El profesional de la información


Octubre 1997

¿Biblioteca o sala de estudio?

Un interesante debate sobre un problema de siempre en las bibliotecas universitarias tuvo lugar en IweTel de la mano de Francisco López Hernández, que planteaba:

"Estamos en época de exámenes, y siempre que llegan estas fechas surge el problema del poco espacio para estudiar en las bibliotecas. Sobre este asunto me gustaría poner en común con todos vosotros algunas reflexiones.

El 'problema' ha saltado incluso a los medios de comunicación aquí en Madrid. El pasado jueves el diario El Mundo daba la noticia de que 36 jóvenes habían sido identificados por la policía municipal de Móstoles por estar estudiando en la Hemeroteca Municipal, que según la Concejalía de Cultura sólo se puede utilizar para la consulta de periódicos y revistas.

La reacción del Ayuntamiento de Móstoles me parece en todo caso exagerada, pero esta noticia me hace pensar en el concepto que los usuarios tienen de las bibliotecas y otros centros de información. ¿Son sitios a los que acuden en busca de información?; ¿o bien lo único que buscan es un lugar silencioso para estudiar? Si lo que quieren es lo segundo, ¿hace falta que esos lugares silenciosos tengan libros u otros medios de almacenaje de información?

Aquí, en la biblioteca de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Carlos III de Madrid, nos han llegado a sugerir que quitemos estanterías para colocar más puestos de lectura.

¿Creéis vosotros que la sociedad, en definitiva, nuestros usuarios, valoran más que les ofrezcamos unos fondos bibliográficos o unos medios de conseguir información, o bien lo que prefiere es que en las bibliotecas, públicas o de universidades, haya más sitio para estudiar? Las instituciones que mantienen las bibliotecas ¿deben invertir en mejorar los fondos bibliográficos y en hacer más fluida la corriente de información hacia los usuarios, o han de gastar el dinero en acondicionar salas silenciosas donde se pueda estudiar?

Mi opinión es que nosotros debemos ser los primeros interesados en desterrar la idea, a mi juicio equivocada, que se tiene de las bibliotecas como meras salas de estudio donde los libros son sólo unos añadidos que de vez en cuando son útiles (sólo de vez en cuando, pues supongo que nuestros libros de ingeniería o informática de poco servirán a los estudiantes de COU o de derecho que vienen a esta biblioteca sólo a estudiar)".

pacol ARROBA db.uc3m.es

Realmente el problema planteado lo viven todos los centros universitarios, como exponía Antonio Galán Gall: "En respuesta al mensaje de Francisco López, de la Universidad Carlos III, creo que éste es un problema común a casi todas las bibliotecas, que necesita una solución generalizada. Las universidades deben darse cuenta de que los recursos de las bibliotecas no siempre son bien utilizados, pero no es el usuario el culpable, pues si encuentra lugares agradables donde estudiar o reunirse los utiliza y hace bien.

La solución pasa por crear salas de estudio independientes de la biblioteca pero con las mismas comodidades (y tal vez con determinadas obras de referencia). En la Universidad de Castilla-La Mancha nos lo estamos planteando".

agalan ARROBA bibl-cr.uclm.es

De nuevo intervenía Francisco López Hernández: "A fuerza de ponerme pesado, perdonadme que insista en lo que planteé el otro día. La noticia aparece en El País de hoy, en la sección de Madrid. En la Facultad de Derecho de la Complutense la tuna ha cedido la habitación donde ensaya para que la gente estudie. Bueno, no toda la gente, sólo mujeres, que son al parecer más silenciosas. Al margen de lo pintoresco de la noticia, yo quiero subrayar que el periódico dice que 'alumnos de Derecho abren una biblioteca de chicas porque son más silenciosas'. Es decir, un cuarto donde ensaya la tuna es una biblioteca por el mero hecho de que allí va a ir gente a estudiar. Yo me vuelvo a preguntar: ¿sabe la sociedad a la que servimos y que nos mantiene qué es una biblioteca? ¿Es algo que nos debería importar a los que trabajamos en bibliotecas? ¿Acaso deberíamos transmitir a la gente que una biblioteca es algo más que un sitio donde hay espacios silenciosos donde estudiar? Porque creo que mucha gente opina así.

pacol ARROBA db.uc3m.es

Las respuestas no tardaron en sucederse. Ángel Luis Redero Hernández escribía:

"Creo que esta cuestión la tienes que aclarar con el defensor del lector de El País de tal modo que todos los lectores de ese periódico tengan un conocimiento claro de la función de la biblioteca. De todas maneras, quiero decirte que la biblioteca también tiene que dar respuesta a esta demanda social; pero ojo, el que las salas de lectura se conviertan en 'estudiódromos' está en función de que éstas tengan espacios materiales para hacerlo, así como personal para atender a esa demanda. Por ejemplo, una biblioteca pública como la de Salamanca con no más de 20 puestos de lectura no permite el uso como 'estudiódromo' (sería ridículo que lo permitiese cuando casi no tiene sitio para los usuarios que van a consultar sus fondos); sin embargo la Biblioteca Central Universitaria Sta. María de los Ángeles no solamente permite el estudio, sino que con buen tino amplía sus horarios permaneciendo abierta 24 horas diarias en fecha de exámenes. En este segundo caso está plenamente justificado pues no todos los estudiantes tienen las mejores condiciones para el estudio. Muchos comparten piso, otros no tienen calefacción, etc.; no sería lícito que se desperdiciasen todos los metros cuadrados de la biblioteca en esas fechas".

redero ARROBA gugu.usal.es

Asimismo, José Luis Magro intervenía diciendo: "El debate suscitado acerca de si las bibliotecas son salas de estudio u otra cosa, no deja de tener interés. Parece que existe cierto consenso sobre el papel que han de jugar las bibliotecas en las sociedades modernas. Nadie duda de las funciones que tienen encomendadas y de los servicios que han de ofrecer. Eso es, al menos, lo que dice la literatura bibliotecaria y lo que en las reuniones de profesionales se repite de forma recurrente una y mil veces. Hemos creado los bibliotecarios un concepto de biblioteca pensando en lo que es conveniente para la sociedad e interpretando sus intereses y demandas. Se dice con orgullo que somos mediadores o intermediarios entre el conocimiento y los usuarios. De aquí que planifiquemos estupendos servicios de información y que facilitemos el acceso a los materiales bibliotecarios mediante prestaciones in situ y a domicilio.

La realidad, sin embargo, es bien distinta. Frente a la consideración de las bibliotecas públicas como centros al servicio de toda la comunidad donde los intereses de información, estudio y lectura pública de todos los segmentos y colectivos de la población sean atendidos, surge el ejército de estudiantes aguerridos que invaden y toman posesión como cosa propia de todo el territorio bibliotecario. Ya no hacen falta libros, sobra la colección bibliográfica. Basta con sus libros de texto y grandes carpetas de apuntes, todo hermosamente subrayado con mil colores. Ellos han puesto la biblioteca o la 'apunteca' y nosotros la luz, las mesas y la calefacción. La conversión es total. Los estudiantes se transforman en bibliotecarios o documentalistas de sí mismos y los bibliotecarios en servidores sociales, o en asistentes sociales para usar la terminología al uso.

Para los comprensivos con esta situación, habría que pedirles coherencia hasta el final. Suprímanse las bibliotecas. Háganse espaciosas lonjas equipadas de instalaciones cómodas y vayámonos todos a nuestras casas donde tenemos la posibilidad de ejercer nuestro trabajo, en este caso en provecho propio, utilizando la información global que nos ofrece internet. De esta forma contribuimos al bienestar del país al reducir el gasto público en cantidades muy significativas. Si el mantenimiento de la biblioteca donde paso mis días supone un gasto superior a los cien millones de pesetas, el correspondiente en lonja rondaría los tres millones.

La solución al problema es, sin embargo, otra. Corresponde a las universidades y demás centros de enseñanza proporcionar a sus clientes, los estudiantes, esta clase de servicios sociales. La sociedad ha puesto a cargo de esos centros la formación de este tramo de la población. Ocúpense por lo tanto de ellos, así como las bibliotecas públicas han de pechar con el resto de la comunidad. Cierto que los estudiantes tienen derecho, al igual que cualquier otro ciudadano, a utilizar los servicios de la biblioteca pública, pero dejen de reclamar privilegios no bibliotecarios. Tampoco vale lo que alguien afirma: si existe espacio suficiente, no hay inconveniente en que los estudiantes ocupen los puestos de lectura para hacer sus 'cosas'. Esto trae consigo el que el resto de los ciudadanos considere la biblioteca como algo no propio para ellos. Las bibliotecas públicas son cosa de estudiantes, se suele decir.

Por lo tanto, si queremos que las bibliotecas públicas cumplan sus funciones y que los recursos de toda índole puestos a su disposición sean bien empleados, algo habrá que hacer.

Sugiero que siga el debate, que los centros universitarios y sus bibliotecas recapaciten sobre la responsabilidad que les incumbe y que las bibliotecas públicas nos pongamos de acuerdo sobre la viabilidad social de prohibir la entrada en sus instalaciones a los estudiantes con libros y apuntes propios.

josel.magro ARROBA dglabr.mcu.es

M. Soledad Vicente continúa el debate reflexionando: "Indudablemente, la función de una biblioteca universitaria no es la de servir de local para estudio de apuntes en fechas de exámenes, sino otra muy distinta. Sin embargo, la cruda realidad es que también se demanda por parte de los usuarios de nuestras bibliotecas esta función, como una necesidad perentoria. Esto, claramente, se debe a la alta descompensación que existe entre número de puestos de lectura/número de alumnos en la mayor parte de las universidades. Mientras esta ratio no se acerque, ni de lejos, a las recomendaciones internacionales, y mientras los alumnos universitarios, sobre todo en el 1er ciclo, no abandonen sus apuntes para consultar bibliografía e información en cualquier soporte, las bibliotecas universitarias tendremos que asumir además de otras, y quizá como una extensión bibliotecaria, la función de facilitar espacios donde los alumnos puedan estudiar, es decir, facilitar aulas de estudio con un ambiente adecuado.

En la biblioteca en la que trabajo tenemos este problema. Para hacerle frente y ante la imposibilidad, por el momento, de aumentar el número de puestos de lectura, estamos intentando abordar la instalación de zonas dedicadas a ‘aulas mixtas’ con un doble uso: como aulas de estudio en fechas punta y como aulas de informática dedicadas a uso de los alumnos a lo largo de todo el curso académico. Me gustaría conocer la opinión de alguna biblioteca que tenga este tipo de instalaciones para intercambiar opiniones al respecto".

rcb ARROBA eucmax.sim.ucm.es

rcb ARROBA vax.crc.ucm.es

Ángel Luis Redero Hernández contestaba a M. Soledad Vicente diciendo:

"No entiendo cómo se puede decir que ‘indudablemente’ no es esa la función de una biblioteca universitaria para que más tarde admitas que es un servicio que hay que prestar a los alumnos. Es más, apuntas un análisis desde el punto de vista de una administración de biblioteca. Por lo tanto tú misma estás admitiendo que es un tema que compete a la biblioteca (ratio puesto de lectura/ alumno); al que finalmente estáis intentando dar una solución desde la propia biblioteca: hacer salas de estudio o mixtas.

Por lo tanto pensando en las soluciones que propones deduzco que aceptas que el estudio de los alumnos sí es una función de la biblioteca.

No comprendo cómo no se puede permitir al alumno universitario que utilice la biblioteca como lugar de estudio, o sea, como recurso didáctico, aunque la información le venga desde sus apuntes. Recuerda que la biblioteca es algo más que una caja de libros. La biblioteca no es un ente aislado de la sociedad en la que se ubica: ya sabes lo de la teoría sistémica, tan importante en la planificación, y la figura de entorno externo, que indudablemente condicionará la actividad de la biblioteca.

El aluvión de alumnos que en época de exámenes acude a la biblioteca a estudiar, es algo que se tiene que asumir y que un buen administrador de la biblioteca, en el momento de planificar la actividad de la misma tiene que prever. No se puede pasar la patata caliente a otros porque lo cierto es que la biblioteca también es parte del problema. Por tanto si lo que se quiere es echar a los alumnos de la biblioteca a otra parte es preciso que se les proporcione esa ‘otra parte’, cosa que parece estáis intentando resolver.

¿Ves entonces cómo el 'problema', si es que lo hay, es intrínseco a la propia biblioteca y no un mal 'bíblico' ajeno a la biblioteconomía?

Bien mirado, si no hay alumnos universitarios, no hay bibliotecas universitarias".

redero ARROBA gugu.usal.es

De nuevo M. Soledad Vicente aclaraba: "Cuando escribí 'indudablemente no es esa la función de una biblioteca universitaria', cometí el craso error de omitir la palabra 'única' antepuesta a 'función', por lo cual me disculpo. Por lo que tú mismo deduces de mi mensaje anterior no sólo asumo que es un tema que compete a la biblioteca universitaria, sino que me preocupa bastante y estoy tratando de resolver sin pasar a otros la 'patata caliente', por utilizar tu expresión. En el momento de mi incorporación a la dirección de esta biblioteca, éste, como otros temas, no se había planificado, por lo que lo he asumido para ir poco a poco resolviéndolo".

rcb ARROBA eucmax.sim.ucm.es

rcb ARROBA vax.crc.ucm.es

Tesis radical la que sostuvo Guillermo Sánchez Martínez:

  1. Las bibliotecas no son para estudiar apuntes. Si los alumnos desgraciadamente necesitan estudiar apuntes, la universidad debe atender esa demanda. De ahí no se puede deducir que tenga que ser en la biblioteca, precisamente porque
  2. Las bibliotecas no son una caja para que cualquiera utilice en ella sus recursos didácticos.

El argumento es sencillo: nadie utiliza los hospitales y centros de salud por más que sean un recurso sanitario para ir a hacer los 15 minutos diarios de gimnasia de mantenimiento que tan bien le vienen al cuerpo de cada cual. Ni nadie utiliza los pasillos o los despachos del ministerio de Administraciones públicas para preparar unas oposiciones al cuerpo de técnicos de gestión.

Una biblioteca es una solución en términos de coste-eficacia (incluso de eficiencia, incluso de calidad) para poder acceder a información de la que uno no dispone. La contenida en los apuntes es información de la que se dispone. Que los puestos de una biblioteca estén ocupados por quien no va a utilizar los recursos de información de la biblioteca es, haya o no biblioteca, un absurdo. Si hay sitio podrá no ser un problema (y lo es porque se genera precisamente esa idea de que para eso son las bibliotecas, ayudando a esa perversa consecuencia del sistema educativo español de que estudiar y aprender es estudiar apuntes), pero nunca su función: dilapidar recursos (es más cara una biblioteca que un salón) nunca es un política sensata. La única solución (y la más lógica es como en otros países (Suecia, por ejemplo) colocar en parte de los edificios de la universidad -residencias, aularios, facultades- salas de estudio individual y en grupo donde hacer problemas, estudiar apuntes, etc. Y esos países no lo hacen en otros espacios -laboratorios, servicios informáticos, biblioteca-".

bupna ARROBA upna.es

Según expresaba Esteban Peña Eguren:

  1. La universidad es la enseñanza superior de cualquier país.
  2. La universidad de los apuntes es una universidad pobre y que empobrece, que no es de recibo al menos superado el primer ciclo.
  3. La biblioteca es un instrumento al servicio de la formación y de la información, de la docencia y de la investigación. Cuanto más rica sea la información que puede ofrecer y cuanto más eficazmente la ofrezca mejor será la biblioteca.
  4. La 'apunteca' es algo pobre y empobrecedor, que la biblioteca no puede ser, salvo por suplencia, cuando está al servicio de una universidad en que los apuntes son su método pedagógico preferido y que todavía no se ha dado cuenta de que construir una 'apunteca' es mucho más rentable que una biblioteca que se convierta sobre todo en 'apunteca'.

Así pues, la universidad tiene un problema y las bibliotecas universitarias tienen un problema. Ser conscientes de él quizá lleve a que docentes y bibliotecarios (¡y gestores, desde luego!) busquemos soluciones. Defender el status quo es defender la miseria de la universidad y la miseria de la biblioteca".

bibliot.eguren ARROBA upsa.es

Felipe Meneses hacía desde México síntesis y respuesta a los dos mensajes:

"He leído con interés el mensaje de M. Soledad Vicente acerca de las 'aulas estudio/salas de lectura' en las bibliotecas universitarias; y, asimismo, las opiniones que se han dado al respecto.

El problema que se plantea, por lo que he podido observar en casos de diversas bibliotecas universitarias de México, es semejante. Esa 'cruda realidad', como lo denomina M. S. Vicente, es lo que los pensamientos teóricos de la biblioteconomía (en México utilizamos con mayor frecuencia el termino bibliotecología) no han tratado directamente en sus manuales. En este sentido, ese fenómeno se escapa de cualquier marco teórico y, como en muchos otros aspectos de la fenomenología bibliotecaria, es necesario buscar preguntas y respuestas en la práctica, explícita o implícita, para intentar, primero, encontrar las causas concretas y, segundo, para interpretar los efectos reales en el papel que desempeñan este tipo de bibliotecas; y, así, solucionar de la mejor manera el problema aludido (desde luego que hay problema).

Estoy de acuerdo con lo que apunta A. L. Redero: 'la biblioteca no es un ente aislado de la sociedad'; por esto no creo que la 'teoría sistémica... de la planificación' u otra rama de la administración nos permita resolver integralmente el problema, pues éste tiene matices de formación académica de los alumnos, entre otros de carácter sociológico y humanístico.

En efecto, el posible servicio de algunas aulas de estudio dentro de la biblioteca para que los alumnos estudien sus apuntes de clase, e incluso su libro de texto, se puede categorizar como una 'extensión bibliotecaria'. Pero con este servicio, de espacio fundamentalmente, se podrían generar otros problemas a corto o mediano plazo, entre los que cabe hacer notar los siguientes: 1) la escasez de espacio para áreas de acervos y estudio e investigación de los mismos por parte de los usuarios, y 2) se continuaría fomentando el estudio de apuntes, en particular entre los alumnos de los primeros cursos, lo cual, sin duda, limita al alumno universitario en el uso de otras fuentes documentales que alberga la biblioteca y le impide convertirse, así, en estricto significado de la palabra, en un 'usuario real' de la misma.

Las tesis radicales: 1) las bibliotecas no son para estudiar apuntes y 2) Las bibliotecas no son una caja para que cualquiera utilice en ella sus recursos didácticos, expresadas en torno al problema son claras y nos ayudan a tomar una posición y, por supuesto, a evitar equívocos y absurdos en la práctica. Apoyar estas ideas no 'es echar a los alumnos de la biblioteca', como afirma Redero, sino una posible solución en términos de coste-eficacia y coste-beneficio, medidas objetivas de un buen administrador de biblioteca. Desde esta óptica cabe traer a colación las palabras de F. W. Lancaster: 'Los edificios ocupan espacio y el espacio es dinero' (En: Evaluación de la Biblioteca. Madrid: Anabad, 1996. p. 290); no obstante, quizá porque el entorno de Lacaster es diferente, el autor no menciona la problemática que nos ocupa".

felipe ARROBA matem.unam.mx

Antonio Galán comentó que no había creído que este tema fuera a desatar un debate semejante; constató que se había puesto el dedo en la llaga de un problema que en mayor o menor medida afecta a todos los que tienen un cierto nivel de relación y utilización de una biblioteca universitaria: "Sigo desde el principio la discusión que se mantiene en este foro. Contesté directamente al interesado la primera intervención, y no lo hice en la lista ya que no podía imaginar que el tema diera para tanto. Observo que las posturas se radicalizan. Es normal, es un problema que a veces puede convertirse en una dificultad añadida a la ya difícil situación de muchas bibliotecas. No obstante, considero que algunas reflexiones se hacen muy a la ligera.

Hay quien mantiene que no deben utilizarse las bibliotecas como salas de estudio. Pues bien, creo que un estudiante (sobre todo si es universitario) que estudia, necesita con frecuencia tener cerca todo el material de referencia posible, además de materiales especializados. Cuando nosotros planteamos abrir o no fines de semana, abrir salas aisladas sin ningún tipo de obras, y cosas por el estilo, la respuesta inmediata es siempre la misma: los estudiantes quieren estudiar en la biblioteca porque tienen a mano las obras de consulta.

Es cierto que algunos sólo pretenden estudiar sus apuntes, y es cierto también que la proliferación de este fenómeno dice poco en favor de nuestro sistema de enseñanza. Ahora bien, como bibliotecario me siento involucrado en el sistema de enseñanza y quitándonos de en medio a los apunteros, no colaboramos en absoluto a su reforma. La mejora de las bibliotecas y la oferta de mejores servicios consigue que tanto los estudiantes como los docentes comiencen a cambiar sus hábitos al respecto. Si ponemos dificultades les obligamos a retornar a sistemas arcaicos donde, entre otras cosas, el apunte era el único medio por inexistencia de otros.

Aquí en la Universidad de Castilla-La Mancha somos conscientes de ello. Nuestro sistema bibliotecario ha cambiado radicalmente en muy poco tiempo. Tanto el docente como el estudiante han cambiado sus hábitos al mismo tiempo, pero por algún lado tenía que abrirse la grieta que rompiera las viejas estructuras, y ha sido desde la reforma bibliotecaria desde donde se ha comenzado.

Por supuesto que existe además un problema físico: la escasez de espacio. Si nuestras salas se llenan de personas que se limitan a memorizar apuntes, puede que quede poco sitio para los que utilizan los materiales de la biblioteca. Sin embargo el fondo se mueve, y se mueve mucho. Tal vez sea la facilidad del acceso libre lo que hace más amigable el fondo y, por lo tanto, invita a su uso. Quedan aquellos que sólo pretenden encontrar un lugar cómodo y fresco/caliente para estudiar. Para ello hemos comenzado a abrir salas exclusivas, desplazando a estos estudiantes de las salas de consulta y, en una próxima ampliación, los nuevos espacios se van a concebir así.

En definitiva, hemos pretendido convertir la biblioteca en un lugar polivalente que no excluya ninguna posibilidad, haciéndola así más atractiva, pero diferenciando espacios".

agalan ARROBA bibl-cr.uclm.es

Enlace del artículo:
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/1997/octubre/abiblioteca_o_sala_de_estudio.html