos. Si estamos en la ‘sociedad de la información’, los ciudadanos, independientemente de sus propósitos, capacidad económica y circunstancias socio-culturales, deben poder ejercer como miembros de la misma”.

srlab ARROBA jccm.es

En el mismo sentido se expresa Ana Carrillo Pozas cuando dice: “sinceramente, siguen sin convencerme los argumentos de los que dicen no a internet como servicio de acceso público y gratuito en las bibliotecas. Lo único que he oído de ellos son cosas como:

  • nos convertiría en cibercafés
  • es una fuente de diversión
  • cómo controlar el acceso a pornografía o violencia, etc.

Frente a esto, me parecen mucho más convincentes y razonadas las posturas del sí, sobre todo porque todas se centran en un elemento fundamental: la información, el garantizar su acceso de forma libre y democrática, sin restricciones ni censuras. Somos fundamentalmente centros de información, y los soportes sólo deben importarnos en las cuestiones técnicas: conservación, preservación, tratamiento, etc.

El hecho de ofrecer este servicio no nos convierte en cibercafés, del mismo modo que tampoco somos librerías, y la razón está en que no sólo tenemos libros, revistas u ordenadores: contamos con personal que asesora, guía, forma, es un filtro ante la marea informativa...

No se trata de cegarnos por la tecnología, de seguir modas ni nada por el estilo. Tampoco de poner ordenadores sin más y a ver qué pasa. El instalar un servicio de acceso público a internet supone algo más que comprar unos ordenadores y engancharse. Creo que es necesario establecer unas normas de uso que regulen el funcionamiento del servicio (tiempo máximo permitido de conexión por usuario... No me refiero a censuras ni nada por el estilo sino a facilitar que pueda ser utilizada por el mayor número de gente) y paralelamente establecer unos programas de formación donde se enseñe no sólo cómo se usa sino cómo obtener información, etc.

«Si el ‘alma mater’ de una biblioteca está en sus contenidos o la capacidad de acceder a ellos, es incuestionable el servicio de acceso a internet libre y gratuito para sus usuarios (cuando sea posible)» (Isidro F. Aguillo)

Isidro F. AguilloFinalmente, me gustaría apuntar que el objetivo de nuestros servicios son los usuarios. Con esto quiero decir que ellos van marcando la evolución de las bibliotecas. En la biblioteca donde estoy los usuarios solicitaban este servicio (que hemos instalado recientemente) ¿Por qué lo pedían aquí, en la Biblioteca Municipal y no en la casa de la juventud o en la casa de cultura? Creo que son perfectamente conscientes de la función que tiene una biblioteca. Me imagino que hace bastante tiempo también demandarían revistas, después cd-rom, música, vídeos...”.

acp7242 ARROBA comadrid.es

Isidro F. Aguillo resume su postura positiva y ofrece una solución al problema de cómo controlar el acceso de los usuarios a internet: “a la luz de los recientes mensajes acerca de las bibliotecas, permitidme unas reflexiones ‘totum revolutum’.

 

Ante todo felicitar a todos los profesionales que han hecho posible que las bibliotecas de hoy en día tengan poco que ver con las que conocí y padecí en mi infancia (públicas), adolescencia (escolares) y juventud (universitarias y especializadas).

Ello no quiere decir que no haya mucho por hacer, a lo que podemos y debemos colaborar todos. Animo a los que están en el tajo, y aquí van mis sugerencias:

  • Si el ‘alma mater’ de una biblioteca son sus contenidos o la capacidad de acceder a ellos, es incuestionable el servicio de acceso a internet libre y gratuito para sus usuarios (cuando sea posible). Y es sencillamente inaceptable cualquier control sobre el uso de dichos ordenadores salvo para evitar su desconfiguración o manipulación inadecuada. Y eso sencillamente porque dificultaría el acceso a otros usuarios.
  • En otras ocasiones lo hemos discutido, y la mejor opción es controlar los tiempos de uso, concediendo períodos de acceso limitados según la carga de usuarios y las necesidades del servicio. En ‘tu’ media hora puedes hacer lo que quieras. Así de simple”.

isidro ARROBA cindoc.csic.es

“Me parece de locos”, se sorprende Pedro Antonio Jiménez Martínez “que estemos planteándonos si internet deber ser un servicio libre y gratuito en las bibliotecas. Sí, sí y sí.

David Rodriguez MateosQue se enteren que las bibliotecas del siglo XIX murieron y, si me aprietan, las de la década de los ochenta.

En todas partes leemos (y creo que estamos convencidos de ello) que las bibliotecas (y más las públicas) han de reflejar el mundo que nos rodea y dar acceso a él. Y cuando el gobierno está planteándose desgravar por la compra de ordenadores, los bibliotecarios estamos con ¿internet sí, internet no? ¡Venga, hombre!

«Cegados por la tecnología, que muchas veces no comprendemos, se ha planteado el tema así: primero, ponemos los ordenadores, y luego, veremos para qué sirven» (David Rodríguez Mateos)

De lo que tenemos que hablar es de qué servicios se están ofreciendo ya, y de cómo se han organizado, ventajas, inconvenientes, espacios que se necesitan, resultados, etc.”.

pajimenez ARROBA serconet.com

 

David Rodríguez Mateos reflexiona en torno a las dos posturas: “ahora en serio: yo pienso que sí. Al fin y al cabo, a mí me parece que una biblioteca es un lugar donde se (debe poder) accede(r) a todo tipo de información (en diversos soportes, algo que a estas alturas pocos cuestionan). E internet es un medio más.

Otra cosa es en qué medida. Por supuesto que una biblioteca no es un cibercafé, pero, al menos, mientras para navegar a través de internet (en realidad, a través de web, aunque éste sea otro asunto) haya que tener un cierto estatus económico, creo que las bibliotecas deben ejercer de accesos a esas fuentes.

 

Eso plantea muchísimos interrogantes, lo sé. ¿Qué supondrá, económicamente, para cada biblioteca? Porque, según lo apuntado por Guillermo, implantar conexiones a internet supondría detraer fondos de una biblioteca dedicados a otros menesteres (el préstamo interbibliotecario, por ejemplo, por lo que se apunta...).

La pregunta que me planteo es: el debate es, pues, en realidad funcional, ¿deben las bibliotecas dar acceso a internet?, o económico, si no se aumentan los fondos de una biblioteca, ¿deben sacarse fondos de otras partidas para dedicarlas a accesos a través de internet?

Y creo que eso supondría otra pregunta: ¿qué podría aportar a una biblioteca, y a sus usuarios, una conexión a internet? Hasta ahora, muchos bibliotecarios y muchos usuarios ven internet como una herramienta con la que enviarse correos insustanciales, chatear y otras actividades de este tipo.

En otras palabras: cegados por la tecnología, que muchas veces no comprendemos, se ha planteado el tema así: primero, ponemos los ordenadores, y luego, veremos para qué sirven. ¿Por qué no empezamos a hacernos las preguntas en orden inverso? Tal vez descubramos que las conexiones a internet, y los usos que se puedan hacer de ellas, supongan que la biblioteca pueda mejorar su trabajo, y de ahí, en cascada, todo lo que queráis.

Supongo. Pero, como no soy bibliotecario, me gustaría que alguien que sí lo fuera me dijera si coincide en algo conmigo o estoy hablando de jauja”.

pirio ARROBA bib.uc3m.es

Lluïsa NúñezLa última intervención de este debate correspondió a Lluïsa Núñez: “por supuesto que interesa este tema”, expone, “y no sólo interesa sino que, al menos en nuestra biblioteca, implica una inversión importante en ordenadores, tiempo de atención, control, etc.

«Que se enteren que las bibliotecas del siglo XIX murieron y, si me aprietan, las de la década de los ochenta» (Pedro Antonio Jiménez Martínez)

No creo que sea más importante ni más bibliotecario que ofrecer préstamo interbibliotecario (espero que no haya que elegir). Pero creemos que si una parte de la biblioteca (pequeña pero creciente) es ya electrónica, esos documentos tienen que ser accesibles desde los ordenadores de la biblioteca (como mínimo). Algunos de esos documentos son páginas web donde los bibliotecarios seleccionamos, evaluamos, clasificamos y ofrecemos recursos de internet a los usuarios.

 

Durante este curso, y sobre todo después de la subida de tarifas de Telefónica, detectamos un interés masivo por los puntos de acceso a internet (aunque no siempre para consultar recursos académicos), y organizamos turnos, reservas por horas, etc., a la vez que conseguimos un sistema de protección que nos ahorre trabajo de mantenimiento.

Cuando los recursos propios empiezan a adquirir importancia para los estudiantes -por ejemplo, la biblioteca virtual de dossieres por asignaturas con material docente- empezamos a configurar algunos ordenadores para que no puedan navegar fuera del dominio de la biblioteca, de manera que los usuarios encuentren siempre ordenadores disponibles para esos recursos.

Me parece que la situación irá cambiando. La gente cada vez más se conecta desde casa, a lo mejor llegamos a tener tarifas planas, a veces entramos en situaciones más o menos críticas, aumenta el uso de los ordenadores para la formación (de usuarios y del personal)... y lo estratégico es poder adaptarse...”.

lluisa ARROBA bib.ub.es

Estamos seguros de que este debate se retomará en más ocasiones, pero hasta ahora esto ha sido todo.

Resumen realizado por Cristina García Testal.

Enlace del artículo:
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/1999/octubre/acceso_a_internet_desde_las_bibliotecas.html