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Diciembre 1996

Bibliotecas y edición electrónica

En el marco de Liber'96, se celebró una mesa redonda sobre "Bibliotecas y edición electrónica", organizada por la Subdirección General de Coordinación Bibliotecaria (Sgcb).

En ella participaron Alejandro Carrión (director de la Biblioteca de Castilla y León), Pedro Hípola (profesor de la Facultad de Biblioteconomía y Documentación de la Universidad de Granada), Josep-Maria Boixareu (consejero delegado de la editorial Marcombo) y José Antonio Millán (experto en edición electrónica).

Alejandro Carrión, Pedro Hípola, Magdalena Vinent, Josep Maria Boixareu y José Antonio Millán

Intervino como moderadora Magdalena Vinent, Subdirectora General de Coordinación Bibliotecaria, quien enmarcó el debate con una referencia a la situación actual de la edición electrónica en España: en 1995 se publicaron 525 obras electrónicas (disquete, cd-rom y cd-i), en lo que supuso un aumento del 138% respecto a la producción de 1994, según datos de la "Panorámica de la edición española 1995", publicada por la Subdirección General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Madrid, 1996.

José-Antonio Millán recordó que hace cinco años había que convencer a los editores para que emprendieran proyectos de publicaciones electrónicas, mientras que hoy estos proyectos surgen de forma espontánea, y además tienen ya un número considerable de usuarios.

A continuación se refirió a las publicaciones en línea como un paso adelante en esa trayectoria del mundo de la edición. Señaló que, a pesar de su gran potencial, esas publicaciones provocan aún una gran incertidumbre a los editores, entre otros motivos por la gratuidad de buena parte de la información disponible en las redes.

Frente a esas consideraciones, apuntó la necesidad de un cambio de modelo en la forma de concebir y hacer negocios en el entorno de las redes, así como en la difusión de la información. Puso como ejemplo, a este respecto, la televisión, como sistema de difusión que permite a los usuarios realizar copias de programas en cintas de vídeo, y que cuenta con medios indirectos de financiación (publicidad, etc.)

Josep Maria Boixareu señaló en primer lugar que, además de las publicaciones electrónicas, otros muchos factores afectarán al mundo de la edición, entre ellos el papel del Estado, los fenómenos de transculturación y el papel creativo de los editores. En su opinión los editores deben tener un papel activo en la selección necesaria dentro de la actual sobreabundancia de información, al igual que los bibliotecarios.

Se refirió también al problema de la preservación de los derechos de autor y de reproducción en el nuevo entorno digital y solicitó la colaboración de las bibliotecas en ese terreno. Por otra parte, se mostró convencido de la importancia de los profesionales bibliotecarios al margen de los cambios que con toda seguridad experimentarán las bibliotecas en un futuro próximo, y terminó abogando por la plena incorporación de las publicaciones electrónicas a las bibliotecas.

En su intervención, Pedro Hípola subrayó la intranquilidad que genera la edición electrónica, ante el desconocimiento de lo que puede suceder incluso a corto plazo. Ilustró esa incertidumbre con la descripción de algunos proyectos con éxito y otros fracasados en los últimos años, así como con el afianzamiento de algunos fenómenos que hace poco parecían dudosos.

A continuación realizó un análisis de las tendencias actuales en el campo de las revistas electrónicas, como la "espiral de precios" o el acceso a artículos en lugar de revistas. También se refirió a la importancia de la homogeneización y normalización de los formatos y el software de los documentos electrónicos. En ese campo hizo un recorrido de las posibilidades surgidas en los últimos años, aludiendo a la "opción semántica", los documentos compuestos "estáticos" y "dinámicos", el paradigma hipertexto / hipermedia y la arquitectura cliente / servidor.

Alejandro Carrión aseguró que la "eternidad inmediata" del libro está garantizada por no requerir intermediación tecnológica alguna para su lectura, y apuntó que, frente al libro electrónico, será el libro "tradicional" el único que llegue a determinados sectores de la población durante mucho tiempo. Cifró, en suma, las ventajas del libro en su inmediatez, su versatilidad y su universalidad.

En su opinión una concepción amplia de la biblioteca como centro proveedor de información justifica la incorporación de las publicaciones electrónicas. Es fundamental en ese sentido el servicio de orientación que los bibliotecarios pueden prestar a los usuarios, a los que pueden ayudar a distinguir la calidad de los productos electrónicos. De ahí que la formación de los bibliotecarios en ese terreno resulte ya imprescindible. Sobre todo las bibliotecas públicas deben realizar una función de "alfabetización" por lo que respecta al uso de las tecnologías, además de contribuir a la igualdad de oportunidades, proporcionando servicios de información electrónica vedados de otra forma a algunos sectores sociales.

Opiniones de los asistentes

Abrió el turno de debate, desde el público, Lluís Anglada, director de bibliotecas de la Univ. Politécnica de Catalunya (UPC), quien hizo unas interesantes consideraciones económicas sobre las publicaciones electrónicas. Su intervención, bastante extensa, la dividió en 4 apartados:

1. El consumo de información electrónica supone una importante transferencia de costes del editor y distribuidor hacia el lector y las bibliotecas. En el contexto electrónico para informarse no sólo hace falta comprar el documento, sino también el equipo para leerlo, prever los costes de mantenimiento, plazos de amortización para reemplazar equipos obsoletos, personal de mantenimiento...

Al menos por lo que respecta a las bibliotecas universitarias, en los últimos años se observa un estancamiento o disminución de las partidas destinadas a la compra de documentos (o a su obtención) y, al mismo tiempo, un crecimiento de los presupuestos destinados a equipos informáticos.

2. Los nuevos medios, y más concretamente las publicaciones electrónicas, no están suponiendo por ahora una disminución de los precios de los documentos sino más bien un aumento (si bien es verdad que en las bibliotecas este incremento de precio a veces se compensa con más usos). Esta tendencia se observa claramente con los precios de las revistas de índices y sumarios (abstracts), que son más caras en su versión en cd-rom, y aún más si se compran con licencia multiusuario.

3. Al margen de algunos documentos gratuitos que puedan hallarse en Internet, las publicaciones electrónicas más relevantes son de pago y probablemente continúen siéndolo. Pero el mercado está confundido ante el miedo a perder clientes debido a la facilidad de copiar los productos electrónicos y a la ubicuidad de los documentos depositados en una red. Esta confusión del mercado hace que, aunque existan productos realmente interesantes, no siempre es fácil comprarlos, ya sea por su coste o ya sea por las fórmulas usadas para su venta o tarificación, que aún no están estabilizadas o que no son viables para las bibliotecas.

4. Finalmente, no se debe olvidar que en los fundamentos de la biblioteca moderna -la que nace en los EUA a finales del siglo pasado - hay una voluntad de comprar libros y documentos con dinero público para ofrecerlos a los usuarios y fomentar así el consumo de información. De esta forma no actúa el fenómeno disuasorio del precio. En un futuro más electrónico (que, probablemente, nunca será del todo electrónico) las bibliotecas continuarán teniendo esta función: la de facilitar y fomentar el consumo informacional y cultural.

El advenimiento de las publicaciones electrónicas puede introducir nuevas diferencias sociales basadas ahora en el grado de acceso a la información (o a determinada información). El papel de las bibliotecas ha de ser en el futuro, como ha sido hasta ahora, el de dar a los ciudadanos un acceso igualitario a la información.

Pedro Hípola respondió planteando la duda de que los productos gratuitos dejen de existir en Internet y aludió a la generación de nuevos paradigmas comerciales que ampararán esa gratuidad en muchos casos. Aseguró además, "para tranquilidad de los editores", que lo importante seguirá siendo quién posea la información, independientemente de los soportes en que ésta se almacene.

Tras otras intervenciones, José Antonio Millán tomó la palabra para recalcar la necesidad de los bibliotecarios como asesores a los usuarios en el uso de los recursos disponibles en las redes, y puso un ejemplo muy ilustrativo: de las distintas versiones del "Quijote" que hay ya en Internet, ¿cuál es la buena?, ¿qué diferencias hay entre ellas?

Notas:

-La mayor parte de este texto está reproducido de un artículo publicado por Victoriano Colodrón en Correo Bibliotecario, nº 10, noviembre de 1996, p. 2-3.

-Nuestra Redacción no ha encontrado en Internet ni una sola de las versiones del "Quijote" en castellano a las que se refirió José Antonio Millán. Según parece, completa sólo existe una, y es en inglés, en:

gopher://gopher.vt.edu:10010/02/62/1

En español sólo hemos visto 2 versiones comenzadas, sin terminar:

http://www.mur.hnet.es/uphm/jesuo/quijote.html

y

http://www.el-mundo.es/Quijote/

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phipola ARROBA ugr.es

Magdalena Vinent. MEC. Tel.: +34-1-521 38 33; fax: 531 92 12

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