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Septiembre 1992

La CE contra los monopolios telefónicos

Con la publicación del Libro Verde de las Telecomunicaciones en 1987 y una directiva de 1988 para que se abriera el mercado, la CE se propuso acabar con los monopolios nacionales de telecomunicaciones, que impiden el desarrollo de un mercado transparente y dinámico, y ponen trabas a la unión europea.

La Comisión de la CE cree que los monopolios ya no pueden justificarse más y está preparando una nueva directiva, cuyo borrador se espera conocer a finales de este Verano. Se ha sabido que el texto en el que se indica el alcance de las medidas liberalizadoras ha tenido grandes controversias y discusiones internas entre los propios funcionarios de la CE, alguno de los cuales ha apoyado a los cinco países monopolísticos: España, Francia, Grecia, Italia y Portugal.

Según la revista Communications Week, la CE encargó a las dos consultoras Analysys Ltd. y Arthur D. Little Inc. sendos estudios de la situación de las telecomunicaciones en Europa, en los que se coincidía en afirmar que si se liberalizara, el mercado de las telecomunicaciones crecería en 20 años el doble de lo que crecería con la situación actual, llegando a 0,36 billones (1012) de ECU en vez de sólo 0,19.

En general, los monopolios pretenden dar servicios más equitativos puesto que tienden a igualar las tarifas, independizándolas de los costes reales en cada caso. Se tarifica por criterios políticos y no por las leyes del mercado. Así en España, Telefónica tiene los precios más altos de Europa para llamadas internacionales, con cuyos beneficios subvenciona las llamadas locales y nacionales. Este desequilibrio español va en contra de la política de construcción europea y exaspera a muchos funcionarios de la CE.

Un monopolio telefónico hizo posible en Francia el fenómeno videotex cuando hace unos años France Telecom regaló terminales Minitel a todos los abonados telefónicos con los beneficios obtenidos de los otros servicios.

Sin embargo usualmente los monopolios enrarecen el mercado, y se prestan a que los servicios sean caros y malos puesto que no están estimulados por la competencia.

Se ha dicho ya repetidamente, y también lo ha dicho IWE en otras ocasiones, que España tiene uno de los servicios internacionales de transmisión de datos peores y más caros. España es también el país donde más hay que esperar para tener instalada una línea telefónica (una media de varios meses). En España no se da ningún soporte a los usuarios de transmisión de datos para facilitar su acceso a los hosts distribuidores de bases de datos. El sector español de las bases de datos online aún se está resintiendo del freno que supuso la obligatoriedad de comprar modems a Telyco-Telefónica que eran más de cuatro veces más caros que en cualquier tienda de informática. Los fantasmas de la complicación técnica y administrativa, de las averías y fallos, y de los costes telefónicos hicieron y hacen desistir a muchos usuarios potenciales del acceso online, los cuales se decantan por los cd-roms.

Como comentaba recientemente Barry Mahon, director ejecutivo de Eusidic (Inf.World Review, Jul-Ag. 92), la situación política de las telecomunicaciones en Europa es aún un conjunto de parches y remiendos, derivados de la resistencia de las PTTs (compañías telefónicas) a dejar cada una de sus parcelas de monopolio en el camino hacia la inevitable liberalización de los servicios. Después de romperse el monopolio Bell en los EUA a principios de los 80's, fue el Reino Unido el primer país europeo en abrir el mercado a la competencia, seguido de Alemania.

Un episodio chocante de las luchas de las PTTs para asegurarse el terreno ha sido la reciente concesión de la CE a Infonet (Doce del 11 de Enero de 1992) para que pueda ofrecer servicios de telecomunicaciones libremente en Europa haciendo la competencia a los propios accionistas mayoritarios de Infonet que, aparte de la compañía norteamericana MCI, son cinco PTTs europeas(!), entre ellas España.

Esperemos que en la nueva directiva de la CE, que podría tener el texto definitivamente aprobado a finales de este año 1992, se imponga la línea más liberalizadora. Esperemos también que se base en el Artículo 90 del Tratado de Roma, que permite a la Comisión aprobar leyes sin pasar por el Consejo de Ministros ni por el Parlamento europeos. La opción está clara si se quiere que Europa sea competitiva, tratándose de un sector tan vital para el resto de las actividades.

Enlace del artículo:
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