El profesional de la información


Mayo 1998

La informacion bibliografica aplicada a la practica medica

Por Mercedes Rodríguez del Castillo Martín

Resumen: El fin principal de una biblioteca de hospital es suministrar la información de apoyo necesaria para aumentar la calidad de la atención al enfermo. Este objetivo se intenta alcanzar por un lado dando los servicios necesarios para mantener actualizados los conocimientos médicos y, por otro, facilitando información específica que ayude a establecer un mejor diagnóstico o tratamiento en un caso clínico concreto. Desde que existe la figura del bibliotecario de hospital, pasando por la del bibliotecario clínico, hasta llegar al reciente paradigma que se ha dado en llamar "medicina basada en la evidencia", el bibliotecario de hospital ha debido ir actualizando, incrementando y profundizando sus conocimientos para colaborar dentro del equipo multidisciplinar que integra el hospital, cuya misión es ofrecer la mejor atención sanitaria a sus pacientes.

Palabras clave: Información bibliográfica, Bibliotecas biomédicas, Bibliotecario-documentalista médico, Medicina basada en la evidencia, Información biomédica.

Title: Bibliographical information in clinical practice

Abstract: The most important objective in a hospital library is to provide information to physicians to keep them informed of advances in medical knowledge and to provide specific information for clinical problem-solving. Hospital librarians services must provide highly specific, case-related medical literature searches in a manner that permits the information obtained to influence ongoing case management. Starting with first hospital librarians, and continuing through the clinical librarians of the last decade, until now, with the new paradigm called Evidence Based Medicine, physicians need expert librarians to bridge the gap between the volumes of literature available and its relevance to health care.

Keywords: Bibliographical information, Medical libraries, Medical librarians, Evidence based medicine, Health care information.

El fin de la biblioteca biomédica de un hospital es suministrar a todos los profesionales de la institución -médicos, enfermeros, farmacéuticos, gestores, psicólogos, etc.- la información de soporte necesaria para cumplir tres objetivos básicos: práctica asistencial, docencia e investigación.

Mercedes Rodríguez del Castillo MartínEs, por tanto, una biblioteca de ciencias de la salud ubicada en el ámbito del hospital, que participa de todas las características generales comunes a ellas; presta los mismos servicios y cuenta con el mismo tipo de fondos.

Sus peculiaridades corresponderían principalmente a la organización interna ya que el matiz añadido, y que a nuestro juicio le otorga una especial importancia dentro de las bibliotecas de ciencias de la salud, es que, aparte de apoyar con la información necesaria a la investigación y docencia que se realiza en el hospital, debe ayudar a mejorar la calidad del cuidado al paciente.

A este respecto la información se suministraría:

  • de forma continuada, manteniendo al día los conocimientos de los profesionales; o
  • en casos puntuales a la hora de ayudar a establecer un diagnóstico o un tratamiento para un caso clínico concreto.

El impacto de la biblioteca de hospital en la toma de decisiones clínicas ha sido analizado ampliamente en los últimos años, y son ya clásicos los estudios realizados por autores como Haynes, Marshall o Garfield1,2,3, por mencionar algunos de ellos; el trabajo de Robert Veenstra, del Hospital de Hartford de Connecticut, hace una revisión de la literatura que documenta la importante contribución de las bibliotecas de hospital en el cuidado del paciente4.

Por ello, es posible que las características que mejor definan la biblioteca de hospital sean el dinamismo con que tiene que organizar sus tareas en la transferencia del conocimiento, y el rigor científico y exhaustividad que deben estar presentes en la información que provee.

Los bibliotecarios de hospital tenemos a menudo ocasión de comprobar la importancia de la rapidez con que se precisa la información, especialmente cuando se trata de casos relacionados directamente con la atención del paciente. Por otra parte, esta información debe recabarse con la máxima calidad posible: exhaustiva, actualizada, pertinente, concreta y científicamente contrastable, por mencionar algunos de los atributos necesarios.

Los avances revolucionarios en investigación genética y biológica están cambiando la práctica de la medicina. La cantidad de información actual que se genera es inabarcable; se calcula que la literatura médica crece un 6-7% al año, por lo que se dobla cada 10-12 años, estimándose en 25.000 las revistas que se imprimen anualmente5.

Y no parece que esta producción vaya a decrecer, de modo que es un serio problema para la práctica médica. Si la información no es sintetizada, almacenada y gestionada, los canales de comunicación se colapsarán y se perderán sus aplicaciones potenciales.

La dificultad que presenta el uso de la bibliografía aparecida en las publicaciones periódicas para solucionar problemas clínicos estriba, sobre todo, en el tiempo que se necesita para revisarla y recoger la información apropiada. Los sistemas de recuperación de información electrónicos han venido a solucionar el problema de acceder a las referencias bibliográficas y a los resúmenes de artículos, incluso a los artículos completos que puedan ser aplicados a situaciones concretas.

Esto hace que la biblioteca de hospital hoy deba ser mucho más que una colección ubicada en unas instalaciones más o menos adecuadas: ha de ser el punto a partir del cual el usuario encuentre toda la información que necesita en óptimas condiciones. Así, lo que tradicionalmente se ha llamado "biblioteca" de hospital debe ser actualmente un servicio de información y documentación especializado destinado a conseguir la información que sus usuarios precisan, que utiliza distintas tecnologías y soportes -papel y electrónicos- que de momento coexisten, y dirigido por auténticos profesionales que gestionen este servicio y que guíen a sus usuarios en el actual mar de información disponible.

La información en la práctica médica. La medicina basada en la evidencia

Dentro de la actividad de estos profesionales, y en la faceta de proveedores de información bibliográfica para ser aplicada al cuidado del paciente, en las últimas décadas se ha desarrollado una figura específica: la del bibliotecario médico clínico, concepto que expuso Lamb en 19716.

Su misión fundamental es suministrar información muy específica a los médicos en el tratamiento de un paciente. El bibliotecario clínico acompaña al equipo cuando pasa visita, en las sesiones clínicas, conferencias médicas y otras actividades, lo que le permite adquirir un conocimiento exacto del medio y el modo en que puede contribuir con su participación dentro del equipo.

Según relata Kay Cimpl, desde principios de 1970 la forma de aplicar los cuidados de salud incluye la formación de equipos multidisciplinares formados por médicos, farmacéuticos, enfermeros, nutriólogos, trabajadores sociales y psicólogos. Los bibliotecarios vieron la oportunidad de ocupar un lugar como especialistas en literatura biomédica que acompañan a los médicos en su visita al enfermo y después vuelven a la biblioteca para buscar la bibliografía pertinente relacionada con el caso concreto.

Los conocimientos que adquieren los bibliotecarios en estas actividades les ayudan a entender, analizar y responder con eficacia a cuestiones clínicas específicas con información seleccionada cualitativamente. Localizan información actualizada, ahorran tiempo al médico, e incrementan el uso de los recursos de la biblioteca por parte de éste.

Pero abundando en esta tendencia, durante los últimos años se ha acuñado un nuevo término que ha adquirido la categoría de auténtico paradigma a la hora de entender la actualidad en Medicina. Este concepto se conoce como medicina basada en la evidencia científica (MBE), que ya figura como descriptor en los Medical Subject Headings (MeSH) de la National Library of Medicine de los EUA8.

La evidencia científica es el conjunto de estudios con suficiente rigor metodológico en los que se hayan demostrado los beneficios prácticos de las terapias9. El origen de la MBE va ligado a los nuevos métodos epidemiológicos y estadísticos en la investigación clínica, principalmente en ensayo clínico aleatorizado y el meta-análisis y la revisión sistemática de la bibliografía. Su objetivo es contar con la mejor información científica disponible (la evidencia) para aplicarla a la práctica clínica.

La medicina basada en la evidencia utiliza una serie de estrategias en las que se incluyen la rápida recuperación de publicaciones y estudios que resulten directamente relevantes al problema clínico que se le plantea, la revisión crítica de estos estudios, y la aplicación de los resultados de los mejores trabajos en relación con el problema clínico. Todo este proceso conlleva la aplicación del método científico en la determinación del tratamiento óptimo para cada paciente.

De este modo la medicina basada en la evidencia se fundamenta en la sistematización de un proceso de búsqueda de información pertinente para ser aplicada a casos clínicos concretos, que se esquematiza en cuatro pasos:

  1. formular una pregunta clara a partir del problema clínico que se va a analizar;
  2. buscar sistemáticamente la evidencia disponible de la bibliografía para identificar los trabajos relevantes;
  3. evaluar la evidencia científica, analizando la validez y utilidad de los resultados descritos, y
  4. poner en práctica los hallazgos obtenidos.

Sin embargo es obvio que para que la información recogida reúna todas las garantías de calidad, relevancia y rigor científico, con objeto de que pueda ser utilizada para el mejor tratamiento del paciente, han de aplicarse unas técnicas de búsqueda que hagan posible recoger entre el ingente volumen de información existente aquella que realmente va a ser la necesaria.

El bibliotecario-documentalista de hospital

Es aquí donde el bibliotecario-documentalista de hospital ha de poner en juego todos sus conocimientos y destrezas, lo que hace que cada vez sean más necesarios profesionales altamente cualificados, expertos en información sobre ciencias de la salud y en sistemas de gestión y recuperación de la información, y que reúnan los conocimientos que les permitan distinguir entre los diferentes tipos de trabajos científicos adecuados para cada caso.

Puesto que el resultado de una búsqueda varía ostensiblemente en función de si la efectúa o no un experto, es preciso tener en cuenta cómo está construida y estructurada cada fuente de información, conocer la totalidad de los recursos que ofrezca.

Los facultativos son cada vez más conscientes de la importancia de la destreza en la búsqueda del conocimiento médico y de las habilidades necesarias que les ayuden a aumentar su potencial cognitivo, y así quedó demostrado en un estudio, de obligada referencia, realizado por Williamson y colaboradores, sobre más de 700 médicos, en el que se llegó a la conclusión de que "los profesionales de la medicina requieren una ayuda sustancial para cubrir sus necesidades de información científica"10.

Por ejemplo, en lo que respecta al uso correcto de la base de datos Medline, la más utilizada en el área de la biomedicina, se hace imprescindible alcanzar un buen conocimiento de su construcción y posibilidades.

Es necesario tener en cuenta muy diversos aspectos, como son: el uso del thesaurus, que contiene más de 17.000 términos, a los que se añaden los nuevos conceptos que van apareciendo cada año, así como las modificaciones; saber localizar el término preciso usado para representar un concepto, así como diferenciar los campos temáticos; y poseer la capacidad de distinguir entre aquellos términos que son significativos y los que no lo son, ya que algunos vocablos que el usuario no experto emplea pueden resultar carentes de sentido por ser demasiado inespecíficos.

Igualmente es necesario el uso de subheadings (subencabezamientos) para limitar la recuperación de la información a aspectos específicos de un tema, como pueden ser diagnóstico, epidemiología, etiología, genética, etc.; el grupo de términos check tags (etiquetas), que designa atributos muy amplios del contenido de los artículos como p. ej. regiones geográficas, género, grupos de edad, etc.

Todo esto y más forma parte del entrenamiento de un experto que ha conseguido su destreza a base de estudio y experiencia, y que no es posible improvisar.

No hay duda, por tanto, de que el bibliotecario médico debe reunir, hoy más que nunca, una serie de capacidades que le permitan no sólo gestionar y manejar información estando al tanto de los actuales y diferentes sistemas de acceso y recuperación de la misma, sino también, y quizás lo que resulte más fundamental: entender la información que gestiona.

Para ello, tanto el lenguaje documental como, por supuesto, el conocimiento de idiomas, y muy especialmente la lengua inglesa en la que aparecen publicados la mayoría de los trabajos sobre biomedicina más relevantes, son imprescindibles, así como poseer conocimientos de metodología y técnicas de elaboración del trabajo científico.

A principios de la década de los noventa la Medical Library Association desarrolló "The task force on knowledge and skills" (Grupo de trabajo sobre conocimiento y destreza), consciente de que los cambios producidos en el mundo de la información han condicionado la formación de los bibliotecarios; pero, como analiza Bruade11, es imprescindible (no podría ser de otra manera) la incorporación de las tecnologías al funcionamiento cotidiano de las bibliotecas y servicios de documentación, ya que esta profesión se desarrolla dentro un medio en expansión.

En España, existen autores como Ribes Cot que, en un documentado estudio sobre la formación del bibliotecario médico enumera una serie de facetas que debe presentar el perfil de este profesional en la actualidad. Menciona en primer lugar la importancia de la formación continuada para mantener actualizados sus conocimientos al ritmo de su entorno, y hace hincapié en la necesidad de una buena preparación en aspectos tales como gestión y administración, idiomas, terminología, conocimiento de conceptos básicos en medicina, técnicas de enseñanza, metodología de la investigación, conocimiento de las actuales tecnologías, y técnicas de marketing12.

Dentro de todas estas tareas habituales de los bibliotecarios-documentalistas de hospital, quizás convendría incidir en una que se ha potenciado durante los últimos tiempos: como expertos en recuperación de información, han asumido la formación de sus usuarios en la utilización correcta de las bases de datos a fin de que consigan búsquedas exhaustivas y precisas.

El aspecto docente de los bibliotecarios-documentalistas de hospital ha tenido un amplio desarrollo sobre todo a partir de los años noventa, con la generalización del uso de las tecnologías, convirtiéndose en una de sus actividades cotidianas.

En un reciente estudio sobre las bibliotecas de hospital de España se encontró que el 64% de los bibliotecarios acostumbraba a instruir a sus usuarios en la utilización de bases de datos13, práctica generalizada en otros países como Estados Unidos, Canadá o Australia, donde esta actividad figura en sus respectivos estándares de bibliotecas de hospital.

Pero incluso después de formar usuarios finales capaces de realizar sus búsquedas, cabría destacar la faceta que desempeñan como asesores del usuario final, puesto que los bibliotecarios-documentalistas poseen el conocimiento y la formación con respecto a la nomenclatura, jerarquías conceptuales, fuentes, recursos, etc., que servirán como un puente entre los sistemas de información y sus usuarios. Así es habitual que sean consultados constantemente para elaborar una estrategia de búsqueda acertada, la elección de un descriptor, la base de datos apropiada, etc.

De todas estas observaciones, a las que sin duda podrían añadirse otras muchas más, podemos deducir que el bibliotecario-documentalista de hospital tiene ante sí un campo de actividad a desarrollar realmente significativo, formando parte del grupo multidisciplinar de profesionales implicados en la misión de ofrecer la mejor atención sanitaria a la comunidad.

Desde el punto de vista profesional tendrá la oportunidad de ocupar un puesto relevante en su institución si es capaz de ofrecer sus servicios como el proveedor por definición de la información en un ámbito en el que ésta resulta esencial.

Bibliografía

1. Haynes, B. et al. Online access to Medline in clinical settings. A study of use and usefulness. Annals of Internal Medicine. 1990, n. 112, pp. 78-83.

2. Marshall, J. The impact of the hospital library on clinical decision making: the Rochester study. Bulletin of the Medical Library Association. 1992, n. 80, pp. 169-178.

3. Garfield, E. Decisiones en Biomedicina: ¿se mantendrán las bibliotecas hospitalarias al día en la era de la información? Cuadernos de Salud. 1991, n. 3, pp. 79-81.

4. Veenstra, R. Clinical medical librarian impact on patient care: a one year analysis. Bulletin of the Medical Library Association. 1992, n. 80, pp. 19-28.

5. Gol Freixa, J. M. Bienvenidos a la medicina basada en la evidencia. Jama (ed. esp.). 1997, pp. 5-14.

6. Lamb, G. A decade of clinical librarianship. Clinical Library Quarterly. 1982, n. 1, pp. 2-4.

7. Cimpl, K. Clinical medical librarianship: a review of the literature. Bulletin of the Medical Library Association. 1985, n. 73, pp. 21-28.

8. Parada, Antoni. Información sobre ensayos clínicos. Information World en Español, n. 49, noviembre de 1996, p. 13-14.

9. Jovell Fernández, A. J. Avanzando hacia una sanidad mejor: Decisiones fundamentadas en la evidencia científica. Anales del Sistema Sanitario de Navarra. 1997, n. 20, pp. 145-154.

10. Williamson, J. W.; German, P. S.; Weiss, R.; Skinner, E. A. y Bowes, F. Health science information management and continuing education of physicians: a survey of US primary care practitioners and their opinion leaders. Annals of Internal Medicine. 1989, n. 110, pp. 151-160.

11. Braude, R. y Samuel, J. On the origin of a species: evolution of health sciences librarianship. Bulletin of the Medical Library Association. 1997, n. 85, pp. 1-10.

12. Ribes Cot, M. F. El bibliotecario médico del año 2000. VII Jornadas de Información y Documentación en Ciencias de la Salud. Granada, 6, 7 y 8 de noviembre de 1997.

13. Rodríguez del Castillo Martín, M. Las bibliotecas de ciencias de la salud. Estudio de la situación en los hospitales de España (tesis doctoral). Universidad de Granada, 1996.

Mercedes Rodríguez del Castillo Martín. Biblioteca General del Hospital Virgen de las Nieves, Avda. de las Fuerzas Armadas 2, 18014 Granada.

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