El profesional de la información


Octubre 1993

La formación en Archivística

Por Ramon Alberch i Fugueras y Miquel Casademont i Donay

En los últimos años estamos asistiendo a una intensa transformación del papel de los archivos, tanto a nivel conceptual y documental como empírico, a la que no son ajenos bibliotecas, museos y centros de documentación, en el contexto de las nuevas políticas de la información y de la denominada "gestión integral" del patrimonio cultural.

Es innegable que la mejora de la racionalidad administrativa y la rentabilidad de las inversiones aconsejan potenciar la cooperación y rechazar la confrontación entre áreas de gestión que comparten algunos de sus objetivos y funciones. Pero también lo es el hecho que cada una de las áreas anteriormente indicadas actúa sobre unos ámbitos bien definidos en ciertos aspectos más imbricados en la gestión administrativa general que no en la de los bienes culturales propiamente dichos mediante unos métodos y técnicas de trabajo singulares, para la obtención de unos determinados resultados que son utilizados por una "clientela" con intereses y para finalidades bastante diferentes. Estos elementos, nada azarosos, explican que cada una de las áreas haya ido conformándose una personalidad propia hasta el extremo que, unas más que otras, gocen de una larga, densa e incluso ancestral tradición en nuestro país, que no puede ni debe ser suplantada por una evolución mal entendida.

En el caso concreto de los profesionales de los archivos, la posición del colectivo ante las necesidades de formación ha sido unánime, y se ha centrado en la obtención y reconocimiento de una formación y unas titulaciones oficiales universitarias en archivística.

Se piden estudios específicos de archivística

Este posicionamiento conllevó a una oposición explícita de la Associació d'Arxivers de Catalunya (AAC), compartida por un alto porcentaje de los profesionales del resto de España, a la propuesta de directrices generales propias de los títulos de Diplomado y Licenciado en Ciencias de la Documentación (1987-88), elaboradas por el Grupo de Trabajo nº 14 de la Ponencia de Reforma de las Enseñanzas Universitarias del Consejo de Universidades.

Los argumentos contrarios a la mezcla indiscriminada de conocimientos de archivística, biblioteconomía y documentación contenidos en el referido informe técnico, se fundaban en la especificidad y personalidad de la archivística, el desconocimiento manifiesto de los integrantes del Grupo de Trabajo nº 14 acerca de las necesidades formativas del sector (ausencia de asignaturas básicas que debían aportar los conocimientos en materias esenciales historia, derecho, organización y gestión administrativa, ciencias y técnicas historiográficas... y confusión en los planteamientos comunes) y finalmente en la contraposición de la propuesta al modelo formativo en archivística imperante en los países europeos y americanos. Esta posición, defendida por la AAC, se argumentó mediante la difusión del documento La posición de la Asociación de Archiveros de Catalunya ante la propuesta de diplomatura y licenciatura en Ciencias de la Documentación (junio de 1989).

Posteriormente, desde la Associació se intensificó el contacto con la Secretaría Gral. del Consejo de Univs. y con la presidencia de la Subcomisión de Evaluación de Humanidades del Consejo de Univs. (marzo-mayo de 1991) para expresar la preocupación del mundo de los archivos por el perjuicio que ocasionaría la aplicación de programas supuestamente integradores ante la riqueza diferenciadora de las profesiones de archivero, bibliotecario y documentalista. Con todo, se tuvo especial interés en reconocer la necesidad de una formación y una titulación específica universitaria para bibliotecarios y documentalistas, de manera que la oposición del colectivo de archiveros a la propuesta no iba en ningún caso en contra de las legítimas reivindicaciones de estos dos sectores profesionales que a diferencia de los archiveros han visto consolidarse y diversificarse sus enseñanzas oficiales.

Manifiesto y recogida de firmas

Finalmente, en junio de 1991 la AAC propuso a la comunidad archivística de todo el Estado la redacción de un manifiesto denunciando la falta de una formación específica de nivel universitario para el sector y rechazando la inclusión de la formación en archivística en el conglomerado de las propuestas en Ciencias de la Documentación.

El manifiesto, titulado Para unos estudios universitarios de archivística en el Estado Español, solicitaba asimismo una formación especializada en archivística que, teniendo en cuenta el contexto universitario y las posibilidades existentes en aquel momento, aún hoy persistentes, se concretaría en el reconocimiento oficial de los programas de master en archivística, como un primer paso para solucionar, a medio plazo, de manera más rigurosa, el vacío existente.

Durante el verano y el otoño de 1991 se inició una campaña de recogida de firmas en apoyo del manifiesto para elevarlas al Consejo de Univs. A finales de año se habían recogido más de mil firmas de los profesionales de los archivos más prestigiosos del Estado, profesores de Universidades, técnicos de la Administración y de asociaciones e instituciones de archivos del Estado y de las comunidades autónomas, además de cargos públicos con responsabilidad en los ámbitos organizativos y culturales.

Simultáneamente, la DG de Bellas Artes y Archivos del Mº de Cultura, a través de la Dirección de Archivos Estatales, se sumaba a las reivindicaciones del colectivo profesional y, mediante la elevación al Consejo de Univs. del documento La enseñanza de la archivística en los planes oficiales de estudios universitarios españoles: recomendaciones. Una propuesta del Ministerio de Cultura, exponía públicamente sus puntos de vista en relación a las necesidades formativas de los archiveros técnicos y científicos, que en lo esencial eran plenamente coincidentes con la orientación y contenidos solicitados por la AAC en su primer posicionamiento antes referido.

Como culminación de la campaña, el 4 de junio de 1992 se celebró en Barcelona una Jornada de estudio y debate sobre los estudios de archivística en la Europa Comunitaria, con la participación de especialistas de archivística, directores y profesores de escuelas e instituciones académicas de Francia, Italia, Holanda, Reino Unido y Alemania, cuyas ponencias y debates han sido publicados en la revista Lligall (nº 5, 1992, p. 171-257).

Conclusión

Todas estas iniciativas del colectivo de archiveros cabe situarlas en un doble contexto: de una parte el rechazo a la inclusión de la formación en archivística en la Licenciatura en Ciencias de la Documentación (hoy, definitivamente, Licenciatura en Documentación), y de otra el posicionamiento público en favor de la oficialización de los cursos de especialización de posgrado, en tanto que primera solución a la ausencia de una formación y titulación acorde con las necesidades formativas sin resolver.

En el primer caso, la aparición de las órdenes que crean la Diplomatura en Biblioteconomía y Documentación y la Licenciatura en Documentación es un hecho positivo mientras los planes de estudio que aprueben las distintas universidades se limiten a contenidos propios del mundo de la biblioteconomía y la documentación. Por otra, el impulso a los cursos de posgrado en las univers. Autónoma de Barcelona (tres promociones), Girona, Complutense y País Vasco, con proyectos en marcha en Lleida y Valencia, hace pensar en la extensión de esta modalidad por todo el Estado, mientras el Consejo de Univs. no dé luz verde a la aprobación de unas directrices conducentes a la obtención del título de Licenciado en Archivística, mediante unos estudios terminales de segundo ciclo.

AAC. Tel.: +34-3-278 02 94; fax: 278 01 74

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