El profesional de la información


Junio 1994

Bibliotecas: free o fee?

Por Seth Shulman

En IWE-22, p. 8, publicamos una colaboración sobre el hecho de que la Biblioteca de la Univ. de Barcelona cobre por los servicios. Evidentemente no es un fenómeno aislado, sino que está en el contexto de las actuales tendencias privatizadoras y de recortes presupuestarios que tienen lugar en las administraciones para forzar la máxima aproximación posible a la autofinanciación o al abaratamiento de los servicios públicos.

Muchos lo hemos notado tan sólo recientemente, con el deterioro de la situación económica y debido a que esas oleadas llegan con retraso a nuestro país, pero de hecho el proceso privatizador se inició hace años, especialmente con Ronald Reagan en los EUA y Margaret Thatcher en el Reino Unido. El libre acceso a la información se consideraba antes un derecho para los ciudadanos; ahora también, pero, cada vez más, pagando.

A pesar de que el acceso a la información es día a día más fácil gracias a las nuevas tecnologías, las bibliotecas, tanto públicas como universitarias, experimentan un empeoramiento de la situación. El cambio de las colecciones impresas a las electrónicas resulta a veces traumático para las mismas, debido a las draconianas condiciones que imponen los productores de bases de datos, temerosos de que la facilidad de copia de sus productos les haga perder clientes.

Casos en sí mismos poco importantes (económicamente hablando) pero que han sido abundantemente aireados por los productores, como el error de la Library of Congress ofreciendo acceso gratuito desde Internet a los cd-roms que tenía en depósito legal, han dado pie para que las instalaciones en red den pánico a los productores, o al menos éstos lo aparenten para justificar el mantenimiento de los precios altos.

La política de tarifas basadas en el "tanto usas tanto pagas", y todo el complicado tema del copyright, rompen los esquemas que las bibliotecas públicas han mantenido desde su creación a principios del s. XVIII.

Antes se admitía que, una vez compradas, las obras podían prestarse libremente. Ahora los editores electrónicos venden el uso de la información (medido con diferentes tipos de contadores) en vez de la propiedad de las obras en sí, y las bibliotecas se ven obligadas a repercutir los costes a sus lectores. En vez de ser un depósito de información de libre acceso, la biblioteca se convierte en una gateway o intermediaria entre productores-propietarios y usuarios.

Los productores y editores se sienten más a gusto con clientes como las empresas privadas, ya que los tienen más controlados. En las bibliotecas públicas no saben quiénes serán los lectores usuarios.

Control de los clientes

El querer saberlo abre una nueva polémica. Antes los lectores eran anónimos, y salvo en casos muy excepcionales con imperativos legales, nadie pedía a los bibliotecarios revelar las lecturas de sus lectores. Ahora todos los productores de bases de datos quieren conocer la identidad de quien las usa. Es una práctica normal de los hosts distribuidores de bases de datos facilitar a cada productor una lista mensual de los clientes que han conectado ese mes. Pero los bibliotecarios se resisten a violar la privacidad de sus lectores.

Parte de esta nota ha sido extraída de un artículo de Seth Shulman publicado en Technology Review, v. 95, n. 7, octubre 92

Enlace del artículo:
http://www.elprofesionaldelainformacion.com/contenidos/1994/junio/bibliotecas_free_o_fee.html