El profesional de la información


Noviembre 1998

Froehlich habla de internet

Thomas J. FroehlichPresentamos unas declaraciones del conocido profesor de la Kent University, EUA, parte de las cuales había expuesto en una conferencia que organizó la Coordinadora de Documentación Biomédica la primavera pasada, en Barcelona, ciudad que visita con cierta frecuencia.

Froehlich, que es experto en temas éticos del entorno de la información y especialmente los relacionados con la profesión del bibliotecario-documentalista, describió la problemática generada por internet.

1. Falta casi absoluta de políticas de información, de desarrollo coherente de colecciones documentales, y de indización temática.

Mientras cada biblioteca tiene una política de desarrollo de su colección que indica el tipo de fondo documental que debe mantener, es obvio que internet no dispone de ninguna.

Cualquiera que posea la tecnología apropiada y el dinero suficiente puede montar su propio web y distribuir información. Así encontramos lo que podríamos llamar la anti‑colección: un inmenso cajón de sastre sin control ni organización, con sistemas de búsqueda deficientes y sin instrumentos que ayuden a valorar la información recuperada.

2. Suposición de veracidad que tienen (tenemos) los usuarios de la información recibida por internet.

De la misma forma que sucede con los medios informativos en general, se tiene la tendencia a considerar cualquier información obtenida mediante un ordenador y, en particular, la de internet, como veraz. "Si está en internet debe ser verdad".

Por alguna razón, una gran parte de los usuarios tiende a ser muy poco crítica con la información que se distribuye a través de internet y a darle mucha más credibilidad de la que los recursos accesibles merecen. Estas suposiciones tienen efectos negativos en el comportamiento de búsqueda de información, y consecuencias importantes en los procesos de toma de decisiones puesto que la sobreabundancia de información produce el mal uso o la omisión de recursos que podrían ser vitales para dichos procesos.

Froehlich explica varios ejemplos, pero el resumen sería: la tendencia natural a reducir el esfuerzo hace que el resultado de las búsquedas sea superficial y, por tanto, afecte negativamente al trabajo que se deba llevar a cabo.

3. Problemas derivados de las búsquedas sin intermediarios.

Los productores y distribuidores de información se sienten orgullosos de ofrecer el acceso a sus productos directamente al usuario final vía internet. Esto, en sí mismo, no sería una mala noticia si no fuera porque, siguiendo también la ley del mínimo esfuerzo al que casi todos nos sometemos, es muy probable que el usuario potencial prefiera utilizar estos recursos desde su casa sin pasar por ningún profesional intermediario.

El problema es que el usuario desconoce su funcionamiento y no sabe de la existencia de otras fuentes similares que puedan complementar la información, ni de la seguridad de haber utilizado la estrategia de búsqueda correcta para la obtención de los resultados más adecuados a sus necesidades de información.

4. Naturaleza discutible de los motores de búsqueda.

Especialmente de los que dan una puntuación que quiere simular lo que en Documentación se llama precisión, adecuación o relevancia. Estos sistemas sólo cuentan la frecuencia de los términos en un documento, por lo que es muy fácil situarlos en un lugar preferente cuando el autor quiere hacerlos llegar a una audiencia determinada.

Pero éste no es el único problema; de hecho nadie sabe cómo se listan los resultados ni en qué combinación se basan, especialmente cuando se trata de hacer una búsqueda un poco compleja.

En los motores de búsqueda falta una normativa de uso que sea general. Algunos permiten búsquedas booleanas (Infoseek), otros admiten operadores de posición (OpenText), otros truncan los términos automáticamente (Lycos) y algunos no hacen nada de esto. Otro problema son las mayúsculas y minúsculas: para algunos esto es indiferente (OpenText) y para otros no (Infoseek).

Y esto sin contar los intereses comerciales que hay tras los localizadores: cuanto más pague la empresa, más arriba saldrá su URL.

Con todos estos problemas, ¿cómo puede el usuario final saber si lo que ha obtenido vale la pena?, ¿cómo sabe si ha mirado en todas partes?

En la internet actual nadie puede responder con seguridad a estas preguntas pero, al menos, un profesional de la información tiene los conocimientos necesarios sobre la variedad de recursos existentes en un área concreta.

5. Tendencia general a utilizar el trabajo intelectual como bien de consumo.

Internet se está convirtiendo en un gran centro comercial en el que la presencia de una determinada institución, comercial o no, se contempla sólo como una vía de acceso al consumidor, y en el que se acepta como valor principal la calidad de su diseño, la rapidez de conexión o el número de gráficos y tablas. Muchos hasta ponen sus propios motores de búsqueda o gestores internos de bases de datos, pero pocos hablan del contenido, de su valor, de la permanencia en el tiempo y el lugar.

6. Comercialización y consumismo

Disminución e, incluso, ignorancia de los temas de interés público y erosión de la identidad cultural como consecuencia de la orientación básicamente comercial de internet. Los temas de interés público pero que no son comercialmente rentables tienden a obviarse. Además, al ser los países ricos los mejor preparados tecnológicamente, se produce una invasión cultural que va minando las identidades locales de menor poder en la Red.

Froehlich destaca la importancia que los profesionales de la información deberían tener en el entorno internet, desarrollando estrategias, instituciones y estructuras que ayuden a contrarrestar los efectos negativos descritos.

Su postura es defender claramente el papel educativo que los documentalistas deben asumir en el uso de internet.

Marta Jordà Olives. U. d'Informació. Agència de Recerca i Docència. Hospitals Vall d'Hebron. Barcelona.

marta@ar.vhebron.es

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