El profesional de la información


Marzo 1998

El futuro de los bibliotecarios

Por Miguel Jiménez Aleixandre

Desde hace 15 años los bibliotecarios además de seguir realizando las tareas tradicionales han asumido otras nuevas actividades. En compensación, el estatus profesional ha mejorado, en especial en las bibliotecas universitarias.

Por una parte están ilusionados pensando que el futuro pasa por ellos, pero por otra están abrumados por el caudal de novedades técnicas. También los lectores han cambiado sus hábitos, sus exigencias y sus posibilidades de acceso a la información. Ello conlleva la necesidad de la adecuación de los servicios de las bibliotecas a la nueva situación, percepciones y gustos del público lector.

Los principales objetivos que se han fijado los bibliotecarios son:

  • consolidar la automatización de las bibliotecas;
  • que los catálogos admitan la consulta con protocolo Z39.50 y que la búsqueda simultánea en varios catálogos se pueda luego tratar conjuntamente;
  • que los sistemas de consulta de catálogos, bases de datos y otros recursos de información, tiendan a interfaces sencillas y uniformes.

Las publicaciones electrónicas plantean tanto oportunidades como problemas, y los bibliotecarios se ven obligados a analizar las nuevas ofertas. En unos casos deciden integrar las novedades a sus servicios, en otros entablar competencia con ellos y en otros abandonar total o parcialmente una parcela que les era propia hasta este momento.

Hace años surgió a nivel internacional la discusión sobre las relaciones que debían mantener las bibliotecas con los centros de cálculo o servicios de informática. Hoy en día está claro que si el futuro de las bibliotecas pasa por el uso intensivo de las tecnologías de la información, el de estos centros de informática pasa por potenciar los servicios de acceso a la información. Por ello las propuestas de establecer alianzas, coordinación o incluso integración son dignas de la mayor atención.

Continua adaptación al cambio

Para afrontar el futuro el bibliotecario deberá tener una titulación universitaria de primero o segundo ciclo y unos conocimientos profundos de biblioteconomía y documentación. El dominio de idiomas, especialmente el inglés, es aún la asignatura pendiente, y es de esperar que esta grave carencia se corrija en algún escalón del sistema escolar o universitario. En el tema informático y de las tecnologías de la información la base de conocimiento debe ser sólida y amplia ya que lo fundamental es la capacidad de adaptarse continuamente a la aparición de novedades.

A medida que se vaya operando la transición de las bibliotecas de conservación a las de difusión de la información, y de éstas a las bibliotecas como lugar de acceso a la información -se encuentre donde se encuentre-, cada vez más la gestión de servicios será una cualidad más necesaria.

Las asociaciones profesionales deberán pasar a ser impulsoras de la modernización continua de las destrezas de la información y se están convirtiendo en garantes del reciclaje permanente. También reúnen las mejores condiciones para cumplir el papel de creadoras de una opinión común, tan necesaria en un período como el actual de cambios acelerados, de surgimiento de novedades profesionales y técnicas casi constante. Si consiguen mantenerse autónomas e independientes podrán desempeñar el papel de grupo de presión organizado y transparente, multiplicando así la influencia social de la profesión.

En cuanto a la defensa del profesional es fundamental que las asociaciones estén atentas al mundo del trabajo en general, preocupándose de fijar unos principios de comportamiento ético y de sentar unos procedimientos que certifiquen el buen saber hacer. La profesión de bibliotecario no sobreviviría en el mundo actual mediante procedimientos de blindaje corporativo.

Miguel Jiménez Aleixandre. Biblioteca. Univ. Autónoma de Madrid. Carretera de Colmenar Viejo, Km. 15. 28049 Madrid.

Tel.: +34-1-397 43 99; fax: 397 50 58

miguel.jimenez@uam.es

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