El profesional de la información


Enero 1999

El libro digital y el territorio de la lectura

Por Lluís Codina

Resumen: El autor enuncia una ley general sobre la evolución de los medios de comunicación. Para predecir la evolución de los libros digitales es suficiente considerar esa ley y no es necesario recurrir a hipótesis sobre nuevos lenguajes digitales. De acuerdo con esa ley, las nuevas iniciativas de libros digitales basadas en monitores convencionales no desplazarán al papel de su lugar privilegiado en la cultura hasta que los monitores de ordenador no asuman las propiedades ergonómicas del papel


Palabras clave
: Libros, Libros digitales, Ecología de los medios, Monitores de ordenador, Ergonomía, Lectura, Cultura.

Title: The digital book and readership

Abstract: The author explains a general law on the evolution of mass media. In order to predict the evolution of digital books, one can merely consider this law, rather than resorting to hypotheses on new digital languages. In accordance with this law, the new digital book initiatives based on conventional monitors will not displace paper from its privileged place within the culture until computer monitors are capable of offering the ergonomic properties of paper.

Keywords: Books, Digital books, Ecology of mass media, Computer monitors, Ergonomics, Reading, Culture.

Permítame el lector que le proporcione, en cuatro puntos, las características esenciales de un nuevo tipo de libro digital:

  1. Dimensiones de almacenamiento: 41 por 29 por 0,5 centímetros.
  2. Capacidad de memoria: varios cientos de miles de palabras.
  3. Funcionamiento: muy flexible, permitiendo especialmente variar la velocidad de transmisión por parte del usuario o lector, invertir el sentido de esa transmisión o elegir una información particular, etc.
  4. Precio: del orden de un paquete de cigarrillos.

De acuerdo, les he mentido, pero ¿en qué?, ¿en las características de este libro? No. Les he mentido en que esa máquina no es nueva ni es digital. Se trata del diario, del diario en papel que conocemos desde hace muchos años.

La descripción que acabo de ofrecerles está tomada de un libro de Canga1 sobre tecnología de la prensa, y sirve para ilustrar la siguiente idea, que Laurie2, un experto en bases de datos, presentaba en otro libro todavía anterior.

En concreto, este autor afirmaba que si siempre hubiéramos utilizado medios digitales y ahora se descubriera el papel, nos parecería un medio de almacenamiento y de comunicación poco menos que fabuloso. Ya podemos imaginar los comentarios: se puede apilar sin límites prácticos; no se degrada catastróficamente, como en el caso de los ordenadores; es flexible; no tiene límites apreciables de definición; se puede hojear a velocidad variable... Por no mencionar que no necesita fuente de energía; que tiene impacto directo; que no cansa la vista; que se pueden hacer anotaciones a mano; etc.

Las propiedades emergentes del papel

Lluis CodinaConforme avanzamos hacia la sociedad digital se van haciendo más evidentes las propiedades del papel. Son emergentes no porque aparecen ahora, sino porque se hacen evidentes conforme intentamos sustituir el papel por el monitor del ordenador como soporte de la información textual.

La cuestión a este respecto es que cuando se habla de información digital casi todo el mundo finge ignorar algo que, en cambio, es más que evidente: el monitor de ordenador como soporte para la escritura es altamente deficiente. Dicho de otra manera, mientras la tecnología de visualización no dé un paso de gigante, el libro digital no conseguirá conquistar el territorio de la lectura. En cuanto alguien encuentra un buen texto en formato digital, ya sea en internet o en un cd-rom, lo imprime para poder leerlo.

«En cuanto alguien encuentra un buen texto en formato digital, ya sea en internet o en un cd-rom, lo imprime para poder leerlo»

La deficiencia de los monitores actuales de ordenador es tan grande que ya ha aparecido software (de la empresa Xerox) especializado en imprimir páginas web, de manera que si alguien quiere hacerse rico con el negocio de los libros digitales, parece un buen consejo que empiece por comprar acciones de un buen fabricante de impresoras, que por el momento son las únicas empresas que ganan dinero en este negocio (junto a las de telefonía).

El territorio de la lectura

Pese a todo, la información digital tiene ventajas tan claras que nadie duda de su viabilidad futura, aunque solamente sea gracias a dos de ellas: la virtualidad y la recuperabilidad.

La virtualidad significa, entre otras muchas cosas, que el acceso a la información es independiente de la distancia; o que el diario más leído del mundo tira el mismo número de ejemplares que el menos leído: uno.

La segunda gran ventaja es la de su recuperabilidad: podemos recuperar o seleccionar información relevante con tanta facilidad que ello nos permite asociar ideas de manera heurística.

Por todas esas ventajas, los soportes digitales cuentan con fervientes admiradores (como el autor de este texto), pero cualquier enamorado de la lectura sabe que el soporte digital fracasa en ese terreno, y fracasa de manera total. Sin remedio (por ahora).

«No hay ninguna evidencia de que un lenguaje multimedia basado predominantemente en la imagen pueda sustituir, en todos los casos, a la capacidad cognitiva del lenguaje verbal»

¿Cuál es el territorio de la lectura? Todo el mundo puede reconocerlo. En ese territorio entramos cuando cogemos una buena novela y nos enfrascamos en ella durante horas, cuando leemos con atención sostenida un buen diario, un libro de ensayo o la revista que el lector tiene entre las manos. Los ejemplos podrían multiplicarse, pero creo que todo el mundo, como digo, sabe reconocer ese territorio.

¿Por qué no podemos hacer lo mismo cuando el soporte de la lectura es un monitor de ordenador en lugar de un papel? La respuesta es sencillísima y se basa (por lo menos) en tres cosas:

  1. Leer un texto en un monitor de ordenador es como tener un foco de luz en la cara. Tener un foco de luz en la cara debe ser tan agradable como una sesión de interrogatorio en una comisaría de policía.
  2. El nivel de definición de un monitor de ordenador es unas tres veces inferior al que proporciona una impresora láser de calidad doméstica. Un monitor estándar, es decir un monitor de 15 pulgadas a 800 x 600, proporciona 95 puntos por pulgada (ppp), mientras que una impresora láser o de chorro de tinta ofrece 300 ppp. En contraste, hemos de tener en cuenta que la definición característica de un libro o de una revista suele llegar a los 1.200 ppp. Obras como un atlas, o un libro de fotografía, por ejemplo, pueden llegar a los 2.400 e incluso 3.600 ppp.
  3. La información de un monitor de ordenador se renueva varias veces por segundo, es decir, la pantalla se reescribe constantemente. Es lo que se denomina frecuencia de refresco. Por debajo de 60 veces por segundo (Hz), esta reescritura proporciona un parpadeo visible y muy desagradable. Los monitores más avanzados suelen ofrecer velocidades entre 80 y 100 Hz, con lo que el parpadeo parece invisible, pero la retina de los ojos se cansa, el cerebro lo registra en el nivel subliminal y ambos sufren fatiga.

La solución

La solución, por supuesto, estaría en pantallas de alta definición, sin iluminación posterior ni necesidad de refresco. Pantallas que dieran, por lo menos, los 300 ppp a los que llega una modestísima impresora de chorro de tinta.

Hasta que la industria informática no proporcione lo anterior, el territorio de la lectura estará vedado a los ordenadores. No se confunda esto con las posibilidades informáticas de la interactividad o del multimedia, que son inmensas.

En particular, es posible representar conocimientos en una forma multimedia en la que el texto tenga poca presencia y, en este sentido, seguirán desarrollándose los usos y aplicaciones de la edición digital y los servicios de información electrónicos continuarán cubriéndonos de beneficios impensados hace solamente cinco años, de manera que es muy importante que la industria electrónica de contenidos avance al máximo.

«El monitor de ordenador como soporte para la escritura es altamente deficiente»

El problema es que, pese a lo que sostienen autores como Negroponte3, no hay ninguna evidencia de que un lenguaje multimedia basado predominantemente en la imagen pueda sustituir, en todos los casos, a la capacidad cognitiva del lenguaje verbal, cuya codificación escrita es el texto. Quien se tome en serio aquella feliz, pero inexacta, expresión que afirma que una imagen vale más que mil palabras, que intente conducir su empresa sólo con imágenes, o que intente expresar con imágenes el Tratado de la Unión Europea, la legislación sobre el derecho de autor o un buen ensayo sobre economía... Lo contrario, por supuesto, también es cierto: algunos conocimientos solamente se pueden transmitir con imágenes.

Por eso nadie duda de que es posible construir multimedias interactivos, donde el peso de la imagen sea esencial, sobre cualquier rama del conocimiento o sobre cualquier aspecto de la actividad humana, ni se pone en duda que algunos conocimientos se expresan mejor con uso de imágenes que con información textual. Pero la cognición humana se basa principalmente en el lenguaje verbal, y el lenguaje verbal, cuya representación escrita es el texto, es la forma más potente e intensa que tiene la humanidad para codificar, almacenar y transmitir información y conocimiento. Hasta que el libro digital no entre en el territorio de la lectura, al mundo digital le quedará una zona importantísima de la cultura por ganar, aunque haya conquistado el territorio de los multimedia y de la interactividad.

De nuevo, por supuesto, la inversa también es cierta: si los ordenadores no hubieran entrado en el terreno de la interactividad y de los multimedia, hubiéramos perdido una forma particularmente poderosa, eficiente (y lúdica) de representar y transmitir conocimiento.

Prospectiva

Regresando a nuestro tema se puede predecir, por tanto, el fracaso de cualquier iniciativa de libro digital que no solucione antes la ergonomía de lectura. Dicho en forma de ley: un medio no sustituye a otro a menos que subsuma todas y cada una de las propiedades del anterior [Codina4] y, por tanto, si las prestaciones ergonómicas del papel no son subsumidas en su totalidad, ningún sistema digital podrá sustituir al papel como soporte de la información.

Si alguien cree que esto es un brindis al sol, podemos recordar un famoso fracaso: el Electronic book de Sony, hace muy pocos años. Con un monitor del tamaño de una tarjeta de visita y con una definición tan lamentable que tiraba por la ventana 500 años de artes gráficas, no podía haber sustituido nunca al libro analógico. Si los todopoderosos ejecutivos de la Sony se hubieran tomado en serio la ley que se ha expuesto antes hubieran ahorrado varios cientos de millones (¿de dólares, de pesetas?) a sus inversores.

«Si las propiedades ergonómicas del papel no son subsumidas en su totalidad, ningún sistema digital podrá sustituir al papel como soporte de la información»

Exactamente igual sucederá, mucho nos tememos, con cualquiera de las recientes iniciativas de libro digital que diversas empresas norteamericanas (y alguna europea) han anunciado, porque los libros electrónicos con pantallas de baja definición no sustituirán al papel, por mucho que imiten otras de sus características.

Tendremos medios electrónicos, habrá enciclopedias electrónicas, mucha internet, etc., pero el papel no se moverá apenas de su posición dominante. Si es necesario, como ya hemos visto, aparecerán programas de ordenador especializados en imprimir esos libros en papel para que puedan ser leídos (!).

Solamente una "mera" cuestión tecnológica nos separa del triunfo definitivo del libro digital en el territorio de la lectura, pero ese paso tecnológico aún no se ha dado, y sus consecuencias son decisivas. ¿Es la falta de ese "mero" avance tecnológico lo único que explica que, pese a internet, no solamente usted está leyendo esta revista en papel, sino que las principales fuentes de información en el mundo de la alta cultura continúan estando en papel?

Piense el lector en los hábitos de un ciudadano medianamente culto y medianamente internauta. Este ciudadano, posiblemente utilizará uno o más servicios de información digitales, por ejemplo:

El Digital de Telépolis:
http://www.telepolis.es

My News:
http://www.mynews.com

por citar dos productos nacionales o estos tres servicios internacionales:

NewsPage:
http://www.newspage.com

The Electronic Library:
http://www.elibrary.com

News Tracker:
http://nt.excite.com

a fin de saber qué se ha publicado sobre determinado tema, pero continuará pagando por la versión en papel de su diario preferido para mantener su conocimiento cotidiano del entorno, pese a que ese mismo diario se publique gratis a través de internet.

Quienes amamos los medios digitales, pero también amamos la lectura, y somos muchos, estamos deseando que ese avance tecnológico se dé para que no tengamos la tremenda paradoja de usar internet o un cd-rom como simple paso intermedio para imprimir sobre papel, gastar toneladas de tóner y contaminar un poco más.

«Lo que necesitamos en el terreno de la publicación electrónica es que alguna empresa invente una pantalla de alta definición, ergonómica y de bajo precio»

Todos los laboratorios químicos y farmacéuticos del mundo sueñan con lograr algo como el Viagra: un producto que les proporcione el dominio del mercado durante varios años sobre la base de elevar, nunca mejor dicho, la calidad de vida de millones de personas.

Así que si alguien quiere lograr el equivalente del Viagra en el mundo digital, aquí tiene una idea (es gratis si ceden los beneficios de explotación a las ONGs que trabajan a favor del Tercer Mundo): lo que estamos necesitando en el terreno de la publicación electrónica es que alguna empresa del sector de la edición o del mundo informático sea capaz de inventar una pantalla de alta definición, ergonómica y de bajo precio que permita, por fin, sustituir al papel como soporte privilegiado de la información, que eleve sensiblemente nuestra calidad de vida informativa y dé así un paso más hacia aquel viejo sueño del acceso universal al conocimiento.

Notas

1. Canga Laregui, J. La prensa y las nuevas tecnologías. Bilbao: Ediciones Deusto, 1988, 207 pp.

2. Laurie, Peter. Bases de datos. Madrid: Microtextos, 1985, 139 pp.

3. Negroponte, Nicholas. El mundo digital. Barcelona: Ediciones B, 1995, 284 pp.

4. Codina, Lluís. El llibre digital: una exploració sobre la informació electrònica i el futur de l'edició. Barcelona: Generalitat de Catalunya. Centre d'Investigació de la Comunicació, 1996, 191 pp.

Lluís Codina. Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
lluis.codina@cpis.upf.es

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