Abril 1999
El libro facil
Carme Mayol, profesora de la Escola Univ. de
Biblioteconomia i Documentació, de Barcelona, y presidenta del
Col.legi de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya, lleva años
intentando que en nuestro país cuaje un tipo de libro realizado con
especial esmero para que su lectura sea asequible a un colectivo relativamente
amplio de personas con dificultades y minusvalías de diversos tipos.
Esos libros podrían abrirles las puertas a un sinfín de otras actividades.
Un «libro fácil» se caracteriza en general por:
«Se calcula que en España hay más de 1 millón de potenciales usuarios de tales libros»
Se ha observado que la poesía sencilla es muy eficaz, pues permite mucha comunicación con poco texto.
Evidentemente podría haber distintos estilos y niveles de dificultad adaptados a las diferentes minusvalías:
Los libros de léxico reducido para el estudio de idiomas extranjeros también podrían entrar en esta categoría. Sin embargo es importante que el autor haya pensado en la población a la que los dirige; el libro debe ser «agradable y cálido», dice Mayol.
La adaptación de clásicos es otra posibilidad, pero éste es un tema un tanto polémico.
Ifla ha publicado ya unas normas sobre cómo deben ser esos libros «Easy to read», que pronto se traducirán a nuestro idioma.
Se han propuesto varios logotipos para marcarlos pero en esto todavía no se ha conseguido unanimidad puesto que algunos países avanzados llevan tiempo usando los suyos.
Pero ¿hay mercado para tales libros?
Se calcula que son rentables a partir de los 5.000 ejemplares (en el caso de revistas, que también las hay, deberían tener una tirada de 20.000). En Suecia se publica el semanario Sidor, que en sueco significa 8 y tiene sólo 8 páginas, con un éxito muy superior al previsto. Incluye varias noticias de actualidad, reportajes y algún pasatiempo.
«En algunos países, como en los nórdicos, Holanda y Japón, están implantados desde hace 30 años»
También se publican cd-roms y libros electrónicos.
En principio es necesaria una ayuda estatal, para la cual cabe distinguir dos modelos existentes:
Suecia
Mediante una ley del parlamento sueco se creó una fundación en la que están representados los colectivos interesados, pedagogos, psicólogos, etc. El consejo directivo de la misma aprueba todas las ediciones antes de lanzarlas. Existe una red de 1.500 voluntarios «representantes de la lectura» que difunden estos materiales, crean círculos de lectura, leen en voz alta, etc. (Suecia tiene 12 M de habitantes).
Las bibliotecas públicas colaboran situando estos libros en un lugar bien visible y accesible.
Holanda
No hay financiación estatal, pero se da apoyo desde una central técnica de bibliotecas. Ésta organizó un fórum con los editores, y se crearon grupos de trabajo: publicidad y marketing, contenidos, autorización para poder insertar el logotipo, asesoramiento a las bibliotecas... La central asegura la compra de un número mínimo de ejemplares.
En Holanda se trabaja mucho con el libro infantil y juvenil, pero hay que pensar también en el público adulto.
Propuesta española
Carme Mayol, junto con otras personas -últimamente la Fundación Bofill, de Barcelona, está en ello-, ha intentado en España sintetizar las dos experiencias descritas: juntar a los editores para obtener ayuda de la Administración, al menos con el fin de arrancar el proyecto. Habría que crear un consejo como el sueco en el que estuvieran las administraciones públicas, los gremios de editores, etc., así como la Once (Organización nacional de ciegos), asociaciones del síndrome de Down, etc.
«Nadie debería quedar marginado de la Sociedad de la Información»
Los editores recibirían acciones de publicidad y la garantía de vender un número de ejemplares para las bibliotecas públicas.
Carme Mayol
Eubd. Barcelona.
Tel.: +34-934 035 775; fax: 934 035 772
mayol@eubd.ub.es
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