El profesional de la información


Marzo 1994

Teleinformática y cooperación bibliotecaria

Por Javier Martínez Rodríguez

Es el título de un artículo publicado en la Revista Española de Documentación Científica, (v. 16, n. 4, pp. 341-359), correspondiente al período octubre-diciembre de 1993.

Su autor, Luis Javier Martínez, discute la significación de la teleinformática para las bibliotecas universitarias en dos marcos de referencia:

  • como instrumento esencial de la cooperación y el uso compartido de recursos, y
  • como infraestructura de la actividad de investigación y desarrollo (I+D) promovida públicamente.

Por su interés, IWE hace un resumen de las conclusiones, ideas e interrogantes con las que el autor finaliza el artículo, ya que constituyen un buen compendio de los elementos que definen la situación y las tendencias actuales:

Convergencia información/informática académica.

Luis Javier Martínez Rodríguez, director de la biblioteca de la Univ. de CantabriaSe percibe con claridad cómo, en contextos universitarios, centros de cálculo y bibliotecas vienen a confluir en un mismo y global servicio o sistema. Los centros de cálculo son organismos clave en la gestión de redes científicas, locales, "campus-wide information systems", o prestaciones de informática personal avanzada. La biblioteca puede actuar más como proveedor de la información, y el centro de cálculo más como "information carrier" o infraestructura técnica de la información.

Pero las diferencias no son netas. El centro de cálculo no será ya el guardián del "mainframe", tanto como la biblioteca tampoco podrá actuar como cancerbero de un tesoro bibliográfico. Más bien deberá haber una infraestructura integrada de servicios de computación e información, basada en comunicaciones abiertas, descentralización e interconexión de recursos (redes con arquitectura cliente/servidor), y acceso a redes mundiales de actividad I+D.

Condicionantes económicos y cooperación.

Al margen de coyunturas concretas, los recursos son siempre limitados. Los servicios o actividades cuyo coste no se pueda soportar con una proporcionada eficacia, se abandonarán o habrá que realizarlos de otra forma. La cooperación, el uso compartido de los recursos, la interdependencia, son una exigencia obstinada de la realidad, más allá de que constituyan o no un ideal de la comunidad investigadora o de la comunidad bibliotecaria.

Surgimiento del usuario final.

También está más allá de nuestras preferencias el hecho de que la figura del usuario final emerge como agente activo en la cadena documental. La biblioteca, por mucho que a algunos nos duela, deja de ser la representación física del conocimiento, porque éste mismo se des-espacializa e independiza de los soportes en que aparece. Éstos, y las tecnologías de registro y difusión del saber, devienen algo accidental al conocimiento mismo, que aparece diluido entre redes de banda ancha e hipermedia interactivos. Consumidor y productor de información confluyen y multiplican su poder e influencia mediante la herramienta técnica. La biblioteca aparece como una empresa de servicios a distancia. Su papel, producir/distribuir servicios de información automatizada, puede ser importante si aprovecha las oportunidades. Y consiste mucho en gestionar esos servicios y en realizar actividades de formación y asistencia con los usuarios finales.

Cambio conceptual.

Varían los conceptos de "documento" e "información", surgen nuevos sistemas de lectura/consulta, distintos procedimientos de análisis documental y otras formas de comunicar el conocimiento; la tecnología de la información deja de ser una herramienta para convertirse en "la" herramienta y el propio objeto de trabajo del informador como explica Montserrat Sebastià en la Rev. Esp. Doc. Científ., v. 15, n. 1, pp. 31-43.

La posible mediación del profesional de la documentación frente al usuario final deberá ser cada vez más selectiva y personalizada, o carecerá de sentido y desaparecerá. De forma más intensa el bibliotecario debería actuar de filtro respecto al volumen de datos disponibles, comprometiéndose más en el proceso de creación intelectual que lleva a cabo el especialista. Los ideales de objetividad, neutralidad y exhaustividad en la provisión de servicios documentales, que muestran al bibliotecario como un intermediario transparente, serán menos importantes, sustituidos por una actividad de orientación más activa, más útil y práctica para el usuario, en evitación del ruido y en persecución de la pertinencia, como viene ya sucediendo en las bibliotecas especializadas.

Si el profesional de la información ha estado transformando datos en información, cada vez más tendrá que ayudar a convertir la información en conocimiento en la mente del usuario.

Cambio global.

Si el papel de la biblioteca está en cuestión, puede consolarnos el hecho de que no lo está menos el de los otros agentes del proceso informativo, empezando por los propios autores. Desde luego afecta, como venimos diciendo, a editores, distribuidores, libreros, organismos científicos, etc. Todos deberán "reconvertirse" bajo el nuevo modelo comunicativo. Además, hay problemas serios, como el de la propiedad intelectual, difícil de resolver en un contexto de comunicaciones abiertas y rápida transferencia de información. Pero también otros, clásicos, como los de la autonomía cultural de los países, privacidad del sujeto, desequilibrios en el flujo de información en cada sociedad y a escala internacional. La tecnología de la información ¿contribuye a democratizar las estructuras sociales o refuerza la predominancia de las élites informadas?

Control versus producción de la información.

Posiblemente está decayendo uno de los mitos arraigados en la conciencia colectiva de la profesión, el del "repertorio bibliográfico universal". La visión de que nuevas herramientas más potentes permitirían lo que nunca antes se pudo, no pasa de ser un espejismo. Las mismas tecnologías que facilitan un mejor control bibliográfico del material publicado, hacen que éste crezca a gran escala, que prolifere y sobrecargue los circuitos de circulación de la información, con el consiguiente efecto de inflación informativa.

Es decir, las tecnologías de control corren paralelas a las de producción de la información. Por ello siempre estamos abocados a desarrollar fuentes de control bibliográfico exponencialmente superiores: documentos secundarios, terciarios, etc.: el cd-rom de los cd-roms y la red de redes, por ejemplo. La parte positiva de esto es que siempre habrá trabajo para las personas que se dediquen al control y a la orientación bibliográfica, pues el panorama de los soportes documentales siempre será muy intrincado. Siempre habrá que echar una mano al usuario para orientarle en la selva de la información.

Javier Martínez. Biblioteca, Univ. de Cantabria, Av. de los Castros s/n, 39005 Santander.

Tel.: +34-42-20 11 80; fax: 20 11 83

Enlace del artículo:
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