Mayo 1996
Un nuevo profesional de la información
Por Gerardo J. Rodríguez Seoane
Los días 5, 6 y 7 de mayo de 1992 se celebraba en
Valencia la I Conferencia de Bibliotecarios y Documentalistas
Españoles, según lo recogía IWE en su n.
5, junio, del citado año, p. 11. Muchas cosas han cambiado
pero, repasando aquella página, parece que las conclusiones
a las que llegaron parte de los más prestigiosos
profesionales de este país, siguen configurando nuestra
imagen profesional dentro del sector privado.
Eran años donde, tras un intenso debate que todos recordamos, se definían las que hoy son Diplomaturas y Licenciaturas de Biblioteconomía y Documentación, a las que pronto se sumará la albergada por la Universidad de La Coruña que, recogiendo la experiencia de otras facultades del Estado (sus asignaturas nos recuerdan mucho las de la Universidad Carlos III) daba a conocer, hace unos días, el plan de estudios de su futura diplomatura (ver nota en este mismo número).
Este artículo intenta, enlazando ambas noticias, reflexionar sobre el perfil de los nuevos profesionales en la sociedad del conocimiento, o quizá se refiere a las necesidades de esta sociedad desde la óptica de la empresa privada y, más concretamente, desde el sector de consultorías de formación y cambio empresarial en donde me muevo.
Durante estos últimos años la empresa española, influida por la avalancha de información que, desde el desarrollo organizacional americano, llega en forma de artículos, informes y libros a sus directivos, ha constatado que las soluciones para gestionar la información y la documentación en sus empresas, basadas en la tecnología informática, convierten a sus empleados, tan sólo, en usuarios de sistemas.
Las cifras millonarias destinadas a estos desarrollos orientados al ordenador no han resuelto el gran problema de conseguir que su personal utilice esta información y documentación, de la que al final hacen caso omiso, en una ventaja competitiva enfocada al desempeño.
Ya no se trata, solamente, de ser capaces de sacarse de encima los papeles producidos en el desarrollo organizacional diario, algo que en muchos sectores no nos coloca en situaciones de importancia. Se trata de gestionar la información adecuada para responder a los retos de un entorno cada vez mas exigente, complejo y competitivo.
Muchas dudas me asaltan al comprobar, en multitud de ocasiones, el escaso interés por los desafíos empresariales reflejado en muchas de las reuniones, congresos y publicaciones celebrados o producidos por nuestro entorno profesional. Estas dudas se tornan preocupación al ver que, en las presentaciones de proyectos y productos orientados a la gestión del desarrollo organizacional (flujos de trabajo, simuladores de empresa, workflow, técnicas de gestión empresarial, etc.), rara vez nos encontramos representados, y los presentes somos, casi siempre, los mismos.
Algunas ideas generales.
En las últimas décadas hemos asistido, a velocidad de vértigo, al nacimiento, reelaboración y eliminación de múltiples conceptos y técnicas de desarrollo organizacional. Buena parte de las predicciones se han visto arrastradas por la única constante que las genera: el cambio permanente.
Dentro de esta vorágine, la profesión de documentalista ha pasado, cuanto menos, inadvertida. A pesar de estar en la era de la información y la sociedad del conocimiento -Charles D. Bramer y William L. Winslow la definen como "economía del conocimiento"1-, las empresas perciben nuestro perfil profesional como propio de tareas administrativas que añaden poco valor fuera del ámbito del sector público.
Sin embargo, algunos datos hacen prever que esta situación está cambiando. De nosotros depende aprovechar una coyuntura que quizá no se repita en un sector que pocas veces ofrece dos oportunidades.
La posición de privilegio en la que podemos situarnos
parte, entre otras, de estas ideas:
Prueba de ello puede ser el nombre de la jornada del pasado día 8 de mayo de la II Conferencia Internacional ComputerWorld: "La Informática Global. El director de Sistemas de Información en la encrucijada". Por supuesto no se refieren a nosotros.
Por otro lado habría que reflexionar, muy mucho, sobre las necesidades del sector privado, los cambios que se avecinan y nuestra capacidad de respuesta.
Sería muy difícil discutir, a estas alturas, la parcialidad del empleo y la constante subcontratación de personal especializado y no especializado. Las redes de información, internas y externas, el teletrabajo y las aportaciones esporádicas para clientes concretos (on call work) son ya una realidad en muchas de nuestras empresas. Los organigramas tienden a diluirse horizontalmente y las soluciones multidisciplinares, producidas por equipos de gestores generalistas, se imponen por su propio peso.
Este entramado se basa en dar respuesta a un número mayor de proyectos con organizaciones más flexibles y reducidas y sólo tendrá éxito si lo sustentan sistemas con nuevos enfoques.
Podrían valer algunos de estos puntos:
Cabría pensar si el planteamiento que, en conjunto y individualmente, mantenemos en las organizaciones incluye o prevé alguno de los puntos anteriormente citados. Tan sólo tenemos que reflexionar sobre muchas de las aplicaciones a las que estamos acostumbrados, sus desarrollos e interfaces, las bases de datos de información en línea o la imagen y servicio de alguno de nuestros centros insignias.
Y sobre todo la filosofía que sustenta estos enfoques de trabajo.
Alguna muestra de lo que podríamos discutir
ampliamente:
Nada que añadir a los múltiples comentarios de Gestión de Calidad que, afortunadamente, vienen siendo habituales en nuestra profesión.
Por otro lado existen algunos problemas para que esta posición privilegiada dé los frutos deseados. Estos problemas están, en buena medida, en la importancia que en nuestro entorno tiene el sector público y en la indefinición en la que todavía nos encontramos.
Por último poco que añadir al panorama tradicional donde nos movemos. Tomás Baiget en su artículo "¿Futuro incierto para los documentalistas?" (v. IWE-40, diciembre 1995-enero 1996, p. 16-18) hace un repaso que asumo en su generalidad.
Es posible que de estas breves líneas no se deduzca el perfil del nuevo profesional de la información. Sin embargo, y lejos de constituirme como seudo guru al uso o adivino, algunas conclusiones podremos sacar de lo que, posiblemente, no será nuestra profesión en un futuro muy presente.
Viendo la realidad de las nuevas Diplomaturas y Licenciaturas y repasando aquella página sobre la I Conferencia de Bibliotecarios y Documentalistas Españoles publicadas en IWE, es fácil comprobar que muchas cosas se han hecho ya y que muchas más están todavía por hacer y eso está muy bien.
Vale.
Bibliografía
1 Charles D. Bramer y William L. Winslow. "We're still a society of hunters and gatherers". In: Across the Board, v. 33, n. 2, p. 13. Febr. 1996
2 Peter F. Drucker. "Rethinking work". In: Executive Excellence, v. 12, n. 2, p. 5. Febr. 1995.
Peter F. Drucker. "Tomorrows' manager. In: Success, v. 40, n. 8, p. 80. Oct. 1993.
Peter F. Drucker. "Professionals' productivity". In: Across de Board, v. 30, n. 9, p. 50. Nov./Dic. 1993.
3 Alfons Cornella. "Recursos de información en la empresa". McGraw-Hill. 1994.
Gerardo J. Rodríguez Seoanees responsable de Información y Documentación, y de Calidad, en la empresa Técnicas de Formación S.A.
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