El profesional de la información


Octubre 1997

10 consejos a los profesionales que empiezan su vida laboral

Por Lluís Anglada

Lluís AngladaEl censo de profesionales en las bibliotecas universitarias era en 1980 de 95 personas. En 1994 el personal técnico estaba formado por 1.561 personas y en 1995 por 1.629. Estas cifras ejemplifican una incorporación masiva de profesionales al mundo laboral en los últimos 15 años.

La oferta de plazas ofrecidas por la universidad española en el curso 1997-98 es de 1.047 para la titulación de diplomado en biblioteconomía y documentación y de 383 para la de licenciatura en documentación (cabe añadir que cuando se escriben estas líneas algunas escuelas y facultades aún no han hecho pública su oferta de plazas).

Por lo tanto, la pirámide de edad de la profesión en España presenta una base muy ancha que adelgaza de forma brusca hasta convertirse en una fina aguja a medida que la edad aumenta.

Estos datos nos aseguran una media de edad muy baja para el profesional en activo y justifican que un bibliotecario de 40 años como el que firma pueda considerarse como un senior apto para dar consejos a los jóvenes. Este artículo se ha inspirado en el de GraceAnne DeCandido "Ten graces for new librarians", publicado en American libraries 27(96)11, 52-53.

1. Continúa formándote

La formación no termina con la obtención de un título. Hay muchas cosas que no has podido aprender en tus estudios. Éstos, aunque hubieran durado más o hubieran sido mejores, no te habrían podido proporcionar todos los conocimientos que necesitarás. Además, los conocimientos aumentan y cambian.

Siempre hay alguien que ha hecho algo similar a lo que quieres hacer o a lo que estás trabajando, de quien puedes aprender. Ir a clase no es la única forma. Leyendo (y reflexionando sobre) literatura profesional se aprende mucho, a la vez que conversando con otros colegas o con otros profesionales (y reflexionando sobre lo hablado).

2. Participa, coopera

Uno solo no puede hacerlo todo, por bien que haga su trabajo. Los otros son nuestro complemento, nuestro equipo. Hacer cosas conjuntamente, hacerlas con otros, es más divertido. Muchas veces, hacer cosas con gente es la única manera posible de hacerlas. Algunas necesitan del trabajo voluntario.

Las mejoras no se producen solas ni se realizan sólo porque tengamos la solución al problema. Las cosas pasan si nosotros ayudamos a que pasen. Las bibliotecas son (por suerte para los bibliotecarios) un terreno de cooperación. Pero la cooperación no es sólo una actividad entre bibliotecas, sino, sobre todo, una actividad dentro de la biblioteca. Tus compañeros son el primer ámbito de cooperación.

3. Asóciate, explica tus experiencias

Una parte importante de la fuerza de nuestra profesión proviene del trabajo efectuado por las asociaciones profesionales. Éstas han realizado y realizan actividades de concienciación, fomento de la profesión, formación y desarrollo de instrumentos profesionales. Las asociaciones viven de las cuotas de sus miembros, del trabajo voluntario que algunos realizan en su seno y, principalmente, de la fuerza que les da estar formadas por la mayoría de los profesionales. Asóciate y colabora en su desarrollo. Por otra parte, tus experiencias -analizadas,  complementadas con lecturas y sistematizadas- pueden aportar conocimientos al resto y enriquecer la profesión. Existen bastantes revistas y congresos profesionales a los que presentar tus trabajos.

4. Sé curioso, mézclate con los demás

El bibliotecario siempre es un intermediario. Sus resultados mejoran si conoce el mundo que le rodea y los entresijos de su entorno inmediato. A pesar de ello, nuestra profesión tiende a ser aislacionista: no nos mezclamos con los demás, y los demás tienden a vernos como un mundo aparte que no habla su lenguaje.

Es una suerte trabajar para los demás, y la curiosidad por las necesidades y problemas de los otros nos enriquece y nos aporta elementos para realizar nuestra misión de forma más eficaz.

5. Piensa históricamente

Las cosas no han sido siempre igual, no se han hecho siempre de la misma forma, pero cualquier técnica o solución ha tenido un motivo que la originó. Alguien fabricó soluciones ante una coyuntura concreta: las mejores soluciones posibles, las únicas o las que finalmente se impusieron. Algunos de los motivos originales se mantienen, otros no. El cambio es inevitable pero no debe ser gratuito. Debemos prepararnos para gestionar el cambio y, para ello debemos conocer por qué es necesario cambiar, qué debe cambiarse y qué debe permanecer. Comprender el pasado es la mejor palanca para hacer propuestas de futuro.

6. Piensa (auto)críticamente sin ser (auto)destructivo

La visión crítica de la realidad es un buen método intelectual. Pero la visión crítica debe basarse en el conocimiento y en el estudio, no solamente en la intuición y la improvisación. La visión crítica debe ser un instrumento para la construcción, no para la destrucción. El conocimiento de la situación precedente y de la actual y su comparación, el de los problemas y virtudes de los demás y su comparación con los nuestros, el de las causas de éxito y de fracaso, deben formar parte de nuestra visión. La crítica exacerbada y sin contextualización es autodestructiva, nos empobrece y desprestigia a los ojos de los demás.

7. Piensa globalmente

Las bibliotecas y los centros de información son un eslabón de la cadena pero, sin embargo, el mundo se mueve sin tenernos demasiado en cuenta. Tenemos nuestro papel y debemos aprovechar todas las oportunidades y, para ello, debemos contemplar la biblioteca como una pieza de un engranaje complejo. La biblioteca no es el principal recurso, no es el corazón de la universidad ni el centro del municipio, pero es una herramienta útil si se emplea correctamente. Debemos integrarnos en la vida de la institución o comunidad en la que (y, sobre todo, para la que) trabajamos con el fin de que podamos serle útiles. Así mismo, sea cual sea nuestra actividad profesional, nuestro trabajo depende del de los demás e influye en el de éstos. La utilidad de nuestro trabajo se basa en el resultado colectivo de aportaciones individuales.

8. Piensa en el cliente

El cliente (real o potencial, convencido o resignado, presente o futuro) es nuestra razón de ser. Sin él, no existiríamos. Nuestros usuarios son nuestros clientes, son los que financian nuestro servicio pagándolo con su tiempo, esfuerzo o dinero. En general, y con respecto la comunidad servida, nuestros clientes principales son la mayoría y los menos dotados de recursos. La satisfacción profesional no debe buscarse en la solución de los problemas complejos de algunos y sí en facilitar el acceso a la información y el trabajo intelectual de la mayoría. Las percepciones de los clientes sobre los beneficios obtenidos por los servicios proporcionados se transforman en valor asignado al servicio. La valoración que hagan de la biblioteca influye en su uso y en la asignación de recursos.

9. Piensa en lo básico

Las peculiaridades de cada institución, las presiones económicas, las novedades tecnológicas, etc., crean unas dinámicas muy fuertes que pueden desviar nuestra atención de lo esencial y básico a lo circunstancial y periférico. Las modas, las tendencias, las novedades son instrumentos para la mejora de nuestros servicios, pero lo substancial son éstos, no aquellas. Nuestra misión es ser útiles a las personas, ayudarles a obtener y a usar información, facilitarles la transformación de la información en conocimiento, hacerlas autosuficientes en el manejo de información. Las novedades, los cambios y las transformaciones deben subordinarse a la misión de la biblioteca, y la misión debe actuar como filtro para regular su crecimiento.

Con o sin nuevas tecnologías, lo básico continúa siendo democratizar el acceso de los ciudadanos a la información, defender la libertad intelectual y de expresión, la divergencia y la diversidad; apoyar la igualdad de oportunidades; y fomentar la curiosidad, la creatividad y el crecimiento de la persona.

10. Relativiza las situaciones y refuerza tu sentido del humor

El dogma sin matices no es una buena guía para la organización de servicios eficientes y eficaces. Las posturas radicales de "lo tomas o lo dejas", demasiado frecuentes en nuestra profesión, nos aíslan de la realidad, de la institución a la que servimos y de nuestros usuarios. Nos impiden tomar la mejor solución, reconocer nuestros errores y aprender de ellos. Tener una visión flexible y adaptable, relativizar las situaciones, rebajar la trascendencia de las decisiones, es una buena guía para ser feliz, y, la felicidad es una buena base para desarrollar la actividad profesional de forma provechosa. El sentido del humor puede ayudarnos si sabemos reforzarlo convenientemente.

Nota.

Reciente cambio de dirección laboral del autor:

Lluís Anglada. Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Catalunya.

langlada ARROBA ccuc.upc.es

Enlace del artículo:
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