El profesional de la información


Octubre 1998

Intrusismo profesional otra vez

Beatriz Tomás inicia un nuevo, pero ya conocido, debate en IweTel, al hilo de otro paralelo, escribiendo: "Será mucha casualidad, pero en la mayoría de las bibliotecas a las que he acudido, el personal era licenciado en alguna carrera de letras (historia, filosofía, etc.), administrativos, etc.

También hay que reconocer que muchos de ellos, al llevar años en ese puesto de trabajo, conocen mejor sus tareas que cualquier bibliotecario... Si lo llego a saber estudio historia, hago un curso de catalogación y se acabó".

beatriz.tomas@bosque.sdi.uam.es

Marisa Alonso, Hospital Virgen de la SaludLa siguiente intervención de Marisa Alonso aclara: "Gracias por admitir que la veteranía es un grado, Beatriz, pero creo que hay un problema de matiz: no es que conozcan mejor las tareas que cualquier bibliotecario, es que son bibliotecarios. Quizá hay en esto un problema de conocimiento histórico, precisamente. Como licenciada en geografía e historia (titulación) y bibliotecaria (profesión), me permito recordar algún dato: la gente que en su momento (en mi caso, año 82) asistíamos a los cursos que organizaba la Biblioteca Nacional para formar bibliotecarios, archiveros y documentalistas, éramos licenciados (en historia o en cualquier otra disciplina) que reclamábamos un título oficial para estas disciplinas.

Quizá para muchos la solución ideal no era en absoluto una diplomatura (yo siempre he sido partidaria de lo contrario: un tercer ciclo), pero la recibimos como un paso adelante. Me temo que los profesores que han formado a Beatriz y a varias promociones de diplomados (y ahora licenciados) no son bibliotecarios, según el concepto purista de algunos de sus alumnos.

Parte del problema puede arrancar de que este gremio, peculiar y un tanto disperso, no ha sabido dar una solución similar a la que en su momento dieron los periodistas a la aparición de la licenciatura en ciencias de la información.

Y conste que lamento profundamente la cantidad de bibliotecas que siguen atendidas por personal no especializado, sobre todo cuando ese personal no hace (ni se le pide) ningún esfuerzo de formación, porque también hay casos casi 'heroicos' de auxiliares administrativos que se pagan de su escaso sueldo cursos, asisten a congresos, etc. Nunca se me ocurrirá tener ninguna tentación corporativista con ellos".

bibhvs@cht.es

Antonio L. Galán Gall, Univ. de Castilla-La Mancha"Es posible", interviene Antonio L. Galán Gall, "que los licenciados y diplomados varios que ocupamos puestos de trabajo en bibliotecas, centros de documentación y archivos, seamos unos intrusos. Es posible que durante décadas, estos centros funcionasen gracias a intrusos (no había titulados, no existía titulación). Es posible que gran parte del mismo profesorado de las escuelas y facultades actuales sean unos intrusos.

Es posible, incluso, que los grandes profesionales que inventaron las clasificaciones sistemáticas, los formatos de catalogación e intercambio, el análisis, la indización... fueran unos intrusos. Es posible que aquellos que diseñaron las primeras bases de datos bibliográficas y documentales fueran unos intrusos. Y, sobre todo, es posible que todos estos centros funcionasen mejor sin que nadie trabajara en ellos hasta la década de los 80 (aproximadamente), en que comenzaron a salir promociones de titulados en biblioteconomía y documentación. Sin embargo, permíteme que lo dude".

agalan@bibl-cr.uclm.es

Diego Manrique González puntualiza las afirmaciones de Beatriz Tomás:

  • "Parece que te refieres fundamentalmente a bibliotecas dependientes de alguna administración pública. En este caso el 'intrusismo' aparece ya en la titulación exigida (diplomado, ingeniero técnico, arquitecto, etc.).
  • El ser diplomado en biblioteconomía y documentación no significa ser bibliotecario o documentalista.
  • Como bien sabes, la diplomatura en biblioteconomía y documentación es de reciente creación en varias de nuestras comunidades autónomas. Y las bibliotecas han existido y funcionado sin esta diplomatura.
  • Los licenciados en letras que mencionas no es que conozcan mejor sus tareas que cualquier bibliotecario, ¡es que son bibliotecarios!".

diego.manrique@uam.es

Isabel Rojano, Cindoc, CsicRespecto a esto, Isabel Rojano afirma: "Efectivamente, es cierto que en las oposiciones no especifican la carrera de biblioteconomía y documentación como requisito. En parte es lógico, porque sólo hasta hace poco han existido estos estudios de forma oficial, como diplomatura o licenciatura. Es cuestión de que las administraciones públicas se conciencien y al menos ofrezcan puntos a las personas que tengan estos estudios, cuando las pruebas son concurso-oposición.

En cuanto al tema de que las personas que han hecho la carrera de biblioteconomía y documentación (diplomatura o licenciatura), no son bibliotecarios, ¿entonces qué son?, ¿una persona que ha estudiado ingeniería informática, no es entonces ingeniero informático?, ¿y quien ha estudiado cinco años periodismo, no es periodista? Otro tema es que las personas ejerzan o no ejerzan la profesión. ¿Es más bibliotecario el licenciado en historia con un curso de catalogación, documentación general o documentación informatizada? Y esto lo digo, con mucho respeto a estas personas, entre las que incluso tengo amigos, con los que trabajo.

Es más, yo creo que la ventaja que tiene tener tres años de carrera en biblioteconomía o cinco años, como es mi caso personal, es que te enseñan a desenvolverte en cualquier ámbito documental, pues tienes muy buena base, para adaptarte a un centro de documentación, indizar, resumir, trabajar en un tesauro, hacer estudios bibliométricos o trabajar en una biblioteca, catalogar, clasificar, ser referencista, saber gestionar una biblioteca, controlar presupuestos, saber contabilidad, saber cómo formar usuarios, informática documental, internet, etc. También estás preparado para trabajar en un archivo, saber inventariar, catalogar, describir en general, tener conocimientos de paleografía, diplomática...

No es éste el caso de un bibliotecario de otra carrera que conoce principalmente el temario que le exigieron en la oposición (si es que entró por oposición), a no ser que siguiera formándose después (que también puede darse el caso) y sólo conoce la biblioteca y entorno donde está, donde se trabaja de una determinada forma, que es lo que ha conocido siempre, aunque es evidente que en muchos sitios se repiten las mismas cosas o parecidas.

Para terminar, hasta hace poco se ha funcionado sin estas carreras, es cierto, al igual que antes de que existiera la ingeniería informática, estos puestos eran desempeñados por otro tipo de ingenieros o incluso estudiantes de FP... Yo tengo mucho respeto a cualquiera que tenga otra carrera y tenga su plaza de bibliotecario o tenga las cualidades para desempeñar estas funciones, pero por favor, también pido un respeto para lo que tenemos estos estudios".

irojano@cindoc.csic.es

Josep Vives, Univ. de BarcelonaJosep Vives objeta: "El tema del instrusismo aparece y desaparece de nuestros diálogos continuamente. Intentar hacer un debate abierto y franco resulta imposible, en tanto que lo que se discute no es la capacitación profesional para ejercer de bibliotecario-documentalista, sino la lucha por el reparto de los puestos de trabajo.

Dice Diego Manrique que en algunas comunidades autónomas no había titulación en biblioteconomía. De acuerdo, eso puede explicar lo que pasaba antes y por qué ha habido personas ejerciendo de bibliotecarios sin tener la titulación específica, pero la pregunta es si sigue pasando ahora. En Cataluña hace ya más de 80 años que tenemos escuela y el debate continúa... y el intrusismo también. Y no es problema de que haya intrusos o no los haya, sino que la sociedad cree que un bibliotecario es todo aquel que está detrás de un mostrador de biblioteca. Si existe intrusismo, actualmente, es porque socialmente se permite.

Al no haber diplomados universitarios en biblioteconomía y documentación, se sustituían con licenciados en otras disciplinas. Pero ahora, en las plazas de nueva creación, privadas o públicas, no existe motivo alguno que justifique mantener esta situación.

El argumento además es torticero al decir que es a causa de no existir titulación. En Cataluña sí que teníamos titulación, y es universitaria desde hace tiempo. ¿Ha servido para que se aplicase una normativa diferente para los puestos dependientes de la administración central? o, pregunta inocente, ¿por qué no se copió antes la idea de crear una escuela? ¿Han cambiado las leyes ahora que ya hay titulados en todo el estado? Las leyes se hacen a imagen y semejanza del estatus que se quiere mantener o favorecer.

Podemos estar hablando y hablando sobre las esencias de la profesión, de perfiles, certificaciones y capacitaciones. Cuando una mayoría de los responsables del MEC, de la consellería, consejería o lo que toque sean diplomados, se cambiarán las normas y punto..., con las debidas justificaciones teóricas, naturalmente.

Una salida, porque alguna solución debemos pensar, sería algo parecido al 'punto final'. Aceptar las plazas ya creadas -nadie puede cambiar la historia- pero con la garantía de que las nuevas se cubrirán con titulados en biblioteconomía y documentación (el futuro sí es modificable)".

bcesnid@bib.ub.es

También Beatriz Tomás quiere puntualizar algunas de las afirmaciones de Diego Manrique: "Efectivamente, en la administración pública para acceder a un puesto bibliotecario se requiere ser licenciado, diplomado, etc., pero no dicen en qué. Quizás sea ahí donde habría que empezar a delimitar qué tipo de profesional se requiere.

Según el diccionario, bibliotecario es aquel que trabaja y 'cuida' de una biblioteca. Hasta ahí de acuerdo, pero no me negarás que un diplomado en biblioteconomía sabe más de bibliotecas que un licenciado en letras, simplemente porque ha estado tres años estudiando cómo gestionar una biblioteca y las tareas que ello conlleva. ¿Qué se estudia de bibliotecas en la carrera de filología o de filosofía?

Yo no me refiero a las personas licenciadas en lo que sea y que llevan años trabajando en una biblioteca. Evidentemente esos sí que son bibliotecarios. Ya sé que hace unos cuantos años no había estudios específicos de biblioteconomía y que, por tanto, casi cualquiera podía trabajar en una biblioteca. Yo me refiero actualmente, a la hora de elegir a una persona para cubrir un puesto en un archivo, biblioteca o centro de documentación, los diplomados en biblioteconomía deberían tener alguna ventaja respecto a los licenciados en cualquier otra cosa. Evidentemente no sólo eso vale. Habrá que tener otras cualidades, pero las personas que han estudiado específicamente para esa tarea deberían tener alguna ventaja".

beatriz.tomas@uam.es

"Creo recordar que en España", afirma Guillermo Sánchez Martínez, "para opositar a juez o notarías, no se exige ninguna licenciatura concreta. Ni tampoco se exige una licenciatura determinada para 'opositar' a catedrático de universidad en bioquímica, sino que lo que cuenta es el currículum en el área y no el ser licenciado y doctor en medicina, farmacia, biología, etc. O que prácticamente ningún titular de universidad ni catedrático de universidad que dé clases en las titulaciones de biblioteconomía y documentación (y además lo ciño a los que uno pueda recordar con placer, por lo que sabían de su materia) es titulado universitario en biblioteconomía o documentación.

La ventaja de quien curse buenos estudios superiores en biblioteconomía y/o documentación es que tiene más fácil aprender lo que los demás tienen que ir cazando por ahí en cursos, masters, lecturas, experiencia, etc. Pero el que sea buen profesional, por cualquiera de las vías, es el que debería ocupar los puestos de trabajo, cuando menos los que pagamos entre todos con los impuestos".

bupna@upna.es

José María Gutiérrez, Bibl. Pública del Estado, SantanderJosé María Gutiérrez apunta que "a mi entender esto nuestro es una técnica con ciencia. Eso no implica que existan científicos de la biblioteconomía y la documentación, cuyos trabajos nos ayuden a mejorar. Pero nadie habla de los conocimientos de las materias con las que se trabaja. No conozco (espero equivocarme) ninguna asignatura de biblioteconomía en la que se trate la filosofía de las ciencias, cuáles son sus contenidos, vocabularios técnicos, etc. Se supone que, entre otras cosas, canalizamos la información hacia los usuarios. Y eso se ve, incluso, en los tejuelos (o en casi todos los tejuelos). Además está la evolución de internet, en la que debemos estar muy al día, técnicamente y en contenidos: la inmensidad de contenidos nos va a 'aburrir' (si no lo está haciendo ya), pero esto daría pie a otro debate.

Lo importante, como dice Guillermo Sánchez Martínez al final, es que el profesional responda y, sobre todo, que no pierda comba, que siga estudiando y formándose.

Para terminar, ¿por qué no hemos tomado el ejemplo inglés en materia de 'creación de profesionales'? Permitidme una malicia: ¿será que había carreras que no tenían clientes y han visto (algunos) en la biblioteconomía una salida de reconversión?, y conste que hay muy buenos profesores en algunas universidades pero, como dice Guillermo, ninguno es licenciado en el asunto 'objeto de polémica'".

jose.maria.gutierrez1@aliso.pntic.mec.es

José M. Torrente, Fac. Documentación, Univ. de Salamanca"No he seguido muy a fondo el debate", explica José M. Torrente, "pero creo que quien se refirió a la condición de bibliotecarios o no de los no titulados en biblioteconomía lo decía porque lo que pretendía era que se reconociera su, digamos, categoría de bibliotecario aun sin haber estudiado para ello, lo cual está muy bien, en mi opinión, sin detrimento de la capacidad de los nuevos titulados.

Yo no creo que nadie que haya hecho tres años de diplomatura más dos de licenciatura, esté preparado para todo eso. Otra cosa es el empeño personal que cada uno ponga en formarse, porque lo que se nos ofrece en las facultades o escuelas no da para tanto... Da para mucho menos. Claro que tampoco quiero generalizar. Hablo de lo que conozco, que son unas cuantas facultades, la mía propia y otras de las que tengo noticia".

jmt@issnet.net

De nuevo Isabel Rojano contesta: "Efectivamente, José M. Torrente, yo en ningún caso he dicho que otros titulados no sean bibliotecarios, documentalistas o archiveros. A mí también me parece muy bien. Como ya dije tengo amigos/as con los que trabajo y poseen esta condición. Yo he estudiado en la Universidad Carlos III de Madrid, donde he recibido una muy buena formación y además he estudiado siempre muchísimo".

irojano@cindoc.csic.es

Josep Manuel Rodr. Gairín, Univ. Politècnica de CatalunyaJosep Manuel Rodríguez i Gairín expone: "Desde mi punto de vista cada uno es lo que ejerce, no necesariamente lo que estudia. Un licenciado en historia que lleva cinco años conduciendo un taxi por la ciudad, ¿es historiador o taxista? Y perdonad por el ejemplo, pero bien puede aplicarse a muchas otras carreras con difícil salida laboral.

Yo personalmente soy licenciado en medicina y en mi carnet de identidad, antes, cuando salía reflejada la profesión, ponía documentalista".

josep-m@bupc.upc.es

Federico Ayala, Centro de Documentación, ABCEn el mismo sentido se expresa Federico Ayala: "Trabajo en el centro de documentación de un periódico, y como no soy periodista muchos me llaman 'intruso'. Como tampoco soy licenciado ni diplomado en biblioteconomía y documentación (sólo soy un pobre doctorando en documentación que intenta sacar tiempo para terminar de una vez la tesis), soy también un intruso. Pero mientras tanto llevo ocho años trabajando en una profesión que amo cada vez más y en la que no miro a nadie por su título, sino por sus resultados.

Creo sinceramente que cualquier otra consideración es peregrina. Todos los profesionales valoramos la diplomatura y la licenciatura, en la medida que sirve para formar a los futuros profesionales. Todos estamos en el mismo barco, así que a trabajar y estudiar (siempre hay que seguir formándose), para demostrar con hechos lo que opinamos de nuestra profesión".

archivo@abc.es

De la misma opinión es Kebi Jiménez: "Pese al bombardeo de mensajes de estos últimos días no he podido resistirme a exponer mis opiniones sobre este asunto del intrusismo laboral. Uno no es médico por haber estudiado medicina, ni abogado por haber cursado derecho, ni historiador por haber obtenido la licenciatura en historia. En éstos, como en todos los trabajos, sólo el ejercicio de la profesión (para el que obviamente se requiere una formación previa) permite hablar en rigor de 'profesionales'. Que yo sepa, la administración no exige titulaciones específicas más que para unas pocas profesiones (abogados, médicos, arquitectos...) cuyo ejercicio, creo, puede de alguna forma acarrear responsabilidades civiles.

Así que me chirrían los oídos cuando oigo quejarse de intrusismo laboral a los titulados de ciertas carreras. En el caso de las bibliotecas, todo esto me suena a corporativismo rancio: que las empresas privadas (cada vez más frecuentes en este mundo) hagan lo que quieran (ellas sabrán qué titulado les conviene), pero, por favor, que a la administración se le pida limitar el acceso a nuestra profesión a ciertos titulados no me suena nada bien. Si tan seguros están algunos diplomados / licenciados en biblioteconomía y documentación de su capacitación, que concurran como cualquier otro a las oposiciones, y si su superioridad formativa es real no cabe duda de que acapararán siempre los primeros puestos.

Las titulaciones en documentación y bibliotecas merecen desarrollarse, y con seguridad llegará un día en que buena parte de los profesionales cualificados provengan de esas carreras, sin necesidad de que la administración discrimine positivamente. Mientras tanto, somos muchos los titulados en otras disciplinas que nos sentimos tan bibliotecarios como el que más. Por último, mucho más grave me parece el menosprecio al que están sometidos muchos compañeros por parte de unas administraciones que catalogan sus puestos de trabajo en categorías inferiores a las que realmente corresponderían (en función de los requisitos intelectuales reales y de la formación que de hecho ostentan) para ahorrarse así unas pesetas".

sfzjiroj@sc.ehu.es

Resume posturas Guayén Vicente: "En esta última semana he podido comprobar el correo de opiniones que se ha llevado a cabo. En lo que a mí respecta, entiendo un poco a Beatriz Tomás, pero por supuesto también comprendo la posición de los demás. Cuando, hace ya algunos años, una de las salidas profesionales que tenía la carrera de filosofía y letras eran los puestos de bibliotecario, muchas personas los ocuparon, no sin antes realizar unas pruebas. A mi modo de entender, estas personas han sido, son y seguirán siendo bibliotecarios.

Pero hoy en día, existen dos titulaciones: una diplomatura y una licenciatura que se ocupan de formar a los futuros opositores de estas plazas. Si no se puede restringir el acceso a las mismas por lo menos deberíamos tener más posibilidades de poder ocuparlas. Con esto no quiero decir que los bibliotecarios de historia, geografía, etc., no sepan realizar su trabajo o no den un buen servicio al usuario, sino que, por ejemplo, cuando psicología estaba dentro de la carrera de medicina, había que hacer medicina y después la especialidad. Ahora uno va directamente a psicología.

Como conclusión diría que el problema a mi parecer no radica en que personas quieran o no ocupar unas plazas de bibliotecario, sino que la legislación tiene que cambiar en cuanto a estas plazas, puesto que las titulaciones han cambiado".

430457@filoz.unizar.es

Paz Fernández se lamenta: "¿Cómo trasladar a la sociedad una imagen de eficacia, profesionalidad, necesidad, actualidad y atractivo de nuestra profesión, tanto planteada desde la actividad cotidiana como en la organización y diseño de productos a largo plazo, cuando el debate entre los profesionales y colegas se plantea en términos de 'intrusismo'?".

paz.fernandez@ceri.fog.es

Elda Mónica Guerrero, desde México, cuenta: "Gabriel Zaid, uno de nuestros más importantes intelectuales, escribió hace poco que 'Cuando no existía en México la carrera de letras, abundaban los poetas capaces de escribir un soneto perfecto; que no abundan hoy, cuando más de cien mil personas han estudiado letras'.

También es suya la idea, con la cual estoy de acuerdo de que 'Estudiar un día por semana, a lo largo de treinta años, las materias que vaya necesitando el propio desarrollo y las circunstancias del trabajo, aprovecha más que estudiar cinco años a tiempo completo un paquete fijo (que se volverá obsoleto muy pronto) antes de tener experiencia, ni idea de lo que viene'.

El artículo se llama La educación inferior. Apareció en el periódico Reforma y me parece que trata muchas cosas de las que aquí se ha estado hablando".

eldamg@dis1.cide.mx

Maribel Manzano, Univ. Pontif. de SalamancaMaribel Manzano opina que "la administración debería tener una actitud consecuente, y si posibilita la existencia de una titulación específica para ser bibliotecario/a, que la exija a la hora de contratar ese tipo de personal.

Sobre quién es más bibliotecario, supongo que eso hay que ir demostrándolo en el quehacer diario dentro de nuestra unidad de información, seamos medios o superiores. Parece un poco absurdo que se discuta entre nosotros, los mismos profesionales, qué titulación se debe tener, cuando realmente hay muchos usuarios que suponen que basta con saber leer el periódico para trabajar en una biblioteca, hay algo que falla.

Por último, para mí el único intruso en esta profesión, como en otras muchas, es aquel que no hace, ni deja hacer y carece de conciencia social con esa actitud al acomodarse en una posición privilegiada hoy día (la de tener un trabajo), sin pensar que hay montones de personas posiblemente mejor preparadas que ellos y que están quemando días, esfuerzos, ilusiones, preparando oposiciones (por ejemplo) que nadie le asegura que vayan a sacar, ni en cuánto tiempo lo harán".

bibliot.maribel@upsa.es

Francesc Rodrigo, presidente de la Asoc. de Bibliotecarios Valencianos"Tal vez la palabra 'intrusismo", que ha levantado tantas ampollas, es excesivamente fuerte", reflexiona Francesc Rodrigo desde Massanassa (Valencia). "Intrusión, dice el diccionario, es 'acción de introducirse sin derecho en un lugar, oficio, dignidad, etc.'. Claro, dicho esto referido a los bibliotecarios actuales que proceden del campo de las letras, o de las ciencias, es excesivo, porque la mayoría de los bibliotecarios o bibliotecarias que conozco, han accedido a su puesto de trabajo aprobando una oposición con un montón de temas, y muchos de ellos ya dirigían perfectamente una biblioteca cuando seguramente, algunos de los que hablan de intrusismo empezaban a estudiar.

Dirigían y dirigen bibliotecas públicas con escasos recursos, con peor sueldo, y con muy poca atención de los responsables políticos del tema, pero con muchísima ilusión, con grandísimo esfuerzo y formándose continuamente, muchas veces a costa de su bolsillo.

Coincido en esto con Marisa Alonso. Contaré un caso: una bibliotecaria, licenciada en historia, al frente de una biblioteca pública municipal (es la única empleada, ayudada por algún objetor) con 15.000 volúmenes, de un pueblo de las cercanías de Valencia de más de 8.000 habitantes. Con un contrato laboral fijo a tiempo parcial desde el año 1982, con jornada partida y un total de unas 30 horas semanales. Nivel E. Su sueldo es inferior al del conserje del edificio. Y a pesar de todo, continúa ilusionada con su trabajo. ¿Podemos seguir hablando de intrusismo?

Creo que aquí confundimos dos cosas: los conocimientos académicos y la profesión. En algunas profesiones se exige un determinado nivel de conocimientos expedidos por una institución reconocida oficialmente (médicos, abogados, etc.,), pero la obtención de un título no determina necesariamente la calidad profesional. En mi caso, me parecería pedante insinuar que mi profesión es la de geógrafo e historiador, aunque tengo un título que acredita que soy licenciado en eso.

Creo que estamos todos de acuerdo en que para ejercer una profesión hay que tener unos conocimientos, pero, sobre todo en la administración pública, además de tenerlos hay que demostrarlo. Y los bibliotecarios, aparte de haberlo demostrado en su día ante un tribunal, lo demuestran todos los días ante el público.

Pero quiero destacar un elemento 'perverso' en el razonamiento de que sólo serían bibliotecarios aquellos que ostentan un título académico: ¿qué son los auxiliares y los ayudantes, que muchas veces realizan las mismas tareas que los titulares? O ¿es más bibliotecario un licenciado que un diplomado? ¿Vamos nosotros a establecer jerarquías, grados y distinciones, cuando todos sabemos que en las bibliotecas, especialmente las públicas y no digamos las municipales, casi todos hacemos de casi todo?

También coincido con Marisa Alonso en que deberíamos exigir un reconocimiento académico de nuestro trabajo, vía tercer ciclo o proceso de convalidación, similar al de los periodistas, pero lamentablemente los bibliotecarios ni tenemos el poder ni la capacidad de llamar la atención que tienen los profesionales de las noticias. Y los bibliotecarios en ejercicio lo tenemos realmente difícil para acceder a los cursos universitarios, después de una jornada laboral, amén de lo difícil que te lo ponen cuando quieres matricularte.

Por cierto, podríamos pedir a la Uned, que incluyese esta titulación entre sus cursos. Así y todo, los bibliotecarios y los diplomados o licenciados no somos adversarios luchando por el mismo puesto de trabajo, que al final se trata de eso. Lo que debemos exigir, a quien corresponda, es una mejor dotación de las bibliotecas, tanto en infraestructuras como en personal (leer, por ejemplo, las recomendaciones de la Ifla y compararlas con la situación española). Porque si se quieren bibliotecas dignas, hay trabajo para todos. Otra cosa es que los 'responsables' de la 'cosa pública' destinen dinero a ellas. Por cierto, otro día hablaré de los presupuestos que se destinan a bibliotecas y los que se destinan a otras cosas y compararemos. Para terminar, si se me permite, una pequeña sugerencia a los nuevos licenciados y diplomados, sin olvidar a los que realizan los cursos de FP III: integrarse en las asociaciones profesionales y desde allí trabajar por unas bibliotecas dignas y un reconocimiento de nuestro trabajo. A ver si entre todos podemos hacer algo por esta profesión, por las bibliotecas y por el servicio público que dan a la sociedad".

francescrc@nexo.es

Gerardo J. Rodr. Seoane, Técnicas de Formación SA"Sólo algunas opiniones", nos explica Gerardo J. Rodríguez Seoane, "sobre este debate que nos cierra más que nos abre posibilidades:

Lo de la titulación en el BOE es un argumento que se me antoja muy pequeño. Si creemos que las oposiciones son el futuro de la profesión, apaga y vámonos. La función pública ofertará, en el futuro, un 5 ó 10% del volumen de titulados que saldrán de nuestras escuelas y facultades. ¿Con los demás qué hacemos?

Lo de que, apareciendo nuestro título correctamente escrito en las oposiciones, llegaremos mejor al corazón de los empresarios, en fin... Al personal con capacidad de contratación no le interesa en absoluto las oposiciones del BOE y, exceptuando fundaciones (un 0,1 % de nuestro mercado), ni les va, ni necesitan para nada un bibliotecario, un archivero o, incluso, un documentalista con los perfiles que se suelen pedir en estas oposiciones (no por malos, sino por estar anunciados para necesidades muy ajenas a la empresa). Pienso que el mercado público es magnífico y con magníficos profesionales pero su crecimiento potencial y sus necesidades son muy diferentes de los mercados que, hoy por hoy, pueden absorber más especialistas en información.

El único mercado que puede crecer es el de la empresa privada, mercado por hacer (por vender; en este mercado no estamos vendiendo ni lo que somos. Así que, ni siquiera podemos convencer que nos necesitan o, mejor, que somos muy rentables). En este mercado, informáticos, secretarias, etc., realizan (con motivo y aparentemente adecuándose más que nuestra profesión a las necesidades) labores a las que podemos dar mucho valor añadido (expresado en función de rentabilidad).

Poco mercado privado tenemos si pretendemos reproducir centros de documentación en las empresas que no generen ingresos (nada de rentabilidad social, mejora de eficacia, etc., sino dinero, ingresos contantes y sonantes).

Así que a ponerse con la gestión del conocimiento, el último libro de Senge, la simulación, mapas conceptuales, metadatos y metaetiquetas, data warehouses y data mining, workflow, objetos, multimedia, Proyecto Dublin, etc. Cosas que necesitan de gestión de la información y del conocimiento y que podemos enriquecer (en parte de sus procesos, no programando o escribiendo html; ya lo hacen otros mejor y más barato -no añade valor a nuestra profesión ser informáticos o diseñadores de webs-).

En el mercado que nos queda tendremos que trabajar en equipo, ser intrusos para personas que están ocupando huecos (hace años) por los que tendremos que luchar (ocupándolos suficientemente bien para las necesidades de los empresarios) y olvidarnos de buena parte de la estructura de aprendizaje que traemos de la facultad. Me parece algo precioso y me apunto a este futuro que será enriquecido porque otra parte de la profesión siga dando soluciones adecuadas al sector público.

Aprendamos de los intrusos y seamos intrusos con los que se toman el café de las 11:00. Que la profesión no va a evolucionar ni a abrir mercado alguno si no aprendemos que los intrusos somos, en mi caso sois, vosotros, de los que me he hartado de aprender cosas (y de los otros intrusos también).

Y seguimos en el mismo punto".

GSeoane@tecfor.es

Nuria Amérigo, Centro de Documentación Virtual, Parque Tecnológico de AndalucíaNuria Amérigo interviene diciendo: "El debate suscitado por el intrusismo me parece terrible. Porque mientras nosotros nos miramos el ombligo y discutimos sobre un tema en el que nunca se podrá imponer una titulación, y menos en la empresa privada, otra profesión como es la de informático nos quita los puestos de trabajo día a día. Es más, en todos estos años, el problema que he tenido no han sido mis conocimientos, sino explicar en qué consiste nuestra profesión, porque casi nadie sabe para qué servimos. Todos tienen una leve idea de lo que es un bibliotecario, pero un documentalista, nada de nada.

Aquí es donde tenemos que luchar, porque en la empresa privada hay mucho trabajo por hacer, que se está encargando a administrativos e informáticos, y no por nada, sino por ignorancia. Somos un colectivo pequeño y tenemos que darnos a conocer o acabarán otros colectivos más numerosos ocupando nuestro lugar.

Yo llevo muchos años en la lucha y echo de menos compañeros batiéndose el cobre en la calle y no discutiendo si titulación sí o no, cuando curiosamente los que los han instruido proceden de filosofía y letras en su mayoría.

Para terminar os propongo que canalicemos nuestras energías en pensar y discutir estrategias imaginativas que nos den a conocer a ciudadanos y profesionales. Creo que ésta es una profesión con mucho futuro, y tenemos mucho que hacer en la sociedad si canalizamos adecuadamente nuestros conocimientos y esfuerzos".

centrodo@cst.pta.es

Jesús Gómez, Consej. Gobernación y Justicia, Junta de AndalucíaAl hilo del debate, Jesús Gómez Fernández-Cabrera reproduce un fragmento de la hoja informativa de la Asociación Andaluza de Documentalistas, sobre una iniciativa que está en marcha en Andalucía.

'El pasado mes de febrero, la Consejería de Cultura ha distribuido su proyecto de Reglamento del Sistema Andaluz de Bibliotecas, estando próxima su aprobación. La AAD, que no ha estado presente en el proceso de elaboración, ha dado conocer sus puntos de vista a los responsables de la Consejería. Lejos de hacer un análisis exhaustivo, aquí queremos hacer algunos simples comentarios puntuales. [...].

En otro orden de cosas, el Reglamento exige la Diplomatura o Licenciatura en Biblioteconomía y Documentación para ocupar plazas en las bibliotecas públicas, si bien en la disposición transitoria segunda establece que, con el fin de facilitar la permanencia de 'las personas que actualmente desempeñan las funciones descritas en este Reglamento, la Consejería de Cultura, previa consulta a las asociaciones o entidades representativas de los intereses profesionales afectados y en coordinación con el Instituto Andaluz de Administración Pública, elaborará un programa de formación dirigido a las personas que actualmente desempeñan funciones bibliotecarias en las Bibliotecas Públicas Municipales, que no tengan la titulación establecida en los artículos 19, 20 y 21 de este Reglamento, y que hayan accedido a tales puestos mediante oposición o relación laboral de carácter fijo.

Dicho programa tendrá como finalidad posibilitar la adecuación profesional de este personal a las funciones que desarrollan. Este programa de formación se realizará durante al menos tres años y se tendrán que superar las pruebas de suficiencia que se establezcan'. Y nosotros nos preguntamos: ¿está dispuesta la Consejería de Cultura a exigir estos mismo requisitos de titulación para el personal que trabaja en los centros de la propia Junta de Andalucía? Y en su caso, ¿se aplicaría el mismo mecanismo de reconversión para el actual personal de la Junta que ocupa puestos en bibliotecas y centros de documentación sin la titulación en biblioteconomía y documentación?"

biblioteca@cgob.junta-andalucia.es

Antonio L. Galán Gall contesta: "Tras leer el mensaje de Jesús Gómez, sobre la exigencia de la Junta de Andalucía respecto a la titulación de los bibliotecarios y documentalistas me pregunto: ¿harán lo mismo con los distintos jefes de personal que no tengan cursados los estudios de relaciones laborales? ¿Harán lo mismo con el resto de personas que trabajan en puestos administrativos y no tengan cursados estudios de administración pública?".

agalan@bibl-cr.uclm.es

Resumen realizado para IWE por Cristina García Testal.

testal@uv.es

Enlace del artículo:
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/1998/octubre/intrusismo_profesional_otra_vez.html