El profesional de la información


Abril 1998

Algunos apuntes sobre edicion cientifica electronica y derechos de autor

Por Cristina García Testal y José Manuel Barrueco Cruz

Resumen: La introducción de las nuevas tecnologías en la edición científica ha supuesto cambios sustanciales en la concepción del proceso editorial tradicional y en la aplicación de los derechos de autor. En este artículo se apuntan algunos de los problemas manifiestos en este nuevo modo de concebir la transmisión del conocimiento.

Palabras clave: Revistas electrónicas, Derechos de autor, Comunicación científica, Propiedad intelectual.

Title: Notes on electronic publishing in academia and copyright

Abstract: The introduction of information technologies in the process of scholarly communication has produced important changes in how copyright is applied. This article discusses some of the main problems arising from this new form of knowledge transfer.

Keywords: Electronic journals, Royalties, Scholarly communication, Intellectual property.

Aunque internet ha sido durante mucho tiempo un medio potencial para la edición electrónica experimental, sólo en los últimos años importantes editores y otras instituciones académicas han comenzado a utilizarla, especialmente en sus aplicaciones web, como medio de distribución de sus publicaciones, de forma que puedan abarcar la comunidad científica internacional.

A causa de este estado embrionario de la edición científica electrónica, algunas de sus implicaciones están aún en pañales y muchos problemas continúan sin resolverse. Entre ellos podemos citar: el diseño electrónico, la forma de cobro por el acceso a la información, la garantía de accesibilidad, la disponibilidad de documentos atrasados, el control bibliográfico de las publicaciones, etc.

Pero quizás uno de los temas más confusos, problemáticos y que afecta especialmente al campo de la edición científica, sea el de los derechos de autor.

En ausencia de los viejos continentes de la información, casi todo lo que conocemos acerca de la propiedad intelectual deja de funcionar. La protección que de ésta se desarrollará deberá contar, desde luego, más con la ética y con la tecnología que con la ley.

La certeza es que la forma en que investigadores y científicos están utilizando ahora la ley del copyright, es decir, la práctica social y económica, cambia. Los autores están creando diferentes posibilidades. Se están segmentando los derechos, lo que conduce a un mundo mucho más complicado.

El sistema actual

Cuando hablamos de derechos de autor en el sistema de comunicación científica actual, articulado en torno a las revistas científicas, técnicas y médicas (STM), debemos notar que nos encontramos ante un sistema con unas características propias y diferenciadoras respecto a otros, como por ejemplo la edición literaria, de software o de entretenimiento.

Podemos sintetizarlas de forma básica en el hecho de que, si bien todos los autores están interesados en dar a sus obras la mayor difusión posible, las motivaciones para esta difusión son diferentes. Mientras el autor literario obtendrá, además del reconocimiento de la sociedad, una parte proporcional de los beneficios que origine la venta de sus obras, el autor científico técnico no sólo no recibe una remuneración económica directa por su trabajo sino que además, en ocasiones, debe costear total o parcialmente la publicación del mismo. El autor sólo obtiene un beneficio intelectual o moral: el reconocimiento de la comunidad académica, algo que, no obstante, se traducirá en algún tipo de promoción en su trabajo, mayor facilidad a la hora de obtener financiación para su investigación, etc.

Lógicamente, esta compensación profesional aumentará cuantas más personas tengan acceso a la publicación. Así mientras para el autor literario las copias o reproducciones de forma ilegal de sus obras suponen un cierto perjuicio a sus intereses, para el autor científico dichas reproducciones suponen una mayor visibilidad de su trabajo, que se traducirá en un mayor reconocimiento internacional.

Los autores científicos dan mayor prioridad a la diseminación que a los derechos económicos.

José Manuel Barrueco Cruz y Cristina García Testal

Así funciona

El sistema de comunicación científica funciona de la siguiente manera: un investigador o grupo de investigadores, pertenecientes a una o varias instituciones científicas, realizan un trabajo con objeto de publicarlo en una revista determinada, normalmente aquella que más se ajusta a las características de su trabajo, y obtener así mérito intelectual y difusión entre la comunidad científica.

Siguiendo las normas de publicación de la misma, envían su trabajo, al tiempo que firman un contrato con el editor en virtud del cual renuncian a los derechos de copia sobre el trabajo si resulta publicado. De hecho los editores, en las citadas normas de presentación de originales, ya protegen su revista de problemas por propiedad intelectual, exigiendo trabajos no publicados y en el caso de varios autores la firma de todos.

En tercer lugar el comité científico, formado por reconocidos especialistas en la materia tratada por la revista, realiza una evaluación de los trabajos recibidos, que en ocasiones supone la publicación de sólo un 11% del total de los mismos. El resto permanece fuera de la difusión del conocimiento, por baja calidad o falta de adecuación a la temática de la publicación.

Finalmente, y aquí viene la paradoja, una vez publicado el trabajo, la misma institución científica que ha subvencionado la investigación productora del artículo en cuestión, de la materia prima de la revista, debe comprar esta revista para poder difundir entre sus miembros los resultados.

Utilizando un símil económico diríamos que un país que exporta su materia prima a bajo precio e importa el producto final elaborado a un precio mucho mayor, entra en una lógica de subdesarrollo. Ésta es, precisamente, la lógica que prevalece en la edición científica.

Autor versus editor

Estamos en un sistema en el que aquel que produce información, el autor, es también quien la consume y la paga. Por su parte el editor recibe la materia prima de forma gratuita desde los centros de investigación, la elabora incorporando un determinado valor añadido y la vende a los mismos centros que le han proporcionado la materia prima.

Este sistema, que ha permanecido incuestionable a lo largo de más de 300 años, comienza a tambalearse. En el ámbito del documento impreso, es necesaria la existencia de un intermediario entre autor y lector, que abordará los elevados costes que la tecnología de la imprenta implica: impresión, distribución, etc.

Así el autor entrega los derechos de copia de sus trabajos al editor, quien a cambio los difunde y obtiene un beneficio económico. De esta forma los derechos de copia sirven para proteger los intereses económicos de los editores, y el autor no tiene más remedio que aceptarlos si quiere ver sus trabajos publicados en revistas de prestigio.

Ahora bien, en el ámbito electrónico el autor, al menos en teoría, tiene la posibilidad de difundir sus trabajos de forma rápida, sencilla y barata a una audiencia casi mundial. Una posibilidad que choca frontalmente con las prácticas actuales y ancladas en el pasado de la mayor parte de los editores. Así paradójicamente un autor, tras asignar los derechos de copia a la editorial que ha publicado su trabajo, no podrá difundirlo por su cuenta, por ejemplo a través de su página web personal o de su departamento. Es un trabajo que pasa a ser propiedad de la editorial.

Claramente aquí los llamados "derechos de autor" están siendo utilizados para unos fines opuestos a los intereses del propio autor. Si bien él querría que su obra alcanzara y fuera leída por el mayor número de personas posible, la editorial, protegiendo sus intereses, solamente lo difundirá entre aquellas instituciones suscriptoras de la revista en cuestión, y además prohibirá al autor que lo difunda por su cuenta o que mantenga en cualquier servidor de acceso público una versión del documento.

Frente al estado actual de la ley de la propiedad intelectual existen dos posturas:

  • Los trabajos editados electrónicamente están sujetos a la ley de la propiedad intelectual, ya que están fijados en un medio, y por ello la ley no precisa cambios, pues es aplicable generalmente.
  • El copyright tal como se conoce no es concebible en el futuro y es irrelevante en el medio digital (John Perry Barlow, 1994).

Según Mark Stefik, "el aparente conflicto entre la edición digital y el comercio" puede ser superado por sistemas informáticos rediseñados desde su misma base. Esto descansa sobre dos componentes clave: sistemas de confianza para almacenar la información, y un uso correcto al definir exactamente qué puede hacer un usuario con un trabajo electrónico.

Puede haber dos caminos contra las copias no autorizadas. La primera es una extensión de la situación actual, es decir que copiar no debe hacerse porque está prohibido, y se movilice a la tecnología para reforzar la prohibición.

El segundo camino tiene como objetivo un modelo en el cual las copias no autorizadas no se producen porque, más allá de estar prohibidas no son convenientes: obtener una copia legal es seguro, más barato y tiene un valor añadido. Aquí puede haber o no haber una tecnología que apoye la prohibición. Sería puramente una materia de conveniencia económica.

Lo que es crucial en este caso es que la gente no copiaría ilegalmente porque copiar legalmente es mucho más fácil. El problema es cómo preparar un sistema en el que la manera legal no sea sólo la más fácil sino también la más provechosa.

Principales participantes

¿Cómo afectará la introducción de las redes teleinformáticas a los dos principales participantes en el sistema de comunicación científica?

Desde el punto de vista de los editores la encriptación podrá quizás ser la base técnica de la mayor parte de la protección de la propiedad intelectual. La economía del futuro se basará más bien en la conexión que en la posesión.

Los problemas de uso justo, el concepto cambiante de autoría y la protección de los trabajos de creación, más que de publicación, han introducido serios elementos de inestabilidad en el sistema.

El coste de producción y distribución de una publicación electrónica es sustancialmente menor que el coste de una publicación impresa.

Por otro lado, la distribución electrónica crea nuevos mercados que podrían terminar con el papel de intermediario de los editores o quizás acabar evitando las bibliotecas, y llegando a los investigadores individuales directamente. Si se desarrolla un mecanismo adecuado para rastrear y cobrar por el uso de un trabajo, este nuevo mercado puede generar potencialmente ingresos considerables.

Autores y universidades deberían considerar contratos diferentes de copyright a los que están firmando. Sería recomendable cualquier retención de propiedad por parte de los autores o algún modo de dividir la propiedad del copyright entre profesorado y universidades, suministrada por la universidad para devolverlo ofertando incentivos para la creación.

Autores e investigadores están interesados en cambiar de status quo. Comienzan a conservar más derechos sobre sus trabajos, a segmentar sus derechos y a crear e-journals y prepublicaciones que representan una nueva forma de política del copyright, una que permite un extenso despliegue y copia de sus trabajos.

Conocer quién es el propietario de qué derechos es muy difícil, pero es clave si se entiende que el uso puede necesitar el permiso del poseedor de los derechos de autor.

Por ejemplo, conocer quién posee qué copyright ha sido difícil desde el principio en el medio impreso porque la mayor parte de los permisos firmados y los contratos residen en ficheros de editores y no se puede conocer en absoluto su contenido. Otra certeza es que los autores quieren incrementar las nuevas opciones para la organización del copyright y experimentar un sentido de mayor control sobre lo que sucede con sus trabajos. Los cambios que estamos experimentando son muy positivos, y estamos seguros de que a pesar de todos los argumentos racionales que se puedan hacer sobre lo útil que es tener un editor que administre todos los derechos asociados con un trabajo, no se retrocederá a la transferencia total del copyright de los autores a los editores de artículos científicos.

Los autores deberían poner más atención en las circunstancias que rodean su trabajo, enterarse de las políticas de sus instituciones, leer los contratos de los editores antes de firmarlos, saber lo que significan, participar en los debates sobre el copyright, que están abiertos a todos.

Qué tenemos derecho a esperar

Sin infringir las leyes del copyright, el público tiene derecho a poder:

  • Leer, escuchar o ver públicamente material con copyright, comercializado de forma privada, en el lugar o remotamente.
  • Experimentar con variaciones del material con copyright para proponer usos justos, mientras preservan la integridad del original.
  • Hacer una primera copia generada para uso personal de un artículo u otra pequeña parte de una trabajo con copyright comercializado o un trabajo en la colección de una biblioteca para cualquier propósito como el estudio, la ciencia o la investigación; y
  • hacer copias transitorias, si son efímeras o incidentales para un uso legislado y si se retienen sólo temporalmente.

Sin infringir las leyes del copyright, las bibliotecas no comerciales, en beneficio de sus usuarios, deben ser capaces de:

  • Utilizar tecnologías electrónicas para preservar el material con copyright en sus colecciones.
  • Proporcionar material con copyright como parte del fondo de reserva electrónico.
  • Suministrar material con copyright como parte del servicio de préstamo interbibliotecario; y
  • evitar la obligación, después de dar los consejos de uso apropiados, de supervisar las acciones de sus usuarios.

Los usuarios, las bibliotecas y las instituciones educacionales tienen derecho a esperar:

  • Que los términos de las licencias no restringirán el uso justo u otros legítimos de las bibliotecas o los usos con fines educacionales.
  • Que los trabajos gubernamentales y otros materiales de dominio público estarán disponibles sin restricciones y a un precio que no exceda el coste mínimo de difusión; y
  • Derechos de uso para la educación sin ánimo de lucro tanto si se aplica en el aula como si es un uso remoto cuando la educación deba impartirse a distancia.

En definitiva

En cualquier mercado, si el contenido fuera libre y gratuito, se desalentarían los trabajos redundantes, no habría necesidad de copia o reinvención, y los trabajos de baja categoría con un marketing creado para desviar la atención del contenido también se verían desalentados.

En un nuevo medio digital el mercado de valores intelectuales se bifurcaría entre la posesión de contenidos con un precio y servicios construidos alrededor de contenidos baratos o gratuitos. Un nuevo mercado que distribuiría beneficios de forma distinta a como se distribuyen hoy.

Sin duda, mientras las reglas son iguales para todos el juego es justo. Y las reglas son: copiar contenidos será fácil y aceptable en muchos casos; los contenidos protegidos serán "especiales" y se les presupondrá un alto valor (y esto llegará a suceder si los autores necesitan mantener y alimentar una reputación.

Los contenidos protegidos serán seguidos de cerca y controlados, y su uso será medido. Algunos pagos serán por contenidos, otros por tiempo, otros por transferencia. Este sistema de control podrá ser administrado por eficientes y bien diseñados sistemas informáticos.

Toda la presión económica emergente y las convenciones sociales se desbordarán en la estructura de las organizaciones de este nuevo mundo de la Red, en el que tantas cosas cambian.

La cuestión de qué sucederá con la propiedad intelectual en la Red se puede resumir en esto: el valor cambia hacia la transformación de los bits, más que a los bits por sí mismos, hacia los servicios, hacia la selección de contenidos, a la garantía de autenticidad, información fidedigna acerca de las fuentes y las corrientes futuras. En resumen, la propiedad intelectual se deprecia mientras que se valoran los procesos intelectuales y los servicios.

Futuro de la edición electrónica

Quizá la edición electrónica, con su posible difusión rápida y mundial de la información, rompa el ritual y el formalismo impuesto en el proceso de la publicación impresa. Hasta ahora la edición científica electrónica reproduce en gran parte los esquemas arcaicos de producción, porque nace de editores científicos comerciales o sociedades científicas, quedando los espacios de libertad reducidos al intercambio de ideas en que se ha convertido la Red.

Quizás en el futuro muchos autores romperán estas barreras y publicarán libremente los resultados de sus trabajos, sin intermediarios, bajo el nombre de la institución que los alberga. Quizás las universidades, gracias a las redes y a internet, retomen la vocación editorial que tuvieron a través de las editoriales universitarias. Y quizá esto haga cambiar el hecho de que los trabajos de investigadores de una institución, mantenidos por ella, no estén disponibles si no es a través de pago.

Pero, mientras tanto, una cosa es segura: las editoriales, si de verdad están interesadas en facilitar la comunicación científica, deben adaptar su política con relación a los derechos de copia de los trabajos que publican a las nuevas necesidades y demandas de los autores que comienzan a utilizar un nuevo medio de comunicación. Ello implicaría, como paso básico, el permitir a los autores redistribuir sus trabajos publicados, libremente, a título personal o de la institución donde trabajan, y utilizando los medios electrónicos a su alcance.

Referencias bibliográficas

1. Dujol, Anne. "Revues scientifiques médicales et droit d'auteur". Bulletin des Bibliothèques de France, vol. 41, n. 1, 1996.

2. Forgeron, Jean-François; Haas, Marie-Emmanuelle. "La diffusion de documents électroniques". Bulletin des Bibliothèques de France, vol. 41, n. 1, 1996.

3. Litman, Jessica. Copyright Law and Electronic Access to Information. First Monday, vol. 1, n. 4, 1996.

National Humanities Alliance. "Basic principles for managing intellectual property in the digital environment". March 24, 1997.

4. Okerson, Ann. "Whose article is it anyway? Copyright and intellectual property issues for researchers in the 90s". Notices of the AMS. January 1996.

5. Samuelson, Pamela. "On authors' rights in cyberspace: questioning the need for new international rules on authors' rights in cyberspace". First Monday, vol. 1, n. 4, 1996.

6. Zamparelli, Roberto. Copyright and global libraries: going with the flow of technology. First Monday, vol. 2, n. 11, 1997.

Cristina García Testal y José Manuel Barrueco Cruz. Facultad de Económicas. Biblioteca. Universidad de Valencia. Avda. Blasco Ibáñez 32. 46010 Valencia.

testal@uv.es

barrueco@uv.es

Enlace del artículo:
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