El profesional de la información


Enero 1999

El concepto de infoestructura

Por Alfons Cornella

La consecución de una sociedad de la información no se garantiza automáticamente con el desarrollo de una “economía de la información”, sino que requiere la intervención del factor multiplicador de la “cultura de la información”.

Las dos, cultura y economía, constituyen los componentes que propusimos en su día como la “ecuación fundamental de la sociedad de la información” (v. IWE, v. 7, n. 4, p. 26).

Podemos replantearla con dos conceptos que se complementan:

  1. “infraestructura”
    Abarcaría lo que denominamos “economía de la información”, es decir, una industria potente en el sector de contenidos, distribución y proceso. Consiste en una red suficientemente dimensionada, de fácil acceso, barata y abierta a ciudadanos y organizaciones.
  2. “infoestructura”.
    El concepto parte de que la riqueza de una nación con infraestructura no se genera como consecuencia de tenerla, sino de usarla y explotarla, sacarle un rendimiento, porque aunque tirar cables es básico, no es suficiente. La infoestructura es difícil de definir, tiene una formulación aún imprecisa y su gestión es compleja.

A continuación hablaremos de cuáles han de ser los componentes fundamentales de la “infoestructura” de un país.

Un sistema educativo que enseñe a aprender

Una parte de la responsabilidad de la falta de “cultura de la información” en la sociedad española se debe al sistema educativo. Nuestro país se ha preocupado más por seguir el modelo académico francés -que consiste en impartir en la escuela y la universidad los conocimientos necesarios (en teoría) para toda la vida profesional- que por enseñar a aprender o ayudar a desarrollar habilidades informacionales que permitan actualizar los conocimientos con rapidez, algo más típico de los anglosajones y más adecuado para esta época de cambios constantes.

«Disponer de teléfono e incluso de acceso a internet en la era de las telecomunicaciones ¿debe ser considerado como un servicio contratable o más bien como un derecho fundamental?»

La falta de interés por las bibliotecas escolares puede ser una muestra de este enfoque poco informacional de la educación en nuestro país.

Un sistema
ciencia-tecnología

Para sobrevivir y aprovechar la capacidad creativa de los ciudadanos y transformarla en riqueza, o sea, en nuevos productos y servicios competitivos a nivel mundial, dentro de una sociedad intensiva en información donde la explotación del conocimiento es fundamental, es imprescindible establecer los mecanismos adecuados.

La creatividad y su conversión en bienes constituyen una pieza clave en la explotación de las infraestructuras. ¿Acaso generaría riqueza para el país una red de gran ancho de banda que sirva sólo para transmitir vídeo a la carta?

Establecimiento de un marco legal

Es necesario para responder a los retos que impone la velocidad de desarrollo de las tecnologías y prevenir su mal uso. Las leyes deben adaptarse a las condiciones de una sociedad intensiva en información. ¿Cómo puede mantenerse que el BOE (Boletín Oficial del Estado) en formato digital sea de pago si estar informado es un derecho básico? ¿Por qué los gobiernos impiden el acceso a información “no clasificada” generada con dinero público de los ciudadanos? Disponer de teléfono e incluso de acceso a internet en la era de las telecomunicaciones ¿debe ser considerado como un servicio contratable o más bien como un derecho fundamental? Son preguntas cuya respuesta exige unos principios legales más en consonancia con la sociedad de la información.

Una base de
contenidos

Es lo que hará posible que las actividades de ciudadanos y organizaciones sean más eficaces. Por ejemplo, se debe garantizar que toda la información generada por los organismos públicos pueda ser fácilmente localizable, ya sea a través de lo que los norteamericanos llaman Government Information Locator Systems en internet, ya sea por medio de programas de bibliotecas depositarias en las que se pueda consultar cualquier documento generado por una entidad pública.

«La falta de interés por las bibliotecas escolares puede ser un ejemplo del planteamiento poco informacional de la educación en nuestro país»

Cuando se ofrece acceso a la información no clasificada se estimula la transparencia de la sociedad y se facilita que las empresas dispongan de buenos datos sobre su entorno. En este sentido, favorecer el crecimiento de una industria de contenidos dirigidos a satisfacer las necesidades informacionales del sector productivo debería ser una prioridad en el diseño de las “infoestructuras”. Así en Alemania el gasto en prensa económica desgrava.

Una estructura fiscal

Facilitará el surgimiento y desarrollo del sector información autóctono. Una medida como la de reducir el IVA de los libros puede favorecer su venta. Se debe crear un entorno que posibilite la aparición de emprendedores de este ámbito (“infoprendedores”). Quizá se deba recordar que en Europa las condiciones no ayudan a la creación de nuevas empresas, mientras que la situación es justamente la contraria en Estados Unidos, donde internet ha propiciado la aparición de miles de pequeñas compañías a las que el gobierno ha puesto muy pocos impedimentos para su formación y crecimiento.

Una Administración ejemplar

Ha de ser el modelo a seguir en el uso eficiente de las tecnologías de la información. Por dos razones: la primera, porque ¿qué hace sino gestionar la información?; y la segunda, porque si las usa eficazmente puede crear un poderoso efecto de demostración y emulación.

Conclusión

La ecuación fundamental en los nuevos términos -”infraestructura x infoestructura = sociedad de la información”- nos indica que el énfasis no debe ponerse exclusivamente en la infraestructura sino también en la “infoestructura”. En su definición y en cómo conseguir desarrollarla deberemos invertir parte de nuestro esfuerzo en los próximos años.

«¿Cómo puede pretenderse que el BOE (Boletín Oficial del Estado) en formato digital sea de pago si estar informado es un derecho básico?»

Para llegar a una sociedad de la información los componentes de la “infoestructura” no pueden ser tratados separadamente sino que deben considerarse simples partes de un concepto de nivel superior.

El hecho de que en las administraciones se comiencen a crear puestos de responsabilidad relacionados con la consecución de la sociedad de la información es una pequeña muestra de que estamos en el camino adecuado.

Alfons Cornella. Centro de Información Empresarial. Esade. Barcelona.

cornella@esade.es

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