El profesional de la información


Abril 1998

La calidad de los congresos

Un nuevo debate se iniciaba en IweTel con el mensaje de Pedro Hípola:

"Hace unos días asistí a las Jornadas Catalanas de Documentación y quiero hacer un comentario. No deseo centrarme en la organización: la opinión general es que fue magnífica. Mi idea es 'dar vueltas' al tema de la calidad de los trabajos publicados en las Actas, que estoy leyendo ahora poco a poco.

He oído a muchos colegas comentar que el nivel de 'calidad' de los trabajos publicados en los congresos celebrados en los últimos años dentro de España estaba siendo cada vez más 'pobre'.

Se produce quizá una paradoja: indudablemente el nivel de preparación de los profesionales ha subido mucho como media en los últimos años. Sin embargo abundantes voces comentan que la mejora no se refleja en muchos 'papers' de congresos.

En comparación con la tónica general de los congresos que sobre nuestra profesión se celebran en nuestro país, me parece que el nivel de estas Actas es, a mi juicio, superior, lo cual me alegra.

Pero, volviendo a la tónica general: ¿realmente hay una sensación de que es baja la calidad de los congresos? Si es así, ¿hay de verdad poco nivel o es que somos más 'críticos'?".

phipola@ugr.es

Gerardo Seoane relataba: "Hace poco me pasé por Technological, unas jornadas de tecnología en redes y comunicaciones organizadas por el Grupo Payma al que ahora pertenece Chemdata. Estaban presentes dos prestigiosas conferenciantes de documentación con dos conferencias muy interesantes (ambas magníficas: Marian Palacios y especialmente Paloma Portela). Además de sus compañeros de trabajo sólo acudimos dos o tres especialistas en información (o documentalistas, o lo que sea).

Ambas personas empezaron sus conferencias diciendo lo extraños que se sentían entre tanto informático.

Esto viene al caso por varias cosas:

El debate actual en Iwetel sobre la figura del documentalista, bibliotecario etc., y, por otro lado, sobre este correo y algunos más del día de hoy y otros días sobre tejuelos, CDU, calidad en los congresos, etc., y por el actual congreso en el que estoy inmerso, Eoconsid 97, del cual a 16 días de su comienzo no sé casi nada. ¿Congreso sobre gestión del conocimiento?, donde vuelve a estar presente la CDU, lenguajes coordinados, formación académica, etc., cuando deberíamos estar hablando de las teorías de Peter Senge, Negroponte, Champy, etc., modelación, escenarios, contexto, análisis de necesidades, cliente interno, y muchas cosas más de gestión del conocimiento o de gestión (recursos humanos, trabajo en equipo, herramientas y técnicas de planificación, etc. Temas de los que estamos muy necesitados si queremos seguir en el mundo, no sólo del problema de internet -batalla perdida- vive el hombre).

Los congresos son así. Por un lado repetimos los temas de siempre y las personas de siempre. Por otro muchos de nosotros llevamos las transparencias de siempre o casi de siempre y de nuevo sale el tema del futuro de la profesión, de la enseñanza, el tema de la evaluación con muchas cifras que sólo son prácticas en el plano teórico, la calidad con el mismo problema y los temas de gestión de bibliotecas que siguen siendo el 70 u 80% de nuestro día a día. Además mucha gente improvisa y nos apuntamos a temas para los cuales reverdecemos por ahora. Después está lo académico (lo de los planes de estudios sería un tema sobre el que reflexionar con un enfoque más crítico a la luz de este correo de Pedro Hípola) y el marketing personal y organizacional lo cubre todo.

Yo como muchos de vosotros me siento extraño.

Cuando leo las actas, o sin ir más lejos la Revista Española de Documentación Científica, me congratulo con uno o dos temas muy buenos y comento con los amigos de profesión que me siento marciano con el resto.

¿Estamos en crisis o es que ya hay muchas profesiones en lo que creíamos (yo lo creía ingenuamente) que era una o dos profesiones multidisciplinares?

¿Tenemos concepto de profesión?, ¿deberíamos tenerla?, o, lo que todavía parece que no resolvemos, ¿la tienen los demás?

Nuestros congresos (entre otras cosas) son el escaparate que enseñamos a organismos y empresas (o deberíamos enseñar en vez de enseñarlos a nosotros mismos. Ojalá estuviéramos en más Technological) y, en cierto modo, traslucen el presente y el futuro de la profesión (sobre todo para los recién titulados en esos planes tan dispares según la facultad).

Invadamos el Simo, para empezar, de carteles, folletos repartidos a mano entre la gente, conferencias, pasquines, revistas...

gseoane@tecfor.es

Continúa el debate Isidro F. Aguillo argumentando:

"A mi modo de ver hay tres tipos de items que pueden ser presentados a un congreso:

  1. Conferencias plenarias, donde una 'autoridad' reconocida es 'invitada' por el comité organizador a realizar una revisión histórico-metodológico-política de un tema, exponiendo opiniones personales apoyadas en datos no necesariamente originales.
  2. Ponencias 'científicas', resultado de una labor de investigación en marcha o ya finalizada. Deben ser originales en cuanto a resultados y/o metodología, y su presentación formal debe ser homologable a la de un artículo de revista. Las ponencias son pre-seleccionadas según el resumen remitido por un comité científico, que las aprueba o rechaza según su idoneidad y/o calidad.
  3. Exposición de experiencias: casos interesantes que merezcan ser descritos en función de su trascendencia metodológica (adopción de nuevas técnicas) o institucional (implantación de nuevos servicios, impacto en los usuarios, estudios de viabilidad...). Este tipo de ponencias es insólito en otro tipo de congresos, pero debe ser considerado imprescindible en el ámbito de nuestra profesión. Sólo superficialmente podemos considerar estas presentaciones de inferior calidad. La selección se realiza como en el caso anterior.

La 'exposición' de las contribuciones se puede realizar, asimismo, de tres formas:

  1. Lectura y defensa ante el foro. La opción reservada a las conferencias plenarias y a las ponencias que lo requieran (no necesariamente las mejores). También es una opción válida para la presentación de experiencias siempre que se puedan reunir varias comunes bajo la forma de mesa redonda, con posibilidad de discusión al final.
  2. Presentación en paneles ('posters'). Vuelvo a reclamar una mayor atención a esta opción, que puede defenderse para ponencias de trabajos en marcha (no finalizados) o experiencias de menor rango. El criterio corresponde al comité científico, pero también rogaría a los comités organizadores más respeto y atención a estas comunicaciones. Con irritante frecuencia los posters no están situados en lugares oportunos o de fácil acceso y no se deja tiempo (ni se obliga) a los autores a 'estar al lado' de sus obras. Otras, se reduce su presencia a la mínima expresión denigrando a los autores.
  3. Publicación en las actas. El meollo de la cuestión: en mi opinión no todo es publicable. Las actas sólo deberían incluir el texto completo de las ponencias plenarias y el resumen de todas las demás comunicaciones. Los trabajos en marcha deben finalizarse y, al igual que los ya finalizados, dar lugar a artículos de calidad que puedan publicarse en revistas de prestigio. Lamentablemente, a menudo nos encontramos con interesantes trabajos publicados en actas ilocalizables. Quisiera señalar dos importantes consecuencias prácticas de este diseño:
    1. El autor 'importante' que publica en revistas con prestigio y mucho factor de impacto no acude a los congresos nacionales porque 'pierde' su investigación al publicarse íntegramente la comunicación en las actas.
    2. No se publicarían resultados de investigaciones en marcha (no completadas), declaraciones de intenciones para implantación de servicios... en el futuro, estudios de viabilidad o aportaciones similares que suelen implicar un 'menoscabo de la calidad' del congreso (aunque sólo sea subjetivo).

No obstante, es cierto que la calidad de los últimos congresos ha mejorado notablemente y que las causas fundamentales son la positiva evolución de la profesión y la actual profesionalidad de los comités científicos".

isidro@cindoc.csic.es

Manuel J. Pérez Rodríguez nos resume el debate transcurrido hasta el momento de su intervención y contesta: "Gerardo Seoane le toma la palabra a Pedro Hípola y habla sobre la calidad de los congresos. La verdad es que las preguntas de Hípola eran bastante concretas pero eso no quita para que la disquisición de Gerardo tenga su propio interés.

Cuando en los meses de mayo y junio la lista Iwetel nos bombardeaba con tres o cuatro convocatorias diarias de cursos de verano en cuyos títulos se combinaban con muchos equilibrios los términos 'biblioteca' e 'internet', estuve a punto de llamar la atención en la lista sobre este asunto.

Creo que hay que contestar a Pedro que efectivamente la capacidad de 'crítica' ha aumentado en, digamos, la última década pero también que la proliferación de congresos, cursos, seminarios, etc., puede estar sacando al mercado productos cuya calidad no haya sido atendida debidamente.

Seoane se refiere a la dedicación del 70 u 80% de nuestro trabajo al día a día de una manera, que dicho en el contexto en el que lo dice, pareciera un mal. Yo, que por imperativos de la carrera profesional debo dedicar mis días a la gestión -de bibliotecas-, pido que se celebren congresos en los que se propongan mecanismos concretos de gestión, eso sí, innovadores y contrastados. Esto no significa que deje de reconocer la carencia de tiempo que sufrimos a la hora de dedicarnos a planificar pero creo que este problema es más una cuestión de organización del trabajo, la cual, a su vez, está condicionada por la incomprensión de las instituciones -¿podemos decir sociedad?- que nos acogen.

Pues bien, si no tengo tiempo para la planificación, ¿cómo voy a poder atender, en mi trabajo, el plano teórico? El congreso al que se refiere Seoane sobre gestión del conocimiento aterriza, según leo, en cuestiones más o menos prácticas. A mí no me parece mal. Seoane pide teoría. A mí no me parece mal.

En la actual situación, en España, las escuelas y facultades de biblioteconomía y documentación deben ser las encargadas de atender a la teoría -investigación básica- y de enseñar técnicas, métodos, etc. Como gestor -de bibliotecas- también les pido propuestas, también innovadoras y contrastadas, y unos titulados cuya preparación esté acorde con nuestras necesidades de recursos humanos".

Tomás Saorín interviene con experiencias personales y algunas propuestas: "Como en el cuento del rey desnudo, hacía falta alguien que, en voz alta, planteara en el foro la duda: ¿calidad en los congresos?, ¿nos miramos el ombligo?

Yo contaré alguna experiencia personal: por un lado los grandes congresos me empiezan a parecer más una mega-reunión, una exaltación de nosotros mismos, de que existimos, donde el contenido de calidad se diluye muchísimo (cito el último Documat y Anabad). Tendrán su oportunidad y sentido, pero creo que no para la ciencia.

Sin embargo, en febrero de este año, asistí a un congreso en Zaragoza, sobre sistemas de información (Ibersid), de poca publicidad, que duraba una semana, mañana y tarde, y, aunque no pude verlo entero, me pareció interesantísimo: centrado en un tema, tratando muchos puntos, dando oportunidad a gente de desarrollar una idea, etc. Además el trato era muy agradable.

Propongo tres cosas:

  • Hacer desaparecer las comunicaciones de 6 minutos. Es insensato. Para eso mejor un poster, o una cuña publicitaria en la radio.
  • Abolir las sesiones múltiples, que conducen a la paranoia.
  • Invadir, con técnica de guerrillas, todos los foros fronterizos. El Ché bibliotecario.
  • Organizar congresos muy centrados, verdaderamente monográficos. Incluso intentar algo más parecido a los talleres.

Quisiera apoyar las ideas de Isidro Aguillo, sobre todo la publicación selectiva: resaltar lo que de novedoso pueda haberse presentado al congreso".

saorin@redestb.es

Gerardo Seoane vuelve a intervenir diciendo: "Creo que lo único que no quiero es teoría o poca, sin alimentar el espíritu ya se sabe. La concepción de congreso del correo de Isidro y sobre todo de su visión a la hora de publicar las actas, sí la vislumbro en este contexto académico (que no tiene que ser por ello teórico exclusivamente).

Creo que nuestros congresos, como nuestras licenciaturas, están en exceso llenas de academicismo, de técnicas y teorías enmarcadas en el sector público de la profesión, un sector real y necesario, pero ni el único ni el que más puede crecer y ser escaparate de lo que somos en el futuro.

En los congresos y en las publicaciones, sea el ponente del sector público o privado, debería haber un enfoque distinto y, como bien dice Isidro, más compensado de experiencias prácticas, soluciones, etc. Comparemos el 90% de las ponencias, artículos o comunicaciones de los congresos, revistas, etc., de entornos no académicos. Experiencias, aplicaciones, nuevos softwares, desarrollos en entornos y entidades reales, venta (sí, muchas se dedican a vender algo o una organización: qué bien cuando lo podamos hacer en un marco distinto a ferias o presentaciones de productos, como el Online Meeting de los últimos años). Las ponencias de estos congresos (o incluso la de los prestigiosos foros temáticos de médicos, etc.) son (de todo como en botica) de buena calidad y, sobre todo, despiertan interés y hacen que el sector dé un paso adelante en su propio entorno y en el entorno externo.

¿Nuestros congresos lo hacen a corto o medio plazo?

Cuando hablo de Senge, planificación y compañía, no hablo de teoría sino de todo lo contrario. Y sobre todo hablo de conceptos que en ambos planos, teórico y práctico, se desarrollan hoy en día en diversos sectores y para múltiples procesos. Hablo pues en el lenguaje de gestión actual más que en nuestro propio (y por lo tanto cerrado) lenguaje de documentalistas, bibliotecarios, etc. ¿Realidades paralelas? ¿En qué realidad estamos? ¿En qué realidad queremos estar? ¿A qué realidad vamos a mandar a los recién titulados? ¿Les absorberá a todos el sector público o podemos intentar crecer en el privado?...

Muchas personas están modificando la gestión del día a día en sus centros del sector público, todos conocemos a algunos. ¿Son pocos o es que escriben poco o van a pocos congresos? ¿Y experiencias con otros enfoques y de otros sectores?

Por otro lado suscribo las ideas de Saorín y su opinión sobre el congreso de Zaragoza en su correo de hoy

Otro círculo".

gseoane@tecfor.es

Tras un corto reposo en el debate, lo reanuda Tomás Baiget: "Hace unos días Pedro Hípola inició el tema de los congresos que dio lugar a bastante polémica, pero que se centró especialmente en la calidad de las ponencias. A pesar de que el sector evoluciona tan rápidamente, es evidente que hay demasiado congreso y demasiada ponencia diciendo más o menos lo mismo.

Yo quisiera referirme a otro aspecto problemático, que me parece recordar no es nuevo en IweTel -pues ya se trató a raíz de otro Expodoc- como es el de las ferias.

Los expositores de Expodoc, Documat y demás ferias de bibliotecarios-documentalistas se aburren y están verdaderamente hartos de tener que asistir a tanta feria. Van por 'obligación' y porque están 'atrapados' teniendo que hacer acto de presencia, mientras pierden su tiempo y su dinero. Y eso si encima no tienen que aguantar la no profesionalidad de algunos organizadores, muy loables pero aficionados.

Se repiten los comentarios: 'Las mismas caras de siempre', 'Sólo gente sin poder decisorio', 'Esto es totalmente endogámico', etc.

Estos expositores pagan mucho por sus stands (pagan además mucho más por el personal que desplazan allí, con viajes y dietas si son de fuera del lugar) y ayudan a subvencionar los congresos.

Las asociaciones profesionales organizadoras de jornadas viven una temporada a expensas de esos eventos -aunque también hay que decirlo, ellas también aportan muchas horas voluntarias-, por lo cual es difícil romper el círculo vicioso que se ha creado. Y la cosa va a más. Este curso tenemos 2 nuevos congresos: las JaDoc de la Asociación Andaluza de Documentalistas en Sevilla y las Jbclm de Anabad en Toledo.

Quizá algunos digan que 'es su problema' (de las empresas expositoras), pero a mí me parece que es un problema de todos, puesto que directa o indirectamente todos somos la industria de la información. Al menos a mí me resulta incómodo comprobar su malestar cuando hablo con ellos.

Sería deseable para todos que hubiera unas únicas jornadas nacionales. En mi opinión, un Documat anual sería más suficiente. ¿Tendría Fesabid suficiente autoridad sobre sus socios para regular este derroche de esfuerzo jornadístico? ¿Cederían protagonismo las autonomías?".

baiget@sarenet.es

De nuevo Isidro F. Aguillo expone: "Respecto al tema de los congresos, independientemente de la calidad de lo que se presente o discuta, creo necesaria una auto-regulación en un sentido próximo a lo recientemente expuesto por Tomás Baiget. Algunas ideas para dicho 'acuerdo':

  • Reducir al máximo las reuniones "generalistas". He oído comentarios acerca de celebrar un Documat los años pares y los congresos autonómicos los años impares. Me parece razonable.
  • Incrementar las reuniones especializadas, tanto 'académicas' como las destinadas a presentación de experiencias. Estoy hablando de máximo 100 asistentes.
  • Crear un foro especial para las empresas, que podrían asistir a reuniones de las anteriores, pero que dispondrían de un 'mercado' específico. La opción del Simo no es del todo válida, pues es una feria demasiado orientada al público en general. Mi propuesta es recoger la idea más exitosa al respecto en Europa: el Online Meeting en Londres. Vengo acudiendo ininterrumpidamente desde hace varios años y me sigue pareciendo la mejor feria para nuestra profesión. Los organizadores, Learned Information, hacen un excelente trabajo y son lo suficientemente inteligentes como para considerar maduro el mercado español y arriesgarse a una feria en Madrid, aunque sólo sea como experiencia piloto".

isidro@cindoc.csic.es

A la luz del mensaje de Isidro, contesta Gerardo J. Rodríguez Seoane:

"- Creo que sería necesario coordinar los congresos. Por lo menos (de no poder ser por ambas partes, organizaciones y académicos) los apoyados por las organizaciones u asociaciones profesionales, dibujando un mapa anual de congresos en un sentido parecido a éste:

*Congresos de ámbito nacional e internacional

*Congresos autonómicos

*Congresos más restringidos geográficamente (no sé si este apartado sería posible o razonable).

Dentro de ellos definir los que tienen más de un 80% de aportaciones especializadas (congresos especializados) y los que son más generalistas. Definiendo también el mínimo de ponencias prácticas y espacio reservado para nuevos temas y ponentes.

Hacer un libro blanco que defina estrategias prácticas para incorporar a nuestros congresos especializados a ponentes de otras áreas y países (especialistas de empresa y administración principalmente. Creo que es más fácil en el ámbito académico y ya se cuenta con profesores de otras áreas y países). La segunda parte del libro se dedicaría a fomentar la inclusión de ponencias promovidas e incluso subvencionadas por las asociaciones (entre los mejores artículos, ponencias en congresos, tesinas, tesis, etc., contando con la opinión de los asociados, entidades y departamentos), en congresos de otras áreas, por ejemplo de temas de gestión de empresas, informática y comunicaciones, administración, etc. La tercera unir fuerzas para invitar (y/o estar presente en los suyos) a personas y organizaciones relevantes de las administraciones y el sector privado a nuestros congresos y ferias y definir estrategias para ello. Por último, trabajar en unir fuerzas para estar representados en las ferias de otros sectores y estudiar las características de las secciones de ferias dentro de nuestros congresos y la relación con proveedores de espacios, etc., definiendo de manera abierta (por lo menos para difundir entre otros sectores) una feria de la profesión apoyada por todas las organizaciones e instituciones públicas (universidades, ministerio de cultura, entes autónomos, etc.), anual o bianual.

Definir anualmente los temas mínimos de los congresos especializados y los generalistas (sobre todo los primeros), sus fechas y su rotación geográfica. Recogiendo, tanto en comunicaciones regladas de cada organización con sus asociados, expertos de otras áreas y personal asistente a congresos del año anterior, las materias de interés para futuros congresos.

Recoger en un documento de calidad qué personas (cargos genéricos de universidades, empresas y organizaciones u asociaciones) y qué indicadores mínimos (tema de interés recogido por las encuestas anteriormente citadas, novedad, apertura a otros sectores, aplicación práctica, aportación importante al desarrollo de técnicas u enseñanzas, enfoque expositivo, prestigio reconocido del conferenciante en el entorno académico profesional o en la empresa, etc.) son los necesarios para aceptar aportaciones a congresos. Y apoyar este documento (tras enviárselo a los asociados y recoger sus opiniones) los más ampliamente posible. Pudiendo medir después (por los propios asistentes) los congresos celebrados, para así mejorarlos continuamente.

Todo lo anterior, apoyado por todas (o todas las que quieran) las organizaciones, asociaciones, (entidades, departamentos) de la profesión. Definiendo un mapa mínimo y coordinado de congresos y feria anual para el estado, apoyado por todas y, a la luz de lo comentado en el párrafo anterior, avalando un mínimo de congresos de calidad (podríamos incluso inventar un sello de congreso de calidad avalado por tales asociaciones, pero esto habría que hacerlo con cuidado, gratuitamente y contar con la opinión de los asociados).

El número de congresos debería ser pequeño y ello no excluye que haya otros congresos y que alguno se incorpore por su calidad o novedad a los congresos avalados por las asociaciones".

gseoane@tecfor.es

Continúa el debate Josep Vives: "Siguiendo con la problemática sobre la calidad de los congresos, Tomás Baiget apuntaba el sopor que parece que sufren los expositores de las ferias en las diversas jornadas y congresos. Me cuesta creer que una empresa privada acuda a una feria, cueste lo que cueste, si supone a priori que perderá tiempo y dinero. Puede ser que el beneficio de su presencia no sea inmediato y que no se formalicen grandes contratos in situ, pero seguro que a largo plazo les revierte lo invertido. Si no, y dejadme ser malévolo, ¿por qué asisten? El objeto de estas ferias, pienso yo, es ofrecer a los clientes potenciales los últimos productos que distribuyen, y no dar simplemente un catálogo con los servicios tradicionales que ya conocemos.

Si una empresa privada considera que una feria está mal montada y que los participantes son 'sólo gente sin poder decisorio' (cito) o 'las caras de siempre', pues que no asista. Esta decisión imitada por un gran número de expositores haría reflexionar a los organizadores.

No creo que nuestros congresos sean diferentes a los de los médicos o los farmacéuticos, congresos que son subvencionados mayormente por los laboratorios. ¿Lo harían si no les saliese a cuenta?

Por otro lado, parece ser que hay una cierta preocupación por el gran número de congresos sobre nuestra materia. No puede ser malo para la profesión en ningún caso que en lugar de, por ejemplo, 50 intervenciones anuales en nuestro 'mundillo' haya 500. El tanto por ciento de mediocridad -eufemísticamente hablando 'baja calidad'- será el mismo. De aquí que no entiendo la propuesta de organizar unas solas 'únicas jornadas nacionales'. Nacionales o no -y allá cada uno con su idea de nación-, es la famosa ley del mercado la que decidirá qué congreso es más interesante que otro. Es como si los anunciantes se quejaran de que hay demasiados periódicos y que mejor uno de 'nacional'... Cada empresa escoge dónde anunciarse en función de sus intereses y yo compro uno u otro rotativo según mi ideología. El que no sirve, cierra -creo que a esto le llaman ideología liberal-.

No creo que tenga sentido presentar la cuestión como un forcejeo entre Fesabid y las otras asociaciones, como podría deducirse de la pregunta de Tomás. Cito: '¿Cederían protagonismo las autonomías?'. Fesabid no es sino la suma de todos nosotros: andaluces, extremeños, catalanes, vascos, etc.

No sé por qué debemos suponer que tendría más calidad la feria 'nacional' que la que puedan organizar las otras asociaciones. Dependerá del mercado (o nos regimos por la libertad de mercado o nos decantamos por el proteccionismo, pero no las dos cosas a la vez). Ya decidirá cada profesional qué congreso le ofrece mayor calidad.

La calidad de las ponencias, lo siento mucho, pero no es culpa de los autores. ¿Qué culpa tengo yo como autor si me aceptan una bazofia de comunicación. Será responsabilidad de los comités que la escogen, ¿no?".

cec.centre@mx3.redestb.es

A este mensaje contesta Tomás Baiget aclarando punto por punto. A la pregunta de por qué asisten las empresas a las ferias, argumenta: "Pues a largo plazo algunas de esas empresas (pymes en su inmensa mayoría) desaparecen porque no aguantan este (y otros muchos) desgastes. Sólo sobreviven las grandes y las multinacionales." Y afirma que: "el número de stands de las ferias españolas va a la baja."

Por otro lado, frente al comentario de que no tendría por qué tener más calidad una feria nacional, expone: "Por simple concentración de recursos. Es más bien difícil ir por ahí evaluando ferias y congresos. Creo que sería mejor para todos una única feria anual con 100 stands que varias con 20 ó 30. En otros países tienen algunos pequeños congresos locales y sectoriales, pero luego tienen las concentraciones nacionales como IDT en Francia y Online Information en el Reino Unido.

baiget@sarenet.es

Carlota Bustelo Ruesta y Elisa García-Morales Huidobro intervienen de manera conjunta exponiendo el punto de vista de las empresas:

  • "- El 'ecosistema' del sector de la información está formado por una gran cadena de proveedores-clientes, donde las empresas privadas tienen un lugar indispensable.
  • Somos vendedores y a mucha honra. También nos preguntamos si en este ecosistema alguien puede sobrevivir sin 'vender' sus servicios.
  • Además los vendedores de empresas privadas tenemos el mérito o la desgracia (según se mire) de que no tenemos un sueldo asegurado cuando no conseguimos vender nuestros productos.
  • Efectivamente los stands en las ferias y congresos nos resultan carísimos. Probablemente es muy difícil para todos aquellos que están fuera del entorno de la empresa calcular lo que cuesta rentabilizar (ganar dinero limpio, no facturar) cada millón de pesetas que como mínimo cuesta un stand en una feria. Los compromisos de asistencia se basan en las relaciones profesionales que mantenemos todos con muchos de los organizadores, y porque en este momento se nota más la ausencia de un stand que la presencia. Cuando alguien no va (siempre somos los mismos) siempre se piensa que les va mal... Corregidme colegas vendedores, pero dudo que haya existido una sola feria desde hace mucho tiempo que se pueda considerar rentable ni siquiera a largo plazo.
  • Para nosotros sería evidentemente mucho mejor y más rentable la concentración que proponía Tomás. Pero también lo consideramos positivo desde otros puntos de vista: imagen del colectivo profesional, intercambio de conocimientos, etc. Y como empresarias pensamos que la cosa caerá por su propio peso o, lo que lo mismo, por las fieras reglas de mercado. Cuando los congresos dejen de ser rentables por la falta de expositores y participantes, dejarán de proliferar. Mientras tanto a las empresas no nos queda más remedio que elegir muy cuidadosamente dónde repartir nuestros presupuestos de marketing. Esta tendencia ya es clara en las últimas ferias, donde cada vez hay menos stands, y creo que entre nosotros ya son pocos los que pretenden estar en todas".

100623.1675@compuserve.com

Otro mensaje en apoyo de las propuestas de Tomás Baiget es el que se escribe encabezado por la Unitat d'Informació de la Agència per a la Recerca i la Docència en los Hospitals Vall d'Hebró: "Siguiendo con este tema, coincido con Tomás Baiget sobre el excesivo número de congresos en nuestro país y las consecuencias negativas que de ello se derivan. Quiero añadir a lo dicho por Tomás que la 'precipitación' con la que se organizan algunos congresos (4-6 meses) hace imposible o muy difícil su programación dentro de las actividades de formación de los centros de trabajo y, por tanto, no se puede asignar presupuesto para su asistencia. Además, esta 'precipitación' por fuerza ha de incidir negativamente en la calidad de las comunicaciones. Yo votaría a favor de unas únicas jornadas españolas siempre y cuando se dieran unas condiciones mínimas, por ejemplo:

  • Preparación suficientemente anticipada del congreso, y comunicación a todos los medios profesionales relacionados con el mundo de la información.
  • Implicación de todas las asociaciones profesionales de la información (no sólo las estrictamente bibliotecarias).
  • Secciones específicas para cada área temática (Medicina, Industria, etc.).
  • Rotación geográfica de la sede del congreso.

Esto no tendría por qué afectar a la organización de reuniones más especializadas y de ámbito local, pero que podrían quedar en 'jornadas de trabajo' de estructura más simple, tipo mesa redonda sobre un tema concreto.

Referente a las propuestas de Gerardo Seoane, me parecen muy correctas. Yo añadiría la creación de una base de datos que recopilara las referencias de todas las comunicaciones (y si además pudiera ser de texto completo sería fantástico)".

uninf@ar.vhebron.es

Al tiempo de enfriarse el debate envió un último mensaje Jesús Gómez Fernández-Cabrera diciendo: "He sido co-organizador de una de las múltiples jornadas que proliferan en España: JaDoc'97, promovidas por la Asociación Andaluza de Documentalistas. Afirmación que puede parecer la confesión de un reo, a la vista de las abundantes y fundamentadas opiniones que se han vertido en el foro en contra de la abundancia y proliferación de estos eventos en nuestro sector, coincidiendo en el tiempo con los días de celebración de estas I Jornadas Andaluzas.

Yo quiero romper una lanza en favor de la multiplicidad. Mis razonamientos son éstos:

  1. Por supuesto que la calidad de las aportaciones a los congresos debe ser una exigencia prioritaria, cuyo nivel estará en función de los criterios del correspondiente comité científico y será exponente de la cualificación de los profesionales (promotores, autores y asistentes) que participan en cada congreso. No obstante, si hablamos de niveles de calidad, estableciendo unas cotas mínimas, admitamos una gradación.
  2. La existencia de un solo congreso nacional no garantiza el nivel de excelencia que los intervinientes habéis demandado. Esta medida, en todo caso, supondrá un filtro y conseguirá que en ese congreso hagan aportaciones sólo los autores 'importantes'. Yo, por el contrario, considero muy conveniente y positivo que en los distintos ámbitos geográficos y de especialización se propicien las ocasiones de hacer públicas y poner en común nuestras elaboraciones teóricas, proyectos y realizaciones, aunque no alcancen ese nivel de excelencia. Con esto no estoy defendiendo la mediocridad, sino la diversidad y la participación.
  3. Por otro lado, la calidad (de las actas) no lo es todo. Este tipo de encuentros son 'un poco... como... ???... un toro'. El torero (autor) con su mejor o peor hacer tiene una alta cuota de responsabilidad en cuanto al éxito del evento. (Por cierto, para que existan 'figuras' no son suficientes las plazas de primera ya que el 'torero' necesita otros lugares donde 'placearse'.) Por otro lado, como en los toros, el público asistente participa de la celebración, ya que los congresos posibilitan el intercambio, el aprendizaje y el desarrollo de la profesión. Y la calidad no debe medirse sólo por las actas. También debe valorarse la utilidad de mesas redondas, talleres, reuniones, etc., cuya calidad está en función de su rigor, actualidad y utilidad inmediata.
  4. Aunque sea cierto eso de que se ven siempre los mismos en los mismos sitios, no es generalizable. La pluralidad de congresos y la cercanía que esto supone, facilita y potencia la asistencia. Ejemplo: de los 681 inscritos en Documat'96, 40 eran procedentes de Sevilla, mientras que de los 402 inscritos en JaDoc'97 eran de Sevilla 161: hay 121 compañeros/as que han tenido más facilidades para asistir.
  5. La cercanía geográfica y la identificación del congreso con el territorio también tienen su importancia en cuanto a generación de imagen profesional en el respectivo ámbito local y autonómico: impacto en los medios de comunicación, relaciones institucionales, cohesión de los distintos colectivos con la consiguiente identificación de los profesionales con su profesión, reconocimiento social de personas, asociaciones y centros del sector, etc.
  6. En cuanto al cansancio y malestar de las empresas: está claro que su apoyo económico a los congresos y su presencia en las ferias se rigen por las leyes del mercado, igual que la misma existencia de los congresos. Sin querer rebatir los argumentos que se han expuesto, quiero aportar mi última experiencia que justo va en otra dirección. En la mesa del acto de clausura de JaDoc'97 estuvo presente una representante (electa) de las empresas expositoras, y en su intervención valoró positivamente la presencia de las empresas en la feria, y resaltó la percepción por su parte del crecimiento de la cualificación profesional de sus visitantes, así como la mayor claridad y especificidad de los intereses y demandas de los profesionales.
  7. Todo lo dicho hasta ahora no se contradice con que exista un congreso y una feria 'nacional' potentes. Es un reto que deben afrontar Fesabid y las empresas (y no olvidemos la cuota que le corresponde a la Administración y a los profesionales no integrados en sociedades profesionales). Otro reto es la elaboración de ese libro blanco de congresos, y la programación coordinada de los congresos, propuestas que me parecen muy acertadas y a las que me uno.

amjg@arrakis.es

Resumen realizado para IWE por Cristina García Testal.

testal@uv.es

Enlace del artículo:
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/1998/abril/la_calidad_de_los_congresos.html