El profesional de la información


Junio 1993

Henrikas Yushkiavitshus, Unesco

Por Tomàs Baiget

Henrikas YushkiavitshusHenrikas Yushkiavitshus (de nacionalidad lituana) es director general adjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), responsable de la subdirección Comunicación, Información e Informática, que fue creada en 1990.

IWE le ha entrevistado.

¿Cómo ves este sector de la información?

-Bueno, es un mercado en explosión más que en expansión, fuera de algunos pequeños baches producidos en ocasión de situaciones internacionales conflictivas o de la misma presente recesión económica. Tal como ya conté en mi ponencia en la pasada conferencia de la FID en octubre pasado en Madrid, el Banco Mundial calculó en 1992 que "el mercado global de tecnologías, servicios y productos de información es de más de 240 trillones de PTA" y que "todos los sectores de la economía se han convertido en usuarios intensivos de información, lo cual ha dado por resultado una reingeniería (v. IWE-14, p. 15) de las funciones de las empresas y de la administración pública. La información ha sustituido a otras partidas (p. ej. trabajo, energía, gastos de inventario)". La informática, como la primera tecnología para tratar la información, "contribuye al 5-6% del PNB, y en 1995 será el mayor sector industrial". Además, se estima que en muchos países de la Ocde, más del 50% de los trabajadores se dedica recoger, tratar o distribuir información (todo tipo de datos e información en su sentido amplio).

¿Cuáles son a tu juicio los elementos clave a tener en cuenta para el desarrollo de la industria y el mercado de la información y la documentación?

-Los servicios de información electrónica son actualmente la fuerza motora del desarrollo de este sector. Ocupan un lugar principal no solamente como nuevos soportes, sino también como herramientas para mejorar la publicación en los soportes papel tradicionales.

Las bases de datos online ascii aún representan la parte importante del mercado, pero probablemente esto será por poco tiempo, pues en los últimos años se ha producido un rápido crecimiento de los soportes ópticos, el audiotex y el videotex en los países industrializados. Esto no significa una disminución del online sino un gran aumento de las otras tecnologías.

Cuando empezaron las bases de datos online, a principios de los 70s, los editores fueron muy cautelosos para invertir en este sector, por lo que la primera generación de estos servicios fue desarrollada por entidades al margen de las editoriales, más bien por centros de cálculo, instituciones y organismos públicos, generalmente de investigación, como por ej. la European Space Agency (ESA).

Ahora esto está cambiando. Los editores tradicionales están ya entrando de lleno en la publicación de discos ópticos y de aplicaciones multimedia, particularmente en el campo de la educación y el ocio. Habiendo informatizado ya muchos de ellos sus obras para el proceso de producción en el soporte papel, ahora, con poco coste adicional, pueden ofrecer los mismos textos en soporte cd-rom para atraer nuevos clientes. Las inéditas prestaciones que ofrece un libro convertido en base de datos son extraordinarias sobre todo para diccionarios, enciclopedias y materiales educativos y de referencia en general.

Los sistemas stand-alone (independientes) son ideales para los países menos desarrollados, donde el acceso online sale muy caro y difícil por la falta de infraestructuras de telecomunicaciones.

En suma, la publicación en soporte óptico es un elemento clave en el futuro desarrollo de la industria de la información.

Las comunicaciones no se quedan atrás

Por otro lado, los sistemas de telecomunicaciones y sus correspondientes normas, la gradual implementación de las redes digitales (rdsi), el videotex, el audiotex y el fax están sentando el camino para las aplicaciones de masas. Ahora ya dan acceso a muchos tipos distintos de información de interés para usuarios muy variados: servicios financieros, empresas, institutos de investigación, organismos gubernamentales, sin olvidar a consumidores finales.

El videotex, iniciado a finales de los 70s, es ya bastante conocido y se ha tratado frecuentemente en las páginas de IWE (v. IWE-14, p. 9).

El audiotex interactivo, que requiere teléfonos digitales (de frecuencias o tonos), data solamente de mediados de los 80s.

Es una lástima que se incluyan en la denominación audiotex servicios que no tienen nada que ver con textos hablados, como Party Line (v. IWE-2, p. 5) y otros del teléfono 903.

Ya se trate de los servicios audiotex más sencillos, como las simples cintas grabadas, o de sofisticadas interacciones de voz con bases de datos, se prevé que el audiotex tiene bastante futuro.

El fax, con su sencillez de uso, se ha extendido masivamente. Cuando ya todas las empresas disponen de una máquina fax, ahora su presencia se está multiplicando en cada uno de los departamentos de las mismas y también está penetrando en las casas particulares. Esto representa un enorme potencial de suministro de servicios por parte de la industria de la información.

Finalmente, la digitalización de las emisiones de radio y televisión traerá consigo nuevas posibilidades de radiodifusión de datos que aún no han sido suficientemente evaluadas.

La acción de la Unesco es importante especialmente en los países subdesarrollados. ¿Cómo valoras el desfase informativo entre ricos y pobres?

-Los gobernantes de los países en desarrollo están cada vez más enfrentados al desequilibrio que tienen con los países industrializados en relación al uso de la información. Tomando solamente, por ejemplo, la información científica y técnica, según las estadísticas elaboradas en 1990 por el Laboratoire d'évaluation et de prospective internationale (Lepi), del Centre national de la recherche scientifique (Cnrs) de Francia, el 82% de los artículos publicados en las principales revistas científicas de cobertura internacional (los llamados "mainstream" o "core journals") provienen de los países de la Ocde. El resto se reparte así: 7% de los países del Este europeo, 5,5% de Asia (excluyendo Japón), 4% de América Latina y el restante 1,5% de Africa.

Viendo los sofisticados y ricos sistemas de información existentes en el Norte, la cuestión para los países del Sur es cómo pueden montar en su área unos sistemas equivalentes, adaptados a sus necesidades y preocupaciones.

¿Ofrece la Unesco alguna ayuda a esos países del Tercer Mundo para mejorar su situación?

-Aparte de acciones concretas, como por ej. formación, suministro de equipos y suscripciones Adonis (v. IWE-1, p. 6), etc., Unesco ha ofrecido criterios y pautas para que esos países formulen sus políticas nacionales de información, lo cual conlleva varias cuestiones:

  1. ¿En qué grado deben estar esas políticas incluidas en la estrategia general nacional para el desarrollo económico y humano?
  2. ¿Qué ingredientes deben tener esas políticas para que contribuyan eficientemente a la economía del país? Este es un problema muy complejo.
  3. 3. ¿Cuál debe ser el papel de los profesionales de la información en el desarrollo de las políticas?

Hay dos escuelas de pensamiento en relación a la formulación de políticas nacionales de información:

  • los que creen necesario un grado de reglamentación para asegurar un funcionamiento armonioso de los sistemas y servicios de información, y, al contrario,
  • los que consideran que esa reglamentación pone restricciones innecesarias y hace más lento el desarrollo de esos sistemas.

A veces, estas actitudes contrarias se deben a cómo se interpreta el concepto de "política nacional de información". Puede que algunos la confundan con centralismo, control del movimiento de la información, etc.

¿Algún comentario para terminar?

-Antes he citado las tendencias principales del mercado y de la industria de la información, que implican en la mayoría de casos la colaboración entre proveedores de información, distribuidores, editores, redes, etc. Su expansión a través de las fronteras nacionales, como se da por ejemplo en la Europa comunitaria, aún hace más acuciante el tema de las barreras legales, la convergencia de las infraestructuras telemáticas y la armonización del uso de las colecciones de datos primarios que compilan y mantienen los gobiernos de cada país. Aún hay demasiada disparidad y barreras en Europa (y como puede imaginar hay muchas más entre otros países del globo). Está claro que las limitaciones en los flujos de información son también limitaciones de la libertad intelectual.

Por último, quisiera expresar lo que creo debiera ser una regla de oro para la información:

"La información debe ser suministrada en la forma más rápida, barata y con la mayor calidad posible, asegurando que sólo se da la información que resultará útil (no agobiando a los usuarios con información irrelevante)".

Henrikas Yushkiavitshus. Unesco. 1, rue Miollis. 75015 Paris.

Tel.: +33-1-45 68 43 20; fax: 45 66 47 51

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